Los vecinos del exclusivo reparto habanero de Siboney están angustiados.
Me refiero en especial al pequeño grupo que se da cita a diario en el estanquillo de la prensa para comprar el periódico. Son en su mayoría ex funcionarios del gobierno y altos jefes militares en retiro, hombres de confianza, que comienzan el día matando el ocio en la cola del periódico.
Desde hace algunas semanas uno de los personajes de la cola del periódico está ausente de su cita diaria. No es un personaje cualquiera. Se trata del mismísimo Fidel Castro. El ex Comandante en Jefe, ex Presidente de los Consejos de Estado y Ministros, ex de todo cargo importante y ahora reducido sólo al compañero Fidel, aunque eso sí, siempre será el Máximo Líder de la Revolución. Aunque esté jubilado.
Imagino la escena anterior aunque no me consta. Tengo, sin embargo, elementos y evidencias para imaginar esa caminata diaria hasta el estanquillo de prensa (¿Cuál estanquillo?), compartir con los vecinos y regresar a casa por las sombreadas aceras del vecindario.
Una imagen citadina muy común, pero para el caso poco probable, aunque eso fue lo que hace algunos meses le contó al mundo el politólogo y sociólogo argentino, Atilio Boron, cuando narró la experiencia de su encuentro con Castro, al que dijo encontró con pantalón corto, por lo que “se le veían piernas muy robustas”.
¿Piernas robustas? ¡Que raro!, digo yo -ya se, siempre tan suspicaz-, porque de las poquísimas fotos que se han publicado de Castro en traje de baño, hay una en especial junto al escritor Gabriel García Márquez, en la cual el Comandante en Jefe, exhibe sendas canillas. En fin cuestión de apreciación en materia de masa corporal.
“Boron cuenta que Fidel se mueve por sí mismo y que hace algunas semanas hasta salió a caminar por las inmediaciones. Fue solo y sin escolta a comprar un periódico. Se puso en la cola como cualquier cubano”, así lo narró el diario argentino Clarín, el pasado once de marzo.
¿Cierto o no que es una imagen citadina, tranquila y placentera? Que bueno.
Toda esta remembranza sobre la narración de Atilio tiene que ver con el descanso mediático que se ha tomado en estos días el compañero Fidel. Es de suponer que ese descanso incluye su ausencia en la cola diaria del periódico.
Puede que el resto del mundo casi lo ignore pero confieso que yo lo extraño. Es algo personal. Yo diría que es la costumbre que impone medio siglo de vivir pendiente de algo que afecta tu vida o la de tu prójimo. Es algo así como tener una verruga o un lunar en la piel, que aparece y desaparece de cuando en cuando, pero nunca te abandona del todo. Y un día, cuando demora más de lo acostumbrado en reaparecer, te deja pensativo.
Yo, que tengo quizás el mal gusto de leer las reflexiones del compañero Fidel, largas, tediosas, pero a veces interesantes, noto su ausencia. La última la publicó el 28 de junio. Hace ya 15 días. No es un récord, pero está muy por debajo de su promedio de producción semanal.
El compañero Fidel escribió entonces sobre la crisis política en Honduras. El golpe de Estado que sacó del poder al presidente José Manuel Zelaya Rosales, acusado de violar la Constitución en un intento de enrumbar a Honduras por los caminos de la reelección presidencial indefinida que alienta el ALBA y el socialismo del siglo XXI que auspicia el presidente de Venezuela, Hugo Chávez.
Refiriéndose a la participación de la OEA en la crisis hondureña, el compañero Fidel apuntaba que “la prehistórica institución interamericana se había reunido al otro día en Washington, y en una apagada y tibia resolución prometió realizar las gestiones pertinentes de inmediato para buscar una armonía entre las partes en pugna. Es decir, una negociación entre los golpistas y el Presidente Constitucional de Honduras”. Y añadía más adelante:
“Con ese alto mando golpista no se puede negociar, hay que exigirle la renuncia y que otros oficiales más jóvenes y no comprometidos con la oligarquía ocupen el mando militar, o no habrá jamás un gobierno “del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” en Honduras”.
Los acontecimientos en Honduras han seguido su agitado curso. Todavía no hay una solución a la vista. Se intenta buscar una salida negociada a la crisis. El compañero Fidel no ha escrito nada más al respecto, así es que desconocemos hasta hoy sus criterios sobre el desarrollo de esa crisis política que involucra a toda la región.
Tres días antes de su última reflexión, cuando la crisis en Honduras comenzaba a estallar, el compañero Fidel escribió:
“Hago un alto en el trabajo que estaba elaborando desde hace dos semanas sobre un episodio histórico, para solidarizarme con el presidente constitucional de Honduras, José Manuel Zelaya”.
Nada, tendremos que esperar por ese trabajo sobre el enigmático episodio histórico que tanto tiempo está ocupando en el quehacer diario del compañero Fidel.
Hay mucho calor en La Habana y el verano siempre reclama un mayor esfuerzo cuando de trabajo se trata. No queda otro remedio que esperar.