Sin duda alguna quien conoce a Ignacio T. Granados Herrera descubre a un ser singular. Su vida toca extremos. De ser hijo de conocidos escritores cubanos, hasta desempeñarse como sepulturero. De autor de plaquettes de poesía, Como león enjaulado y Sagrario, hasta ayudante de albañilería. Desde un tardío bautizo en la Iglesia Católica contando 30 años de edad, hasta novicio en el convento Santo Domingo de Río Lajas, en Puerto Rico y posteriormente, al abandonar la vida religiosa, pasa a trabaja en restaurantes, hasta que se desempeña como traductor y editor. Sin duda alguna, contrastes que al menos resultan sorprendentes. Algunos de sus textos aparecen firmados como fra. Erasmo de la Cruz; “asumido en homenaje a Erasmo de Rotterdam, el beato Angélico y San Juan de la Cruz”, explica.
Parte de su trabajo ha sido como crítico de libros y director de Ediciones Itinerantes Paradiso (EdItPar), publicando parte de su obra y de otros autores. Su más reciente entrega es Diván de Lezama Lima. Este libro abre nuestra conversación.
1.—Acabas de publicar un libro sobre Lezama Lima, lo que constituye, tal vez, el primer evento en Miami, por el centenario del maestro. ¿Qué ofreces en ese volumen?
—En efecto, Diván de Lezama Lima es con lo que Ediciones Iduna quiso comenzar una serie de actividades para celebrar el centenario del nacimiento de Lezama. Es un acercamiento a las preocupaciones estéticas de Lezama, y pretende solucionar algunas de ellas; entre otras, lo teleológico, el eros de la lejanía y su uso del imaginario homosexual.
2.—Además de escritor y periodista eres editor, fundador de Ediciones Itinerantes Paradiso (otra vez, aunque indirectamente Lezama). Háblanos de esa labor tuya como editor.
—EdItPar surgió como una necesidad muy personal, tratando de conciliar mi perspectiva de vida conventual con mi propia naturaleza de escritor; eso, en ese momento, llegó a ser una contradicción personal muy fuerte. Después de eso, recuperé la idea cuando dejé mi trabajo como editor con La Torre de Papel; y su objetivo es incidir con una estética en el fenómeno comercial del libro, que pienso que en Miami está muy deprimido, pero justo por sus prácticas. Por eso preferimos trabajar con títulos clásicos y raros antes que con autores locales, que producen cierto tipo de problemas para el desarrollo de un mercado; no hay que olvidar que en su mayoría están viciados por la política cultural cubana de los últimos cincuenta
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