Ignacio T. Granados Herrera
Publicado el 09-26-2009
5 preguntas a
Ignacio T. Granados
Por Luis de la Paz Diario Las Américas
Sin duda alguna quien conoce a Ignacio T. Granados Herrera descubre a un ser singular. Su vida toca extremos. De ser hijo de conocidos escritores cubanos, hasta desempeñarse como sepulturero. De autor de plaquettes de poesía, Como león enjaulado y Sagrario, hasta ayudante de albañilería. Desde un tardío bautizo en la Iglesia Católica contando 30 años de edad, hasta novicio en el convento Santo Domingo de Río Lajas, en Puerto Rico y posteriormente, al abandonar la vida religiosa, pasa a trabaja en restaurantes, hasta que se desempeña como traductor y editor. Sin duda alguna, contrastes que al menos resultan sorprendentes. Algunos de sus textos aparecen firmados como fra. Erasmo de la Cruz; “asumido en homenaje a Erasmo de Rotterdam, el beato Angélico y San Juan de la Cruz”, explica.
Parte de su trabajo ha sido como crítico de libros y director de Ediciones Itinerantes Paradiso (EdItPar), publicando parte de su obra y de otros autores. Su más reciente entrega es Diván de Lezama Lima. Este libro abre nuestra conversación.
1.—Acabas de publicar un libro sobre Lezama Lima, lo que constituye, tal vez, el primer evento en Miami, por el centenario del maestro. ¿Qué ofreces en ese volumen?
—En efecto, Diván de Lezama Lima es con lo que Ediciones Iduna quiso comenzar una serie de actividades para celebrar el centenario del nacimiento de Lezama. Es un acercamiento a las preocupaciones estéticas de Lezama, y pretende solucionar algunas de ellas; entre otras, lo teleológico, el eros de la lejanía y su uso del imaginario homosexual.
2.—Además de escritor y periodista eres editor, fundador de Ediciones Itinerantes Paradiso (otra vez, aunque indirectamente Lezama). Háblanos de esa labor tuya como editor.
—EdItPar surgió como una necesidad muy personal, tratando de conciliar mi perspectiva de vida conventual con mi propia naturaleza de escritor; eso, en ese momento, llegó a ser una contradicción personal muy fuerte. Después de eso, recuperé la idea cuando dejé mi trabajo como editor con La Torre de Papel; y su objetivo es incidir con una estética en el fenómeno comercial del libro, que pienso que en Miami está muy deprimido, pero justo por sus prácticas. Por eso preferimos trabajar con títulos clásicos y raros antes que con autores locales, que producen cierto tipo de problemas para el desarrollo de un mercado; no hay que olvidar que en su mayoría están viciados por la política cultural cubana de los últimos cincuenta años, que es artificial y conflictiva. Uno de nuestros propósitos es recuperar la vigencia estética del ensayo literario, pero en esa escuela informal de Alfonso Reyes, Borges y el mismo Lezama; no en la rigidez formal del academicismo, que es lo que lo conduce a la decadencia.
3.—Eres hijo de Manuel Granados y de Georgina Herrera, dos intelectuales cubanos. ¿Qué responsabilidad se tiene como hijo, cuando también se es escritor?
— Primero, mis padres son escritores, artistas, no propiamente intelectuales; creo que hay un tratamiento muy ambiguo del término intelectual, que ha contribuido mucho a descaracterizarlos, como si se tratara de un valor político. Como hijo, siempre ha habido una especie de lucha, más encarnizada con uno y más amable con el otro; pero sí una lucha para poder distanciarme de ellos, no tanto de la importancia que pudieran tener sino de sus referencias estéticas. Eso parece un contrasentido, pero justo por ser mis padres han buscado siempre iluminarme en el sentido que ellos entendieron; me tocó a mí establecer las distancias y dejar claro que lo que yo quería era otra cosa. Responsabilidad no siento ninguna, no es mi culpa, yo no lo pedí ni lo decidí así.
4.—Has sido editor del blog Negros. ¿Por qué cerraste esa bitácora?, y ¿qué valoraciones tiene sobre los blogs en general?
—Afortunadamente el blog Negros sobrevivió a una crisis personal, y sigue abierto; la experiencia es tan fuerte que de sólo pensar en cerrarlo supero cualquier crisis. De los blogs no tengo una idea muy clara, hay mucha esperanza en ellos pero en realidad nadie sabe mucho sobre eso; lo que sí han logrado es romper el monopolio profesional de la prensa sobre la opinión pública y el imperio de los medios, y eso es muy interesante.
5.—Uno de tus proyectos más abarcadores ha sido crear un índice de intelectuales cubanos negros. ¿Qué te propones con ese catálogo?
—El catálogo surge como una especie de protesta, cuando un editor me cuestionó la existencia de una tradición intelectual entre los negros cubanos; no se trata de una tesis ni una posición política, sino sólo de un registro, una especie de archivo para referencias. En principio traté de que tuviera un carácter más activo, como un catálogo en que buscar colaboradores para proyectos vigentes; pero las mismas divisiones entre los negros no permitieron eso, así que queda al menos como un índice de referencias. Pero no pienso que sea un proyecto muy abarcador, apenas algo al margen, y más que en eso tengo fe en EdItPar.
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