Una simpatizante del depuesto presidente hondureño, Manuel Zelaya, es desalojada de la entrada del hotel en Tegucigalpa, Honduras, en donde se llevan a cabo las negociaciones entre el Gobierno de facto y los delegados de la derrocada administración, bajo el auspicio de la Organización de Estados Americanos. (Foto EFE)
Hoy, el gobierno democrático de Honduras, con el respaldo de la gran mayoría de su pueblo, está manteniéndose firme en defensa de la libertad. Desafortunadamente, Estados Unidos, bajo el mandato del Presidente Obama, está utilizando su poder para debilitar la libertad.
El 28 de junio, el ex Presidente hondureño Manuel Zelaya fue arrestado y deportado por tratar de cambiar la constitución de Honduras ilegalmente para retener el poder. El artículo 239 de la constitución de Honduras estipula que los presidentes sólo pueden ocupar el cargo durante un mandato y que cualquiera que intente cambiar esta cláusula será destituido inmediatamente. La destitución de Zelaya fue ordenada bajo la autoridad legítima de la Corte Suprema de Honduras y con apoyo de la gran mayoría del Congreso Nacional (elegidos democráticamente), incluyendo miembros de su propio partido. Una sucesión constitucional se llevo a cabo con Roberto Micheletti, presidente del Congreso, como Presidente interino hasta las próximas elecciones en noviembre.
La respuesta del gobierno del Presidente Obama y la comunidad internacional es perturbadora. Este cambio constitucional de poder ha sido condenado como un “golpe de estado” por el Departamento de Estado de Estados Unidos. Es más, la secretaria Clinton ha declarado que Estados Unidos no aceptará los resultados de las próximas elecciones en Honduras a no ser que se permita que Zelaya regrese al poder. Esto va en contra de nuestros valores y nuestros intereses en la región. Zelaya no puede volver a postularse y fue su intento de cambiar ilegalmente la constitución de Honduras lo que llevó a que fuera derrocado.
Esencialmente, la posición de Estados Unidos requiere que el gobierno hondureño viole su propia constitución. Cuando los miembros del gobierno de Honduras fueron invitados a Estados Unidos a explicar su posición ante el Congreso de este país, el Departamento de Estado de Estados Unidos les revocó sus visas y no les permitió el ingreso. El Departamento de Estado también ha interrumpido la ayuda a Honduras (excluyendo ayuda humanitaria), uno de los países más pobres en América Latina.
Hay personas en el hemisferio oeste que tratan de debilitar la autoridad constitucional para expandir su poder. Pero en Honduras, el pueblo no lo está permitiendo. Lo que es alarmante es que el Presidente Obama y la secretaria Clinton hayan optado por tomar el lado de personas como Hugo Chávez, a pesar de que todas las instituciones importantes de Honduras, incluyendo el Congreso Nacional, la Iglesia Católica y las organizaciones de derechos humanos en el país, han respaldado al gobierno interino.
El ex presidente Zelaya recientemente ingresó clandestinamente a Honduras, así creando perturbaciones. Mientras tanto, las Naciones Unidas ha suspendido su crucial apoyo de las elecciones presidenciales en Honduras, diciendo que las condiciones no son favorables para elecciones justas, a pesar de que el proceso electoral se inició mucho antes de la crisis actual.
Estados Unidos debe apoyar activamente elecciones libres y transparentes en vez de amenazar con desacreditarlas. El pueblo hondureño se merece nuestro respaldo. No sólo están defendiendo la libertad, el estado de ley y las instituciones democráticas, pero también lo están haciendo solos. Los estadounidenses están del lado de la libertad, y su gobierno debería de hacer lo mismo.
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El Congresista Mike Pence, el tercer republicano de más alto rango en la Cámara de Representantes