Irán conmemora mañana, miércoles, el trigésimo aniversario del asalto a la embajada de Estados Unidos en Teherán, una jornada que durante tres décadas ha servido para reafirmar los principios del régimen pero que este año llega turbada por la crisis política que sufre el país.
Una vez más, la oposición reformista ha instado a la población a aprovechar la efeméride para protestar contra los resultados de la elecciones presidenciales del pasado 12 de junio, que considera fraudulentos.
El boca a boca, pero también internet, han contribuido a difundir un llamamiento a participar en una manifestación paralela a la que el régimen escenificará frente a la antigua sede de la embajada norteamericana, en el centro de Teherán.
El principal líder reformista, Mir Husein Musaví, ha subrayado, incluso, que la rememoración el 13 de Aban -fecha del calendario persa- debe servir para recordar “que el poder pertenece al pueblo”. Alertados, tanto la Policía Nacional como la Guardia Revolucionaria han advertido, por su parte, de que actuarán con contundencia contra aquellos grupos que traten de organizar lo que denominan “marchas ilegales”.
“El pueblo iraní no permitirá que ningún grupo trate de imponerse y utilice consignas falsas y desviadas para deteriorarlo”, señaló la Guardia Revolucionaria en un comunicado divulgado a través de la prensa oficial.
El temor es que el denominado “Día de vilipendio a Estados Unidos” se transforme en una nueva jornada de movilización contra el reelegido presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad, como ya ocurrió el pasado 18 de septiembre durante el “Día de Jerusalén”.
El 4 de noviembre es una fecha clave para el régimen iraní, que ha crecido y se ha alimentado en los últimos treinta años con la retórica antiestadounidense.
Aquella turbulenta jornada de 1979, decenas de estudiantes revolucionarios islámicos asaltaron la sede de la legación estadounidense en Teherán donde retuvieron a 52 personas durante 444 días.
Desde entonces, el grito de “muerte a Estados Unidos” resuena en mezquitas, manifestaciones y actos públicos, e incluso está grabado en un enorme mural pintado sobre la fachada de uno de los edificios altos del centro de Teherán.
Washington es, además, el “Gran Satán” en la retórica de muchos de los responsables iraníes.
Pero los acontecimientos de junio de este año, y en especial la cruenta represión de las manifestaciones, han abierto también una brecha en este pilar del régimen.
Algunos de los líderes estudiantiles de aquel asalto, miembros de la corriente del fundador de la República Islámica, ayatolá Rujolá Jomeini, como la entonces portavoz de los estudiantes, Masumed Erekat, forman parte ahora de la oposición reformista, que se intenta acallar.
Otros, como el líder estudiantil Masud Mirdamani, están en prisión, acusados de participar en una conspiración supuestamente urdida en el exterior para tratar de derrocar al régimen.
El trigésimo aniversario de la toma de la embajada, conocida entre los revolucionarios como “el nido de espías”, llega también impregnado por el debate sobre si se deben retomar las negociaciones con el enemigo.
Estados Unidos e Irán rompieron sus lazos diplomáticos en abril de 1980, apenas seis meses después de un asalto que contribuyó a que el entonces presidente norteamericano, Jimmy Carter, no lograra la reelección.
Desde entonces, algunos de sus sucesores, como Bill Clinton (1992-2000), han tratado de recuperar sin éxito la relación con Irán, un país estratégico en Oriente Medio y Asia Central.
Nada más llegar, el pasado enero, a la Casa Blanca, el nuevo presidente norteamericano, Barack Obama, tomó el testigo y anunció su disponibilidad a emprender un nuevo capítulo con Irán si el régimen de los ayatolá acepta abrir el puño.
Como primer paso, responsables de ambos países han vuelto a compartir mesa de diálogo multilateral e incluso se ha producido un encuentro directo entre altos funcionarios de ambos países, en Ginebra.
Pero todo depende aún del líder supremo de la Revolución, ayatolá Ali Jameneí.
El pasado octubre, el vicepresidente del Parlamento iraní, Mohmad Reza Bahonar, aseguró que la máxima autoridad de Irán se opone a abrir conversaciones directas con Estados Unidos.
Hoy, el propio líder aseguró que el régimen no se dejarán engañar por Washington y que no se involucrará en negociación alguna que lidere Estados Unidos y en la que este país trate de imponer su voluntad.