de la mujer y una medida que redujo muertes maternas.
“Una de cada dos de esas muertes era por aborto en condiciones de clandestinidad inseguras antes de que se legalizara”, apuntó Sosa, presidente de la Sociedad Cubana de Desarrollo de la Familia.
Pero el aborto, advierte, lleva riesgos por lo que se impulsa un plan para sustituir la vía quirúrgica por la medicamentosa -un 40% se hacen con Misoprostol y se espera llegar a 80% en cinco años-, y bajar el número de interrupciones.
En países como Perú el debate lo atiza la duda de si la píldora es abortiva, pero Sosa insiste en que es anticonceptivo y asegura que en la provincia de Holguín, la primera donde se distribuyó, el aborto bajó en un 22%.
“Usarla evita abortos. Se nos acusa de ser un país ‘abortero’, pero estamos trabajando para disminuir el aborto, sin hipocresías, sin esconder el problema. En los 90 teníamos 120.000 al año y bajamos en esta década a 85.000”, comentó.
Sin ventilarse en público, es tema de confrontación entre el gobierno y la Iglesia, que denuncia el aborto como un grave problema social en la isla comunista, de población mayoritariamente no católicos y ateos.
“Esa píldora es abortiva. La Iglesia recomienda no usarla, en defensa de la vida. Pero aquí se hacen cosas con que uno no está de acuerdo”, lamenta monseñor Dionisio García, presidente de la Conferencia Episcopal.
La Iglesia cree que la píldora estimula el sexo irresponsable; pero las autoridades de Salud insisten en que incluso, al bajar los abortos y los riesgos de sus secuelas, aumentará la fertalidad en un país envejecido como Cuba.