La Habana.
Al llegar a la isla nos da la impresión de que Cuba se detuvo en el tiempo en el año que triunfó la revolución de los hermanos Castro, 1959. Ver esos carros americanos de los años 50 todavía rodando por las calles de La Habana es como retroceder 5 lustros en el almanaque. Observar como esos edificios viejos se derrumban es como si se nos desgarraran nuestros propios corazones.
A estas alturas todavía estos dictadores tienen la desfachatez de hablar de las conquistas de la revolución cuando tienen jóvenes halando carretones como si fueran caballos para pasear a los turistas, profesionales trabajando en el comercio y la gastronomía para poder recibir propinas, ya que con un salario promedio de 17 dólares al mes se les hace imposible mantener a sus familias.
Como si fuera poco, muchas chicas jóvenes y esculturales deciden convertirse en jineteras para poder sobrevivir, no importa si tienen un título universitario.
Una de las cosas que prometió Fidel cuando llegó al poder por la fuerza fue que acabaría con la prostitución. Terminó haciendo todo lo contrario.
Cuando nos despedimos de nuestros familiares y amigos, y dejamos detrás todas estas calamidades, nos queda un dolor muy grande por dentro, ya que ellos tienen que seguir allí lidiando con todas estas dificultades. Ojalá los pudiéramos montar con nosotros en “La máquina del tiempo” para que pudieran comprobar por ellos mismos lo vilmente que han sido engañados y manipulados por este par de usurpadores.
Juan C. León
Miami, Fl.
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