Hace unos años y si no era usada con sarcasmo la frase, “vive de las rentas”, despertaba admiración y quizás hasta envidia. Porque vivir cómodamente sin el agobio de un empleo diario pero con entradas aseguradas siempre ha sido el sueño de muchos.
Sin embargo, hoy por hoy, el sueño se ha convertido en pesadilla. Vivir de las rentas equivale a hacer piruetas sobre una cuerda floja tratando de sobrevivir un mercado que está al revés. Las rentas han caído a niveles de hace cinco años, el número de locales vacantes sigue en aumento o se mantiene igual lo que no solo disminuye aún más el precio de estas sino que también desvaloriza la propiedad. El gobierno por su parte insiste en un alza en los impuestos; y las compañias de seguro, cuyas primas ya andan por la estratósfera, esperan como buitres el próximo vientecito platanero para acabar de chuparnos la sangre. ¡Como para cortarse las venas!
Mucho se habló en estos últimos meses en defensa de los propietarios de casas cuando les presentaron un posible aumento de los impuestos sobre la propiedad en Noviembre, algo inconcebible si se tiene en cuenta que el valor de las propiedades ha disminuído en la gran mayoría de los casos. Sin embargo, nada se mencionó sobre las consecuencias para los dueños de almacenes, centros comerciales, complejos de oficinas y casas de apartamentos entre otros, que enfrentaban el mismo aumento con una gran disminución de sus entradas.
En un mercado equibilibrado como teniamos hasta hace unos dos años atrás, los gastos eran un componente de la renta que se cobraba la que incluía también el margen de ganancia. A un aumento de impuestos o seguro, el propietario simplemente le cobraba la demasía al inquilino basado en los pies cuadrados de su local y en el costo establecido el año en que comenzó a rentar. De esta forma, el margen de ganancia se mantenia al mismo nivel y el exceso en el gasto era repartido equitativamente entre todos, incluído el propietario, pues este nunca recuperaba el 100% del aumento debido a la pérdida normal de alguno que otro inquilino.
Pero en esta epidemia de quiebras, bancarrotas, crédito restringido, foreclosures y crisis financiera mundial que ha dado lugar a gigantescos rescates monetarios del gobierno a grandes empresas como General Motors, Lehman Brothers, Chrysler y otras, las reglas de antaño ya no aplican. Muchos negocios se han visto obligados, debido a la restricción del crédito y a la falta de demanda, a cerrar sus puertas. Otros han reducido sus operaciones mudándose a locales más pequeños para reducir la renta y algunos han negociado una reducción de esta, lo cual el propietario ha otorgado, para no tener un espacio vacio.
Esta situación ha hecho que el nivel de locales vacantes suba de 4% que era considerado lo normal a 22% o más y que las rentas de almacenes se hayan visto reducidas en exceso de $3.00 por pie cuadrado. En este clima, es imposible pasar ningún aumento de gastos al inquilino. Más aún, el propietario que ya está sangrando debido al gran número de locales vacios y ha reducido la renta con la esperanza de poder alquilarlos tiene que enfrentar otro problema, lo que yo llamo la rebelión del “inquilinato”, palabra que no existe en el idioma de Cervantes pero que yo he creado para describir a los inquilinos que envalentonados por los rescates del gobierno a las grandes corporaciones y escudándose con la tambaleante economía se agrupan y firman cartas pidiendo al propietario una reducción en la renta que pagan, un “rescate” para seguir operando y rentando. El propietario tiene dos opciones: se atrinchera, resiste, y corre el riesgo de tener una propiedad fantasma o se rinde, claudica, y comienza a cubrir los gastos con sus ahorros porque a diferencia de las grandes corporaciones, de los Freddie Mac y los Fannie Mae, no tiene a quien recurrir. El crédito en estos momentos es cero, nothing, ¡nada!
Y como si todo esto fuera poco, el gobierno, vestido en harapos, con el brazo extendido y la palma de la mano abierta, también se ha sumado al coro de los pedigüeños. ¡Asi mismo! El rescatador “par excellence” también quiere su “rescate” y se atrevió, en medio de este cuadro desolador, a proponer ¡un aumento en los impuestos sobre la propiedad! Por otro lado, las compañias de seguro no duermen contemplando el horizonte en espera de un nubarrón para subir las primas. Ya Citizens lo anunció y otras seguirán—eso contando que no hemos tenido un ciclón en cinco años. Y Dios nos libre que venga uno, ya que las altas primas conllevan altos deducibles de 5% o más, lo que quiere decir que muchos de nosotros tendremos que financiar las pérdidas a menos que la propiedad quede totalmente destruida.
En una recesión como tenemos ahora, la gente responde a una disminución de entradas recortando sus gastos. Sin embargo, los dueños de propiedades comerciales estan imposibilitados de hacer lo mismo porque están a la merced de las caprichosas decisiones del gobierno y las compañias de seguro. Paradójicamente para ellos mientras las rentas bajan los impuestos y el seguro suben.
Vivir de las rentas hoy por hoy es una auténtica pesadilla