Publicado el 11-04-2009
La Abstención Electoral
Contra la Democracia
En múltiples ocasiones, DIARIO LAS AMERICAS ha criticado, razonadamente, el hecho de que en muchas elecciones democráticas, de distintos niveles, incluyendo la presidencial, hay una abstención de votantes que resulta ser dañina para la democracia. Muy importante es que los que resulten elegidos en cualquier elección democrática, desde el nivel más bajo hasta el más alto, sean el producto de una razonable voluntad popular expresada en comicios democráticos que incluyen, por supuesto, un proceso electoral que permite conocer los aspectos fundamentales de los candidatos y sus programas.
En los comicios nacionales y locales de este martes 3 de noviembre, la votación fue sumamente deficiente, no por la forma en que se produjo sino por la escasez de votantes. Es decir, no se aprovecha adecuadamente la libertad democrática que prevalece dentro de la cual el voto debe ser sensatamente emitido y honradamente escrutado. Cuando se dice sensatamente se incluye, desde luego, el concepto de libertad. Es decir, un voto emitido libremente.
Aquí, en la zona metropolitana de Miami, por ejemplo, con elecciones de Alcaldes y comisionados o concejales, la votación fue sumamente baja y, aunque no le resta validez democrática a la elección, demuestra una apatía en materia de sensibilidad política o, mejor dicho, de sentido de responsabilidad ciudadana. Naturalmente, los candidatos a Alcalde de las grandes ciudades de la zona: Tomás Regalado por Miami, Julio Robaina por Hialeah y Matti Herrer Bower por Miami Beach tuvieron, dentro de las circunstancias, una votación alta que los obliga a desempeñar sus cargos con la mayor eficiencia y lealtad posibles. Lealtad con respecto a no defraudar los ideales y programas que determinaron sus victorias.
Las elecciones municipales deben considerarse siempre como el punto de partida para la vida democrática de una comunidad. Estas elecciones municipales son tan importantes, dentro de la relatividad de sus circunstancias, como las elecciones generales. Es decir, para la jurisdicción que les corresponde, la votación debe constituir una prueba de lo que la mayoría de los votantes quiere. Y lo lógico es que esa mayoría responda a la misión democrática del sufragio y a los intereses más altos de la comunidad correspondiente. Quedarse en las casas sin acudir a las urnas, salvo que haya una auténtica razón que lo impida, no es un delito legal, pero sí es un delito moral y político en función del deber ciudadano.
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