mí y para mi familia y me aconsejó que me quedara en Cuba, pues en Miami sería un exilado mas pero en Cuba si era necesario. El estuvo en La Habana bastante tiempo aun después de la intervención.
Recuerdo el día en que llegó el interventor que se llamaba Ricardo Leante Magaloni. Alberto tenía su escritorio totalmente limpio así como sus archivos personales ya los había sacado de la oficina. Sobre el mismo, había desplegado un ‘Diario de La Marina’ con un letrero enorme que decía: ‘Están locos los que piensan que lo vamos a intervenir todo’… y en letras pequeñas decía: ‘señores, no tenemos aun personal calificado suficiente para sustituir a todo el mundo…
“Cuando salía de su oficina con un cartapacio (vacío) y un marco con una foto de familia, un miliciano (que había sido garrotero toda su vida), llamado Raúl del Riego Ramos, lo detuvo y le pidió que le entregara lo que llevaba en la mano, a lo que Alberto se negó de plano y le dijo: ‘A ti no te entrego nada porque no me da la gana’ y dirigiéndose al interventor trató de mostrarle lo que tenía en la mano y este último le dijo: ‘De ninguna manera doctor, puede irse’...
Otras muchas anécdotas podría contarle, pero haría estas líneas interminables. ¡Que tiempos aquellos!. Yo que nunca he sido valiente vivía temblando pues continuamente me avisaban que querían detenerme aunque solo fuera para asustarme. Paradójicamente quien siempre me defendía y evitaba que me detuvieran era un comunista que siempre lo había sido, el resto de los milicianos que tuvimos eran la verdadera escoria de la Empresa. Habían ocho garroteros: el Curro, el Pomo de Leche, Pata de catre, etc. todos se metieron a milicianos después que en uno de sus interminables discursos el máximo líder dijo: ‘No digan lo que han hecho por la Revolución…lo importante es que se pregunten: que están haciendo ahora’…y en ese ‘Jordan’ se metió toda la escoria de vagos y sinvergüenzas que teníamos… Créame que daban asco. ¡Cuantos buches de bilis hombres como usted tuvieron que tragar! ¡Cuantas traiciones de aquellos que usted suponía que eran sus amigos! ¡A cuanta gente usted ayudó y que luego le mordieron la mano…¡La envidia!. ¿Por que el ser humano tiene que ser así?
“Por eso yo lo admiro a usted como a nuestro común amigo Alberto. Eran (como el título de la novela) ‘Todo un Hombre’. De su libro la página 192 que comienza: ‘Ya es tarde’ y termina: ‘El exilio está también empapado de politiquería y demagogia, aunque existen las excepciones, por supuesto’ (Yo diría que muy pocas). En esta página, resume un verdadero retrato de la situación que precedió a la hecatombe, pero eso merece otro comentario.
“Nuevamente un abrazo y que Dios Nuestro Señor lo conserve por mucho tiempo para poder abrazarlo en su despacho de nuestro ‘Diario de La Marina’…en La Habana.”
José A. Franchi de Alfaro.
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Estimado Franchi de Alfaro: Gracias por su mensaje tan sincero y tan amable. Ese pasadizo que usted menciona en su carta tiene su historia. Se vivió mucho por él. Nosotros también lo recorrimos cuando tuvimos que abandonar salvajemente a nuestra patria. Merece que escribamos otro libro con el título de “El Pasadizo” (J.I.R.)
*** (“Biografía de un Crimen”) Por José Ignacio Rivero. Envíe cheque o money order a nombre de Relámpagos Editorial, Inc. al 7741 SW 93th Avenue. Miami FL.33173 por la cantidad de 29.95 incluido flete y manejo. Gracias. (joseignaciorivero@gmail.com)