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Publicado el 11-04-2009

El Pasadizo

Por José Ignacio Rivero

“Estimado José Ignacio:

“He terminado de leer su reciente libro ‘Biografía de un Crimen’. Estupendo. En él nos refresca la memoria de aquellos días aciagos que nos toco vivir a todos. Nuestro común amigo el Dr. Alberto Alejo Munguia (q.e.p.d) era del grupo que jamás claudicó ni tampoco fue de los engañados, desde el principio cuando el cobarde ataque al Moncada ya él calificaba al movimiento 26 de Julio de comunista. Muchos de sus allegados y amigos cercanos le decían que estaba equivocado totalmente pero nunca se confió de ellos y jamás les dio el más mínimo apoyo ni antes ni después. Fue un visionario como lo fue usted en su tiempo. Alberto ayudó a mucha gente, ya la Revolución estaba en plena efervescencia y él previsoramente había construido un pasadizo entre su casa y la de Chicho Sierra su suegro, propietario de la cervecería ‘Polar’, alegando que de esa manera ambas casas estaban comunicadas entre si en caso de lluvia, ciclones o huracanes como el que se avecinaba. …

Muy pocas personas conocían de ese pasadizo entre ambas casas pero resultó de gran utilidad y le salvó la vida a mucha gente (Me imagino que a usted entre ellos). Alberto nunca me lo dijo era extremendamente hermético. Alberto siempre me decía que los cubanos todo lo cuentan, por eso siempre tuvo una actitud reservada durante toda su vida. Recuerdo perfectamente cuando Chicho Sierra y su familia vinieron para Miami, Alberto le alquiló la casa a la Embajada del Perú por una cifra simbólica pues lo que buscaba era protegerla y tratar de conservar en lo posible sus pertenencias.

“Estando la Embajada del Perú en la casa que era de Chicho, ya Alberto estaba poniéndose en contacto con los mexicanos pues también me vaticinó que probablemente todos los países de América iban a romper relaciones con Cuba pero que México jamás.

Nuevamente tenía razón. ¡Cuanta gente pudo sacar así de Cuba!... El que le había hecho la exigencia de $10,000 para la Revolución --que Alberto se negó de plano-- resentido como estaba, fue uno de los que pedían la intervención de la Empresa por todos los medios casi desde el principio en que llegaron los “peludos”.

“Yo era contador auxiliar, pero ya estaba designado para Superintendente General de la Fábrica tan pronto se calmaran las cosas … Alberto me regaló los pasajes para mí y para mi familia y me aconsejó que me quedara en Cuba, pues en Miami sería un exilado mas pero en Cuba si era necesario. El estuvo en La Habana bastante tiempo aun después de la intervención.

Recuerdo el día en que llegó el interventor que se llamaba Ricardo Leante Magaloni. Alberto tenía su escritorio totalmente limpio así como sus archivos personales ya los había sacado de la oficina. Sobre el mismo, había desplegado un ‘Diario de La Marina’ con un letrero enorme que decía: ‘Están locos los que piensan que lo vamos a intervenir todo’… y en letras pequeñas decía: ‘señores, no tenemos aun personal calificado suficiente para sustituir a todo el mundo…

“Cuando salía de su oficina con un cartapacio (vacío) y un marco con una foto de familia, un miliciano (que había sido garrotero toda su vida), llamado Raúl del Riego Ramos, lo detuvo y le pidió que le entregara lo que llevaba en la mano, a lo que Alberto se negó de plano y le dijo: ‘A ti no te entrego nada porque no me da la gana’ y dirigiéndose al interventor trató de mostrarle lo que tenía en la mano y este último le dijo: ‘De ninguna manera doctor, puede irse’...

Otras muchas anécdotas podría contarle, pero haría estas líneas interminables. ¡Que tiempos aquellos!. Yo que nunca he sido valiente vivía temblando pues continuamente me avisaban que querían detenerme aunque solo fuera para asustarme. Paradójicamente quien siempre me defendía y evitaba que me detuvieran era un comunista que siempre lo había sido, el resto de los milicianos que tuvimos eran la verdadera escoria de la Empresa. Habían ocho garroteros: el Curro, el Pomo de Leche, Pata de catre, etc. todos se metieron a milicianos después que en uno de sus interminables discursos el máximo líder dijo: ‘No digan lo que han hecho por la Revolución…lo importante es que se pregunten: que están haciendo ahora’…y en ese ‘Jordan’ se metió toda la escoria de vagos y sinvergüenzas que teníamos… Créame que daban asco. ¡Cuantos buches de bilis hombres como usted tuvieron que tragar! ¡Cuantas traiciones de aquellos que usted suponía que eran sus amigos! ¡A cuanta gente usted ayudó y que luego le mordieron la mano…¡La envidia!. ¿Por que el ser humano tiene que ser así?

“Por eso yo lo admiro a usted como a nuestro común amigo Alberto. Eran (como el título de la novela) ‘Todo un Hombre’. De su libro la página 192 que comienza: ‘Ya es tarde’ y termina: ‘El exilio está también empapado de politiquería y demagogia, aunque existen las excepciones, por supuesto’ (Yo diría que muy pocas). En esta página, resume un verdadero retrato de la situación que precedió a la hecatombe, pero eso merece otro comentario.

“Nuevamente un abrazo y que Dios Nuestro Señor lo conserve por mucho tiempo para poder abrazarlo en su despacho de nuestro ‘Diario de La Marina’…en La Habana.”

José A. Franchi de Alfaro.

* * *

Estimado Franchi de Alfaro: Gracias por su mensaje tan sincero y tan amable. Ese pasadizo que usted menciona en su carta tiene su historia. Se vivió mucho por él. Nosotros también lo recorrimos cuando tuvimos que abandonar salvajemente a nuestra patria. Merece que escribamos otro libro con el título de “El Pasadizo” (J.I.R.)

*** (“Biografía de un Crimen”) Por José Ignacio Rivero. Envíe cheque o money order a nombre de Relámpagos Editorial, Inc. al 7741 SW 93th Avenue. Miami FL.33173 por la cantidad de 29.95 incluido flete y manejo. Gracias. (joseignaciorivero@gmail.com)

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