El asesinato de otro periodista en México el pasado lunes, al parecer a manos del crimen organizado, puso de nuevo al descubierto la indefensión que viven los comunicadores mexicanos ante la acción indiscriminada del narcotráfico, en un país considerado el más peligroso de América para ejercer esa profesión.
El cadáver del reportero Bladimir Antuna García, de 39 años, fue hallado el lunes, horas después de ser secuestrado por desconocidos en plena calle de la ciudad de Durango, en el noroeste de México.
Pero México no es el único país donde los periodistas temen por su vida y la pierden en números alarmantes.
El periodismo continúa siendo una profesión mortalmente peligrosa de ejercer. Hasta lo que va del año 34 periodistas han sido asesinados en el mundo debido a su labor, según el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ). Cinco de ellos en América Latina, ejecutados por el crimen organizado porque reportaban sobre estas actividades.
Hay todavía nueve casos que no han sido confirmados legalmente como asesinatos.
Carlos Lauría, coordinador del programa para las Américas de la CPJ comentó a Diario Las Américas, que aunque los gobiernos latinoamericanos no son los autores de estos atentados, era necesario destacar que muchos habían sido abatidos tras investigar la complicidad entre el crimen organizado y funcionarios de gobierno.
Lauría subrayó de ejemplos a México y Colombia como los dos países donde esto ocurre con mayor frecuencia debido a los problemas del narcotráfico. Dos casos de este año han sido del periodistas mexicanos, Eliseo Barrón Hernández y del colombiano José Everardo Aguilar.
Hernández trabajaba como reportero para el diario La Opinión de la ciudad de Torreón. Según informes de la CPJ en uno de los últimos reportajes de Hernández para el diario La Opinión trataba sobre un escándalo de corrupción policial que resultó en el despido de más de 300 policías. Al día siguiente después de su reportaje Hernández fue asesinado por 11 balazos. El caso de Aguilar, que trabajaba como periodista radial en Patia, provincia de Cauca, su reportaje crítico sobre la corrupción y conexiones entre miembros del gobierno local con grupos paramilitares de derecha, fue la causa de su asesinato según fuentes judiciales.
El asesinato del periodista venezolano Orel Sambrano el 13 de enero pasado en la ciudad de Valencia fue un caso parecido al de Eliseo Hernández. Sambrano había escrito varios artículos sobre el narcotráfico donde involucraba no solamente complicidad con la policía sino además a Walid Makled, el hermano del candidato a la alcaldía de Valencia. Era todo un entramado político, policial y de narcotráfico. Luego de su asesinato se detuvo al sargento de policía Rafael Segundo Pérez como autor del crimen y se solicitó el arresto de Walid Makled como autor intelectual. Hasta ahora solo Pérez ha sido arrestado.
La relación explosiva entre policías y pandillas violentas como las de El Salvador dio como resultado el asesinato del periodista franco-español Christian Gregorio Poveda Ruiz que fue asesinado el pasado 2 de septiembre debido a su documental “La vida loca” donde documentó la vida de los pandilleros Mara 18 y los problemas judiciales de El Salvador.
Investigadores judiciales han arrestado hasta ahora a cuatro miembros de Mara 18 y a un policía.
Roberto Rock, vicepresidente de la Comisión contra la impunidad de la Sociedad Interamericana de Prensa, comentó que en América Latina estaba volviendo a renacer la vieja amenaza contra los periodistas pero de diferente manera. Señaló que es misión de todo Estado cuidar la vida y el patrimonio de sus ciudadanos así como evitar que el gobierno encubra acciones contra periodistas. Agregó que en México, país que obtuvo la calificación más baja de los países latinoamericanos en la última clasificación de libertad de prensa realizada por la organización Reporteros sin Fronteras, la corrupción de la policía y de gobiernos locales y estatales era un problema grave para salvaguardar la libertad de prensa.
Los nueve casos de periodistas asesinados no confirmados según la CPJ, lo siguen siendo, por el hecho de que todavía las investigaciones judiciales no han determinado la causa de estos asesinatos. Pero advierte que todavía cabe la posibilidad de que sean clasificados como confirmados. El país con mayor número periodistas asesinados no confirmados en America Latina es México con cuatro casos, seguido por Honduras y Guatemala con dos y finalmente Colombia con un caso.
El último asesinato de los no-confirmados ha sido el caso de Norberto Miranda Madrid que fue asesinado el 23 de septiembre en el Estado de Chihuahua, México. Se sospecha que su asesinato fue por su último artículo sobre 25 asesinatos ocurridos en Chihuaha.
Su artículo, que fue publicado el día antes de su asesinato, --y que todavía puede leerse por Internet-- sorprende, pues se trata de una recolección de lo ocurrido de carácter informativo sin confrontación. Algo que demuestra que el simple hecho de reportar puede costarle la vida a un periodista.
Entre los varios comentarios que hizo Rock mencionó que el periodismo de México practicaba la autocensura, algo que calificó como una de las “tragedias mayores, ya que suprimir trabajos informativos arruina el derecho de acceder a la información en un sistema democrático.” También expresó que los narcotraficantes de drogas estaban ya involucrados en la piratería de películas y de autopartes robadas, cosa que demuestra aún mas como el narcotráfico ha penetrado las venas del negocio ilícito en México.
Lauría y Rock concluyeron que la manera mas adecuada de atacar este problema era que el sistema judicial castigue ejemplarmente a estas bandas de criminales. Lauría por su parte declaró: “al no procesar a los responsables el problema se perpetúa y deja a la prensa vulnerable a los ataques.”