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Destacaron que los militares en esta zona de la base no llevan armas, pero que los oficiales están autorizados a poseer sus propias armas.
La base militar no se ha cerrado y tratan de recuperar, en lo posible, la normalidad.
El general Cone rechazó excluir la hipótesis de un acto terrorista, “pero los elementos con los que contamos no se orientan en esa dirección”, precisó.
Pese a que el Ejército no ha querido pronunciarse sobre el móvil del tiroteo, un primo del tirador aseguró a la televisión que el oficial se sentía acosado debido a su origen musulmán.
“Era víctima de acoso por parte de sus compañeros” en el Ejército, declaró Nader Hasan, quien agregó que su primo nació en Estados Unidos de padres palestinos.
Según su versión, el hombre había contratado a un abogado para retirarse del Ejército “pero había llegado al límite de sus posibilidades”, declaró Nader Hasan, quien añadió que el oficial se había enterado recién de que iba a “ser desplegado en el terreno” en Irak.
Al advertir que el tirador tiene un nombre de connotación musulmana, una de las principales asociaciones musulmanas estadounidenses, Cair, condenó el tiroteo. “Ninguna ideología política o religiosa pueden justificar o excusar tal violencia gratuita y ciega”, indicó en un comunicado.
El departamento de Seguridad Interior, a cargo de la lucha contra el terrorismo, indicó que aún era demasiado pronto para determinar el móvil del tiroteo y que todo está en investigación.
Durante una intervención en directo desde la Casa Blanca, el presidente Barack Obama calificó el hecho como un “horrible acto de violencia”.
“Ver caer a esos bravos estadounidense en el campo de batalla en el extranjero ya es bastante difícil. Verlos tomados por blancos en una base militar y en suelo estadounidense es aterrador”, dijo Obama.
El secretario de Defensa, Robert Gates, dijo por su parte estar “profundamente afligido” por el sangriento tiroteo.
Esta matanza -en la que murieron más soldados estadounidenses que los caídos en octubre en Irak- no dejará de golpear a unas fuerzas armadas presionadas por los duros combates y las prolongadas misiones de doce meses consecutivos en Irak y Afganistán, con descansos de apenas 15 días.
Entre los soldados involucrados en incidentes en Irak o Afganistán, el promedio de quienes sufren el síndrome pos traumático pasó del 38 al 52% desde agosto de 2008.