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Centro histórico de Santiago.


Publicado el 11-07-2009

Realidad y futuro de la cultura cubana

Por Armando Álvarez Bravo

Extracto de una conferencia pronunciada en el Koubek Center, el 9 de octubre del 2009.

Hablar sobre la realidad y el futuro de la cultura cubana está en relación directa con el proceso que ha de iniciarse cuando Cuba alcance su libertad del totalitarismo castrista e inicie su andadura en el camino de la democracia. Ese momento en que tengamos la oportunidad de enfilar la ruta hacia la encarnación de lo que siempre he llamado la pendiente posibilidad cubana. Nuestra libertad y democracia vienen lastradas por una serie de factores adversos generados por 50 años de totalitarismo. A la negatividad de esos factores debemos oponer:

-- La implantación de un sistema de gobierno propiciador de los cambios, que esté afianzado en los principios de la Constitución del 40. La Carta Magna que, en tiempo prudencial, debe ajustarse a la nueva realidad cubana y contemporánea.

-- La reafirmación de las libertades individuales y el pleno reconocimiento y ejercicio de los Derechos Humanos.

-- La liberación de los presos políticos y de conciencia, teniendo en cuenta que muchos de ellos han sido identificados por el totalitarismo como presos comunes.

-- La instauración de un gobierno provisional que facilite el funcionamiento de la vida cotidiana del cubano, lo saque del abismo en que ha sido sumido y lo encamine a la prosperidad; el desmantelamiento de las estructuras inoperantes y nocivas y los mecanismos legales creados por el castrismo; la convocatoria a la formación de partidos políticos cara a unas elecciones libres, supervisadas por organismos internacionales; la denuncia de tratados y pactos perjudiciales al país; la depuración de las Fuerzas Armadas, policiales y otras instancias represivas; y el enjuiciamiento de quienes han cometido delitos contra el individuo y la población, que ha de efectuarse dentro de los marcos de la más estricta legalidad y debido proceso.

-- Una eficaz campaña internacional que haga patente las arbitrariedades y crímenes cometidos por el castrismo.

-- La búsqueda y negociación de ayuda para la reconstrucción nacional sin que ello implique la enajenación de la soberanía.

-- Poner en acción los mecanismos necesarios para recuperar los bienes saqueados por el régimen castrista.

Va de suyo, e insisto que el orden de los factores no altera el producto, que la puesta en marcha de lo antes expuesto es tan imprescindible como insoslayable, pero no excluye acciones y medidas específicas no menos imprescindibles para la normalización de la vida cotidiana del cubano en los marcos de la libertad y la democracia.

En ese proceso en que finalmente tendremos el control de nuestro destino es esencial el rescate de la historia, cultura, tradiciones y creación de los cubanos. El castrismo se encargó de borrar meticulosamente, desde su funesta toma del poder en 1959, su realidad y vigencia a sus fines ideológicos y propagandísticos. Su recuperación y actualización conllevan el rescate de nuestra identidad nacional. De igual suerte, es imprescindible para la restauración de la profunda desgarradura del tejido espiritual del cubano.

Aunque sólo hay una cultura cubana, las circunstancias que padece nuestro pueblo sumido en la represión, la censura y su espantoso subproducto, la autocensura, han determinado que esa cultura tenga dos manifestaciones. Una es la interna, controlada férreamente por la policía cultural del castrismo (¡y cuánta obra no se habrá perdido para siempre en ese proceso!). La otra es la externa, la que se hace, con tantas dificultades en el exilio. Un exilio en que gravitan de forma siniestra los cómplices del régimen en los campos de la cultura, la academia y los medios. Un campo en que, igualmente, proliferan castristas reciclados y hábiles agentes. Entre sus objetivos: “el borrón y cuenta nueva”, que niega la imprescindible justicia.

Sin lugar a dudas, hay en Cuba creadores que realizan en silencio un obra de calidad. Escriben, pintan y componen para la gaveta. Allí, están, por otra parte, los mediocres propagandistas del régimen que se benefician de su servilismo. Son, como el nombre de un terrible demonio, Legión. En el exilio, y esto es también natural en las sociedades libres y democráticas, hay creadores de calidad y creadores mediocres. El tiempo, crítico supremo, los pondrá a todos en su lugar. Debe consignarse que en Cuba, en los últimos tiempos, es irrefutable el surgimiento del fenómeno de los “blogueros”, que representan, con características propias de una nueva generación, una postura crítica del régimen que debe alentarse. Pienso que son elementos que integrarán eventualmente, en la libertad y la democracia, el ámbito de la creación. Al considerar, ahora y en una Cuba libre y democrática, el quehacer de esas nuevas generaciones, será preciso, más allá de gustos personales y rasgos generacionales, un juicio objetivo que reconozca sus calidades y aportes. Un proceso simultáneo a la valoración de la labor de los creadores exiliados.

En esa Cuba hacia su pendiente posibilidad, siempre desde el prisma de la objetividad y los valores que históricamente determinan el merito y permanencia de la obra, es preciso, en primer término, el rescate y difusión de lo auténtico y legítimo que nos define como cubanos desde la creación. Y jamás se puede ignorar que en el afianzamiento de la identidad nacional radica la vocación de universalidad.

El rescate de nuestra identidad y patrimonio no es fácil tarea ni es labor de poco tiempo. Requiere estudio, comparación y valoración. También la consideración de la circunstancia en que se produce el hecho cultural y creativo. Será un labor impostergable que exigirá muchos años de entrega. Cara al futuro, desde la valoración de la obra, no podrá ignorarse, como se ha hecho en otros países que han estado sometidos al totalitarismo, el juicio ético. Un juicio que debe estar dominado por la verdad y la honestidad intelectual, cívica y moral.

En la Cuba libre y democrática que todos anhelamos, la gestión cultural no debe estar como ahora está en manos del gobierno del país. Ese gobierno no debe hacer de los creadores sus obedientes empleados, a los que se premia por la constancia de su servilismo. Ese gobierno debe tener una política de protección y apoyo a las instituciones docentes y creativas. Nunca una política dominada por el paternalismo. No puede olvidarse que la obra, la creación, siempre acaba por imponerse por sus calidades intrínsecas. En este sentido debemos aprender la lección de los países democráticos

que mantienen centros educativos, museos, teatros nacionales y otras actividades, y desde ese marco, difunden y proyectan la cultura nacional, pero no se constituyen en “mecenas” de individuos. En ese plano, de igual manera y siguiendo el ejemplo de esos países, será importante la gestión cultural de las instituciones privadas que con sus fondos realizan una importante labor en este ámbito. Insisto en lo planteado: En nuestra patria no puede prevalecer el funesto y manipulador proteccionismo oficial a la creación. Sólo debe imperar su fructífero apoyo y respaldo.

En el campo de la cultura, la historia y la creación tenemos que pasarnos la cuenta a nosotros mismos, pero siempre pensando en Cuba, únicamente en Cuba. En su realidad, verdad y futuro. En este sentido, nuestros intereses como pueblo deben estar por encima de los intereses personales. Eso es parte inherente de nuestro ingreso en la pendiente posibilidad cubana. Lo que me mueve a recordar algo que siempre he sostenido: Lo peor que puede suceder a Cuba es que sus verdugos sean sus redentores.

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