murieron unas 200 personas, según cifras oficiales.
Desde entonces Facebook y Twitter se unieron a la larga lista de web censuradas, junto con Blogger, BBC, Wordpress, Blospot, Vimeo, Typepad y todas las relacionadas con asuntos “delicados” para el régimen: derechos humanos, Tíbet, la matanza de Tiananmen, la independencia de Taiwán, o el grupo budista Falun Gong, entre otros.
Esta censura permite al Partido Comunista de China maquillar su propia historia, ya que en julio llegó a decir que las protestas uigures eran “las peores desde la fundación de la República Popular (1949)”, ya que la matanza de estudiantes de Tiananmen de 1989, en la que murieron más de 400 inocentes, no existe virtualmente.
Fue precisamente en el 89 cuando los analistas esperaban que el régimen chino se abriera, como estaba sucediendo en otros puntos del planeta con gobiernos comunistas y socialistas y que culminó con la caída del Muro y la desintegración de la Unión Soviética en 1991.
Pero no sólo no sucedió así, sino que en junio el Ejército chino cargó contra los estudiantes que pedían democracia y el país se contrajo de nuevo social y políticamente hasta que la apertura económica se afianzó en 1996.
Los chinos menores de 20 años no saben qué sucedió en Tiananmen, y desconocen los detalles de la caída del Muro de Berlín, excepto aquellos que saben cómo utilizar “proxys”, que estos días también tienen problemas para navegar.
Según Pekín, la censura está destinada a frenar, sobre todo, la pornografía y otras depravaciones, aunque todavía hoy, después de decenas de campañas, la red china está plagada de sexo, y a menudo con la aprobación del Buró de Seguridad Pública.
Paradójicamente, China cuenta en la actualidad con la mayor comunidad de usuarios de internet, 340 millones, y la cifra sigue subiendo, por lo que la red se ha convertido por primera vez en la historia del país asiático en un peligroso foro en el que se critica y desvela la corrupción y abusos de los cuadros comunistas.