Foto de archivo tomada el 18 de octubre del 2009 de Harald Jaeger, ex oficial de la Stasi, en su casa de Werneuchen. Jager había pensado que el turno de noche sería tranquilo en el paso fronterizo de la calle Bornholmer cuando el muro cayó el 9 de noviembre de 1989. Jaeger abrió la frontera entre ambas Alemanias. “Estoy contento de que solo corrió sudor frío y no sangre”.
(Foto EFE)
fronterizo entre el sector estadounidense y el oriental, donde asimismo se encuentra ahora un Museo del Muro -también privado-, el más visitado por Berlín.
Mientras en el interior del museo se recrea, más o menos fielmente, algunas de las fugas más vistosas de la RDA -coches de doble fondo, etc-, en el exterior estudiantes disfrazados de policías germano-orientales posan por un par de euros con los turistas junto a una réplica de la antigua caseta fronteriza.
“Los grafiti de la East Side Gallery fueron una muestra meritoria de arte espontáneo, con el que se ilustró el sentimiento colectivo de libertad con la desactivación de la Franja de la Muerte”, explicó a EFE Michael Hasselhof, crítico de arte crecido en la antigua RDA.
“Podrá discutirse de si es o no arte, pero está claro que fue liberador ver plasmadas esas pintadas desde el lado prohibido, el oriental”, añadió.
“No me defino como artista, soy un ilustrador”, responde modestamente Blach, en 1989 uno de los habitantes del “oasis berlinés” que fue el sector occidental, es importante conservar la “East Side Gallery”, lo que no quita que deba existir un lugar donde se documente más fielmente lo que fue la RDA y su extinción.
“Debería haber un centro donde se trate seriamente lo que fue la Franja de la Muerte, y también lo que quedó tras su caída. Es decir, la liberación, de un lado, y la sensación de pérdida en muchos ciudadanos del este”, explica.
Pérdida sobre todo de identidad, prosigue, al ver cómo la RDA y todos sus símbolos, no sólo los odiados y temidos, sino también los cotidianos y otros referentes, desaparecieron “engullidos” por la reunificación.