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Publicado el 11-12-2009

Luis de la Paz: de lo cotidiano a lo extraordinario

En “Tiempo vencido”, la descripción de la simplicidad en las relaciones humanas emprende giros insospechados

Por Ena Curnow
Diario Las Américas

No se puede escribir de lo que no se conoce. Por eso toda literatura tiene algo anecdótico, referencial. Luis de la Paz no es la excepción. Acucioso, organizado, puritano en el lenguaje, pone en el papel, en boca de otros, muchas de sus propias experiencias o las vividas en su entorno. Su literatura, su cuentística, marca el derrotero de un talentoso escritor, siempre joven, siempre ávido en el decir, pero sin apartarse de la lógica en la descripción y de encontrar la palabra precisa, la construcción perfecta reflejo de la esencia, sin ceder espacio a la banalidad al “sin sentido”.

En “Tiempo vencido”, de la Paz resume la tragedia del cubano, sin hacer de la misma el centro de su narrativa, pues prefiere reservar la carga política a la intuición, situándola sólo como punto de partida (“nada es ajeno bajo el sol”) y limitada a un fin localizador, lo que con la nueva tecnología podría semejarse a una GPS (Global Positioning System). De la Paz está más acá de la llamada Generación del Mariel. Aunque coincida y sea parte de ella ha sobrepaso el desgarre de Reinaldo Arenas. En su obra, la zozobra, la angustia por la pérdida del suelo natal, la desconexión obligada con lo de uno es peldaño para ascender a esta otra realidad, cargada de lo doméstico, de lo diario. En definitiva, cubanos o no cubanos, todos somos parte de la humanidad, integrada por gentes simples, con o sin relaciones abigarradas, desconocidas para unos y “pan de cada día” para otros. “A veces me despojo de lo que llevo puesto por instinto, pues de antemano sé que más tarde volveré a la calle y tendré que vestirme de nuevo”, dice en “Viejos amigos”.

De la Paz no ubica sus ideales humanos, aunque los retrata al narrar pasajes familiares, convirtiendo a la madre, al amigo, al colega en personajes principales. En su cuentística cabe todo, no se excluye nada. Con mente abierta y sentido de cambio, físico y espiritual, esboza un itinerario donde mezcla lo posible y lo imposible; y juega con el calendario, avanzando o retrocediendo, delineando un futuro tan incierto como sólo puede serlo para los cubanos. Así ocurre en “La otra cara de la Luna” donde narra la premiación en el aula magna de la universidad (de La Habana) de un escritor cubano que regresa luego de largos años de exiliado (y que sorprendentemente no es suceso sino lo es la aparición de la muerte, en la que tan inquisitivamente se propone hurgar Osvaldo, el periodista del relato). ¿Será un simil acaso del porvenir que en sus divagaciones literarias imagina para él o para sus contemporáneos? ¿O es un juego de azar como lo es la irrupción inesperada del hijo adulto “ignorado” en “Llegó Daniel” donde lo trascendente no es el hecho en sí sino la prisa en ocultarlo a Félix con quien comparte el hogar?

Ese juego con los planos cronológicos obsesiona al autor, quien lo trae de nuevo, con inocente naturalidad en “Un retiro feliz” al proyectar el futuro cuando describe la vida de dos retirados que comparten su vida entre Madrid-Miami y La Habana. En el cuento, a la vez profundiza en el sentimiento de desarraigo: “Cualquier otro lugar les era habitable…, menos el suyo propio… La isla se había convertido para ellos en un sitio de tránsito, y en un entorno propicio para evocar los recuerdos de la infancia y la juventud”.

“Tiempo vencido”, Editorial Silueta (que tan diligentemente dirige el también escritor Rodolfo Martínez Sotomayor) será presentado este sábado 14 a las 11:15 am (Auditorium Tent B) en la Feria del Libro.

Luis de la Paz (La Habana 1956), llegó a Miami en 1980, durante los sucesos del Mariel. Es editor (revistas, Mariel, Nexos y El Ateje) y ha publicado “Un verano incesante”, “El otro lado”, y “Reynaldo Arenas, aunque anochezca”. Sus cuentos aparecen en diversas antologías y como periodista se desempeña como colaborador de Diario Las Américas.

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