intervalos, advierte que “por su avanzado deterioro físico” el shock hipoglucémico que le produjo un desmayo hace ocho días “podría sobrevenir en cualquier momento”.
Y tal como predijo Iglesias, Fariñas sufrió otro shock este jueves que lo depositó en un hospital de Santa Clara. Su madre dijo que se encuentra “estable” pero en terapia intensiva.
Fariñas mostró a la AFP cicatrices de bala en su espalda y una pierna, heridas que sufrió en Angola, desde donde fue enviado a la Unión Soviética a un curso de paracaidismo militar. Tras un accidente en la URSS, fue licenciado y comenzó a estudiar sicología.
Sostiene que sus conocimientos de supervivencia le ayudan a mantenerse sereno durante las prolongadas huelgas de hambre que realiza -esta es la número 23-.
Los presentes en la casa advierten que una cámara de video colgada de un poste eléctrico a unos 80 metros parece grabar cada movimiento de entrada y salida.
En Santa Clara, una ciudad de 280.000 habitantes, muchos saben de la huelga de Fariñas, pero pocos opinan.
“Un muchacho muy correcto, buen vecino. ¡Dios quiera no muera!”, dijo María Julia Fleitas, de 86 años y quien lo conoce “desde muy pequeñito”, a la AFP.
“Es un buen vecino, nunca ha tenido problemas con nosotros ni en el barrio, es su forma de pensar, en eso no me meto”, dice por su parte Analeida Rodríguez, una camarera de 37 años.
Granma consideró que la huelga de Fariñas era un “chantaje” inaceptable, y lo responsabilizó de las consecuencias que pueda tener. Según el propio sicólogo, será la muerte.