Horas después de que el presidente Obama, pidió el lunes “valentía” a los congresistas para aprobar la reforma sanitaria, los demócratas han dado los pasos necesarios para votar este fin de semana en la Cámara de Representantes el plan de salud.
Aunque Obama y los líderes de la mayoría demócrata en el Congreso quisieran que se votara ya la reforma, muchos legisladores, incluso entre la bancada demócrata, se muestran renuentes a apoyarla.
En tanto la presidenta de la Cámara, Nancy Pelosi, advirtió a los legisladores demócratas que no está dispuesta a realizar ninguna concesión, que favorezca a un estado o distrito, para asegurar votos.
Los representantes votarán esos proyectos. El primero es la ley de salud ya aprobada por el Senado y el segundo es algo más reducido, con una serie de cláusulas complementarias, que modifican aspectos del plan del Senado.
De esta manera, dicen dirigentes demócratas, se facilitará el trámite de aprobación, sin que el proyecto principal tenga que volver al Senado, lo que ocurriría si se lo modifica.
En tanto el presidente Obama y el vicepresidente, Joe Biden, siguen en una campaña intensa, tratando de asegurar la mayor cantidad de votos posibles,
Pelosi necesita 216 votos para lograr la aprobación y aun hay grupos de legisladores descontentos con algunos puntos del proyecto.
Tanto Pelosi como dirigentes demócratas se mantienen firmes en la necesidad de aprobar el proyecto, tal como está pero, si no se lograse la mayoría necesaria, quizás tengan que pensar en concesiones.
La Comisión de Presupuesto de la Cámara de Representantes votó el lunes una resolución de reconciliación que facilitará el trámite.
Pero dos demócratas, Allen Boyd, de Florida, y Chet Edwards, de Texas, votaron en contra y mantienen su oposición a proyecto aprobado en el Senado.
Boyd integra el grupo de los llamados “blue dogs”, (Perros Azules) que abogan por prudencia en materia fiscal. En tanto líderes demócratas están tratando de convencer a Boyd para que cambie su actitud.
Los dirigentes demócratas en la Cámara de Representantes esperan votar la versión del Senado hacia fin de semana. Pero el proyecto de reconciliación, que introduce algunos cambios deseados por grupos de representantes puede demorar la votación final hasta el sábado o el domingo, si es que se cumple la promesa de esperar 72 horas para que todos puedan evaluar los cambios.