La próxima gira que realizará el presidente Donald Trump por Asia, podría ser una pesadilla para asesores, organizadores y redactores de discursos de La Casa Blanca, que intentan presentar al Presidente de la manera más efectiva posible.

Mucho está en juego.

El reto es encontrar el equilibrio adecuado entre mostrar una línea dura en el comercio con China, una posición firme en el programa de armas nucleares de Corea del Norte y el apoyo diplomático adecuado para Japón y Corea del Sur, bajo la promesa de que Estados Unidos los defenderá contra cualquier amenaza nuclear.

Es inevitable que el peligro que plantea el líder norcoreano Kim Jong-un, sea el plato fuerte de la visita asiática, que se desarrollará del 3 al 14 de noviembre.

Tras la advertencia del director de la CIA, Mike Pompeo, la semana pasada de que Corea del Norte estaba "a punto" de completar su programa para tener un arma nuclear capaz de llegar a Estados Unidos, hay muy poco que Trump pueda hacer para calmar los temores en la región si continúa repitiendo su advertencia a Pyongyang, de que la acción militar estadounidense sigue siendo una opción.

Cualquier forma de ataque militar hacia Corea del Norte podría tener repercusiones fatales, especialmente para dos de los aliados más cercanos de Estados Unidos en el área: Corea del Sur y Japón.

Pero entonces ¿qué más puede hacer Trump, salvo advertir a Kim Jong-un de que está listo para aniquilarlo militarmente, si continúa desarrollando armas nucleares?

Reciente el director de la CIA, explicó lo difícil que resulta para la comunidad de inteligencia estadounidense, predecir qué tan lejos ha llegado Corea del Norte en la construcción de un misil balístico intercontinental (ICBM) de una ojiva nuclear, añadiendo que podría estar a unos meses de lograrlo.

De ser así, cuando Trump se encuentre de visita en la región, Kim Jong-un estará cada vez más cerca de cumplir su sueño nuclear.

Por lo pronto, La Casa Blanca ha salido al frente de las especulaciones considerando improbable que el Presidente, una vez en Corea del Sur, visite el puesto fronterizo de Panmunjom dentro de la zona desmilitarizada, considerada el punto más cercano para que turistas miren a Corea del Norte a través de binoculares, no sin firmar antes un documento en el que se les pide que acepten la responsabilidad por "lesiones o muerte como resultado directo de la acción del enemigo".

Si bien el Presidente tiene derecho como cualquier otro visitante occidental de ir a Panmunjom, su presencia allí podría ser vista como un acto de provocación por Pyongyang.

El presidente Trump probablemente estuvo tentado de incluir a Panmunjom en su itinerario. Pero para darle oportunidad a la diplomacia, sus asesores en la Casa Blanca, dejaron esa visita fuera del plan pues para persuadir al presidente Xi Jinping para que muestre más garra con Corea del Norte, sería prudente evitar problemas.

Es un juego político incierto porque el Presidente tiene un estilo diferente.

Sin duda la estrategia es convencer a China de que a menos que utilice toda su influencia en Pyongyang, la acción militar para detener a Corea del Norte, podría ser inevitable.

Ese no será el mensaje que Corea del Sur o Japón querrán escuchar, por lo que el Presidente, tendrá que hacer un acto de equilibrio diplomático para utilizar mano de hierro con guante de seda, porque cada palabra que pronuncie será cuidadosamente evaluada desde Pekín a Pyongyang y desde Seúl a Tokio, pasando por Manila.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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