A través de la historia hemos sido testigos, una y otra vez, de la trágica realidad de los abusos de poder por quienes juraron proteger y defender la ley. Desafortunadamente, esto lo comprobamos hoy con la revelación de la corrupción de Odebrecht en Ecuador, bajo el régimen de Rafael Correa. Como congresista y representante de los muchos ecuatorianos que residen en el sur de la Florida trabajo incansablemente para apoyar y fortalecer los lazos que nuestras grandes naciones comparten.

Recientemente escribí una carta al fiscal general de los Estados Unidos, en la que expresé mi preocupación por no divulgar los nombres de los funcionarios ecuatorianos involucrados en el escándalo de corrupción de Odebrecht. Le pedí que considerara el hecho de que, mientras los funcionarios ecuatorianos involucrados continúen evadiendo la justicia, persistirá la corrupción en Ecuador.

El Departamento de Justicia respondió a mi carta expresando acuerdo y empatía con mis preocupaciones. Sin embargo, en última instancia, decidió retener la publicación de los nombres porque va en contra de la política del Departamento de divulgar temas en proceso de investigación o nombrar coautores públicos cuando no han sido inculpados.

Lamento esta respuesta, ya que sin la revelación de los nombres de los involucrados no podemos responsabilizar a estos malhechores y llevarlos a la justicia. La corrupción continuará en Ecuador y el pueblo ecuatoriano no gozará de sus derechos humanos básicos hasta que la justicia prevalezca y estos funcionarios corruptos sean responsables.

El Gobierno de los Estados Unidos debe tomar una fuerte posición contra la corrupción y hemos hecho grandes progresos en Centroamérica. Por eso, a principios de este mes, viajé a Honduras y Guatemala con el congresista demócrata Albio Sires, de Nueva Jersey, como representantes bipartidistas del Congreso estadounidense, para demostrar el apoyo de Estados Unidos a los progresos realizados en las formas de seguridad, transparencia y gobernabilidad.

En Honduras tuvimos la oportunidad de reunirnos con el fiscal general, Oscar Fernando Chinchilla, y la Embajada de los Estados Unidos en Tegucigalpa. Durante esta reunión reconocimos el arduo trabajo de estos líderes dentro del ministerio público, que ejemplifican esfuerzos admirables para combatir la corrupción y los crímenes organizados. Mi colega y yo también nos reunimos con Juan Orlando Hernández, presidente de la República de Honduras, y con James D. Nealon, embajador de Estados Unidos en Honduras, para discutir los términos de la lucha contra el narcotráfico y la corrupción, así como los avances alcanzados en la reforma del sector judicial, con la ayuda de la Organización de Estados Americanos (OEA) y las oportunidades y desafíos que enfrenta su misión de lucha contra la corrupción e impunidad en Honduras.

El congresista Sires y yo pudimos apreciar el trabajo de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), y ver los impactos positivos en un centro de extensión juvenil para niños pequeños en riesgo de influencia negativa de pandillas y criminales. Estos centros juveniles son fundamentales para mejorar la vida de los niños y sus familias enseñándoles los valores que ayudan a reducir su participación en las pandillas. Con la Academia Nacional de Policía de Honduras mencionamos diferentes maneras en que podemos cooperar para proteger a la comunidad y hacer cumplir mejor la ley.

Nuestro viaje continuó a Guatemala, donde nos reunimos con Jimmy Morales, presidente de Guatemala, Todd Robinson, embajador de Estados Unidos en Guatemala y Virginia Staab, director de la Oficina de Narcóticos y Aplicación de la Ley (INL) del Departamento de Estado de Estados Unidos, para fortalecer nuestras relaciones bilaterales . Juntos expresamos nuestro apoyo al ministerio público y a la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), en la lucha contra la corrupción y la delincuencia organizada, para lograr los objetivos de prosperidad, gobernabilidad y seguridad ciudadana. En el Ministerio de Gobernación de Guatemala, funcionarios del Departamento de Policía demostraron cómo sus oficiales reaccionan en diferentes situaciones basándose en su entrenamiento en el Departamento de Policía del Condado Miami-Dade, en los Estados Unidos.

Concluimos este viaje reuniéndonos con Helen Mack, defensora de los derechos humanos. Esta reunión dio lugar a una gran discusión de nuestras opiniones sobre seguridad, justicia y derechos humanos. Si bien Honduras como Guatemala han hecho necesarias mejoras en sus esfuerzos para combatir la corrupción, priorizar los derechos humanos y respetar el estado de derecho, es necesario hacer más. El representante Sires y yo hemos trabajado estrechamente, de manera bipartidista, en estos asuntos importantes. Planeamos tener discusiones honestas y abiertas sobre la necesidad de fortalecer la cooperación y coordinación de seguridad y transparencia en el gobierno, para interrumpir aún más las redes de narcotráfico. Estas son importantes cuestiones de seguridad nacional para Honduras y Guatemala; para la región y para los Estados Unidos. Es de común interés trabajar unidos en nuestros esfuerzos para mejorar nuestra seguridad.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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