Muchos ya están haciendo cuentas sobre lo que se vendrá el próximo año con las elecciones presidenciales de Colombia. El 2018 sin duda será un año lleno de sorpresas y alianzas que para muchos serán imposibles de calcular o siquiera considerar. Dicho esto, no importa cuál sea la alianza o quién sea el presidente, lo único cierto es que no habrá mucho que rescatar sino más bien quién se alzará con el triunfo y qué colectividad logrará convencer mejor al electorado; mejor dicho, un escenario en donde se votará por el menos peor de acuerdo con de qué lado se esté. Muchos pensarán que su candidato vendrá a salvar al país del desastre que ha causado la administración Santos, y otros simplemente pensarán que habrán elegido al líder que continúe al pie de la letra lo que Santos acordó con las FARC. En pocas palabras, seguiremos con un país dividido y sin alcanzar consenso en lo que más le conviene a la nación.

Por un lado, tenemos al centro democrático que sin duda y, hasta ahora, pinta como uno de los movimientos con más opción, pero también es muy claro que el liderazgo del Uribismo genera en muchos de la población colombiana agotamiento y desconfianza. Parte de este sentimiento se genera por el desgaste de la imagen del expresidente Álvaro Uribe que aunque cuenta con muchos seguidores también es cierto que la mayoría de los colombianos quieren una renovación de líderes a nivel general y lamentablemente él no representa esa renovación.

No todo es negativo; hay líderes en este movimiento como Rafael Nieto e Iván Duque siendo este ultimo un candidato cuya capacidad y juventud podría convenirle al país. Lamentablemente, todos los candidatos del Centro Democrático tendrán que vivir a la sombra de un candidato al Senado como Álvaro Uribe que seguro podría ser elegido nuevamente a la presidencia si llegara a lanzarse pero que no puede correr, y por ende, nadie quiere volver a repetir el voto de confianza de creer que un candidato que no sea Uribe pueda realmente lograr algo de cambio ya que por ahora lo que sí se ha logrado es dividir al país y no salvarlo del caos que causó Santos con la paz, y Uribe, al designarlo como su relevo político.

Entonces, lamentablemente, líderes de la renovación como Duque y Nieto que representan un ideal, se ven castigados por una imagen cada vez más desgastada de un Uribe que a pesar de que cuenta con un gran apoyo popular también cuenta con el desprecio de muchos colombianos que en el pasado lo apoyaron y ahora solo quieren que se jubile y deje que otros asuman las banderas de su movimiento. Este movimiento dependerá de cómo mueva las fichas para que logre proponer un nombre que venda sin una sombra que lo haga perder.

Por otro lado, y sin ser menos preocupante, está el Liberalismo, cuyas banderas han sido giradas drásticamente a la izquierda, por no decir radical, olvidándose de la esencia de ser liberales en donde había espacio para todos y en donde líderes de la base podían surgir así estuvieran más hacia la derecha o la izquierda. Eso se perdió, ahora solo surgen ideales de la izquierda sin que haya espacio para otros sectores, eso sin mencionar el tema de los delfines que de renovación no tienen nada. O realmente es un Partido Liberal o más bien que le cambien el nombre y lo llamen el partido de unos cuantos para unos pocos. Ya veremos qué pasa y quiéen surge como alternativa en una colectividad que debe renovarse y no precisamente con los hijos de la oligarquía.

No podemos olvidar a los sectores de centro y de izquierda, quienes tienen un liderazgo importante pero que no tienen un discurso que convenza al país, especialmente cuando han apoyado tan decididamente a las FARC, el proceso de paz y al presidente Santos.

Entonces, ahora que Juan Manuel Santos tiene tan baja aceptación y que nadie quiere seguir con sus políticas, es cuando vendrá la toma de posturas que pondrá a estos movimientos contra la espada y la pared. Pero será muy difícil desligarse de un presidente a quien han apoyado en todo y de quien han recibido tanto. Ya estará por verse como logran tan maratónica tarea si es que piensan ganar ya que el discurso populista no creo que funcione en esta oportunidad.

Finalmente, es un escenario de liderazgos estériles que esperamos se resuelva por el bien del país, pero no cabe la menor duda de que cuando los colombianos miran la baraja de candidatos, nadie convence y es a nivel general con unas contadas excepciones que ojalá logren imponerse en sus respectivos partidos para que la gente pueda votar a conciencia y no por quien le tocó votar o por quien a dedo alguien eligió para relevarlo. Es hora de elegir bien por el país y no por quien se nos imponga.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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