Cuando los argumentos no bastan

En esos momentos en que ni la teoría, ni la psicología, ni todos los libros, charlas ni consejos parecieran adecuarse a la situación; es cuando saltan las ideas preconcebidas, los automatismos heredados, los resortes de la impaciencia y el quiebre de la contención. 

Por Vida Gaviria @modomama

En este oficio de acompañar a otros padres en la crianza de sus hijos, a veces nos vemos desprovistos de respuestas ante nuestras propias vivencias.  Criar en esta época no se compara en muchos casos, con los entornos descritos en los libros ni en los ejemplos teóricos a los que frecuentemente consultamos.  Tampoco se nos parecen las familias de esos autores o especialistas que al igual que nosotros, están tejiendo su propio hilo familiar.  Es por esto que vernos vulnerables, sin respuestas, desbordados y confundidos; a veces nos resulta incómodo y hasta increíble.

Los que tenemos varios hijos sabemos que algunos nos confrontan con retos mayores que otros y que esa relación de aprendizaje intensivo puede que dure toda la vida. Pues mis tres hijos son mis maestros y mi amada Eugenia, mi hija del medio, la que es igualita a mí; es la que me lanza las pruebas más difíciles. Su paso por mi vida es para enseñarme sobre flexibilidad, amor, paciencia y sobre todo, a verme en sus ojos pues consigo en ella a la niña que fui y entiendo más el trabajo que pasó mi mamá. A Eugenia le gustan los planes estructurados y anunciados con tiempo.  Le gusta que se respeten los horarios y agradece la planificación. Es una artista que en sus pinturas va desde el detalle más romántico hasta una explosión de color que salpica su ropa, muebles y paredes.

En esos momentos en que ni la teoría, ni la psicología, ni todos los libros, charlas ni consejos parecieran adecuarse a la situación o ser suficientes para transitarla sanamente; es cuando saltan las ideas preconcebidas, los automatismos heredados, los resortes de la impaciencia y el quiebre de la contención.  Es ahí cuando necesitamos el famoso “time out”, cuando tanto nosotros como nuestro peque, merecemos que papá o mamá se retiren de la situación, respiren profundo, aclaren su mente y escuchen a su corazón.  Seguramente, con un poco más de calma también aparecerán más claras las respuestas y podremos dialogar con nuestros hijos sobre lo sucedido.

Nuestros peques merecen una explicación que aunque no justifique nuestra pérdida de control, les permita ver que vivimos todas las emociones y nos permitimos reconocerlas y experimentarles.  Nuestros peques merecen que les pidamos una disculpa y les ofrezcamos una salida más armoniosa en futuras ocasiones.  Nosotros merecemos reconocer que somos constantes aprendices en la tarea diaria de la cirnaza.

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