Para los cubanos hay una pregunta clásica, irresistible en toda reunión de amigos fuera, incluso dentro de Cuba; retórica, si tenemos en cuenta la repetición constante de la misma, y las respuestas de ambas orillas e ideologías políticas. Esa pregunta es, ¿qué va a pasar en Cuba cuando Fidel Castro muera?

En otras palabras, ¿qué va a suceder en Cuba cuando desaparezca, por ley de vida, esa generación ya octogenaria, que en su momento hizo lo que se conoce en el mundo entero como la revolución cubana?

"Supongo habrá un funeral", respondió rápida e ingeniosamente el narrador Senel Paz a la agobiante, comprometedora y repetida primera interrogante.

"Una vez desaparecida la dirigencia histórica del país, ¿tendrán los nuevos gobernantes la autoridad moral necesaria para suscitar de antemano el consenso de la mayoría, como ha ocurrido hasta ahora?", escribió el crítico y ensayista Ambrosio Fornet.

La respuesta real, o la insinuación de una respuesta, por supuesto con mirada alrededor y tono bajo característico del complejo de persecución y autocensura que nos persigue, esa respuesta que ha costado a más de uno el puesto de funcionario y la inmediata caída en desgracia, o la desaparición física en el peor de los casos, seguirá siendo una incógnita a día de hoy. Aunque el paso de los años acerque, y exija cada día, una sucesión obligada y necesaria, una ventilación fresca y rejuvenecida a los oxidados barrotes manchados de odios y rencores de casi seis décadas.

A partir de la crisis de los 90, con la entrada del turismo internacional a Cuba, la verdad comienza a recorrer el mundo, y todas las partes, políticas y apolíticas, se empeñan en visitar la Isla para compartir el "último reducto" y constatar in situ la vida del cubano de a pie. Al turismo que pasa por La Habana, se suma hoy la inmediatez de las nuevas tecnologías, pero pese a ello la pregunta sigue en pie: ¿Qué va a pasar...?

La respuesta es la propia búsqueda de una respuesta, la propia pregunta.

Pero, ¿qué ocurre en la Cuba actual que la convierte en centro de peregrinación y visita obligada de unos y otros?

"En este tiempo postrevolucionario de ahora, ya los motivos no se corresponden con épica de ninguna clase. La aparición de algún famoso se ha convertido en un rito semanal para alimentar la llama del mundo del espectáculo o repetir hasta el infinito las fotos de un país con una imagen más vintage que futurista", sostuvo Iván de la Nuez a propósito de la visita de The Rolling Stones a La Habana.

Vintage: nunca mejor dicho. En el caso material, incluso espiritual, donde lo antiguo se empeña en rejuvenecer, a pesar de las carencias, y llama la atención al resto del mundo gracias al ingenio y el arte del cubano. Sin embargo, en el plano político, que nunca ha rejuvenecido y se aferra al pasado obsoleto y retrógrado, lo vintage refleja la abstención y pérdida de fe en el progreso.

Sin embargo, ¿qué hay en aquella "cosa buena mal hecha" que la convierte en titular de los medios de prensa internacionales? ¿Por qué ese empeño de invertir en un país incierto, no ya desde el punto de vista político que lo rige todo a todos los niveles, sino desde el punto de vista económico, que a la vez que incentiva, frena la inversión extranjera con mecanismo obsoletos?

"Al final no hay una respuesta clara, univoca, taxativa -como diría Javier Cercas-; solo una respuesta ambigua, equívoca, contradictoria, esencialmente irónica, que ni siquiera parece una respuesta.

El también narrador Arturo Arango puede conducirnos a un "punto ciego" de clarividencia: "Sobre Cuba hay una percepción de que algo está a punto de cambiar, de reformarse o desmoronarse, de transitar hacia otro sistema o hacia un modelo distinto de socialismo. Esa dilatada expectativa, las tensiones acumuladas, dentro y fuera de la Isla, en torno al futuro político del país, y los cambios que, inexorablemente, las nuevas condiciones de vida y los diferentes contextos internacionales han provocado en los ciudadanos de a pie, hacen que el pasado, el presente y el futuro aparezcan como dimensiones entremezcladas, sin fronteras precisas, como cápsulas expandidas o contraídas, incluso confundidas entre sí, según el caso".

Por más que se especule no hay verdad absoluta ni respuesta concreta. El mecanismo está hecho como la pescadilla que se muerde la cola. Todo lleva a una pregunta sin respuesta, o a la respuesta parcializada, retórica; al final inacabado que está por llegar y no llega, ¿y cuándo llegue...?

FUENTE: Especial

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