Este verano el pueblo venezolano muestra su desaprobación a la tiranía de Nicolás Maduro. Él quiere imponer la institucionalización de su régimen a través de un proceso de manipulación con el nombre de Constituyente y así poder traspasar el régimen chavista a la dictadura totalitaria castromadurista.

Según la televisora estatal Telesur, más de 19 millones de venezolanos estaban convocados para la votación de los constituyentistas y dejaron de asistir más de 11 millones de votantes. Las fuentes democráticas de esa nación coinciden en que el número de ausentes es mucho mayor, definiéndolo en un total cercano a los 17 millones de electores.

La acción cívica de toma de las calles en Venezuela por quienes desean libertad y el ausentismo a la farsa constituyente desencadenó la consolidación del movimiento democrático y la solidaridad internacional. Países latinoamericanos, la Unión Europea y los Estados Unidos fueron vanguardias en el apoyo moral al pueblo venezolano. Excelente por el presidente Donald Trump, al exigir la libertad de dos figuras emblemáticas de la resistencia: Leopoldo López y Antonio Ledezma. Ambos líderes fueron retornados a sus casas aunque con limitación de libertad.

Por otra parte, en el verano de 1994, el 5 de agosto, el pueblo cubano dio una lección de dignidad, al expresarse masivamente en las calles por libertad. Este proceso fue nombrado el Maleconazo. Neutralizado por la represión de la dictadura castrocomunista y la complicidad de las fuerzas democráticas internacionales; sin embargo, es un ejemplo imperecedero del deseo justo a la libertad de un pueblo.

Por supuesto, ese fervor patriótico existe en nuestra Isla. En Cuba están los Leopoldos, los Ledezma, las Tintori, las María Corinas, los Freddys Guevara… y con los mismos objetivos: libertad total y desintegración de la tiranía. Incluso, tenemos un proyecto que reclama el mismo fundamento y, a la vez, declara ilegitimo e ilegal al régimen castrocomunista. Es el Proyecto Emilia.

El proyecto Emilia es sui generis en varios de sus planteamientos, trataré dos en esta ocasión. En teoría desintegra la dictadura impuesta en Cuba y tiene un plan estratégico general para lograr sus objetivos de libertad. Estos actos son autónomos, es decir, solo dependen de la acción voluntaria de las personas en Cuba, sin descartar la solidaridad de los amantes de la libertad y la democracia en el mundo.

El plan estratégico general está bien definido; sin embargo, está pendiente a desarrollar los puntos estratégicos y tácticos, objetivos programados para la tercera etapa o Convención Cívico Humanitaria, en espera de esos líderes que simpatizan pero aún no se han adherido oficialmente al Proyecto Emilia.

La estructura directiva del Proyecto Emilia se basa en el concepto democrático “Primus Inter Pares”. Conceptualización muy bien desarrollada en la democracia Suiza. Esto garantiza la cohesión de las organizaciones participantes y la libertad dentro de la estructura emilianista.

Este proyecto tiene sus basamentos teóricos de su resistencia a la injusticia en las siguientes obras: “Desobediencia Civil”, de David Thoreau; “El reino de Dios está entre vosotros”, de León Tolstoi; “De la dictadura a la democracia” y “El Anti-Golpe”, ambas de Gene Sharp. Del mismo modo, complementan esas fuentes la vida y obra de Mahatma Gandhi y de Martin L. King; en asociación al ensayo de Václak Havel, “El poder de los sin poderes”.

El desafío político masivo es el método específico de los activistas del Proyecto Emilia, en su íntima interrelación con su esencia en la cultura socrática y la enseñanza judeocristiana. Por eso es civilizado, desafiante, activo y amoroso, para la ejecución de la justa y adecuada rebelión ante la tiranía y la opresión.

Por supuesto, la Justificación de esa insurrección nacional se ampara en la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Carta Internacional de Derechos Humanos y la Constitución cubana de 1940, en su Artículo 40.

Para conquistar sus objetivos de emancipación de la sociedad cubana se ha trazado varias importantes tareas: fortalecer a la población oprimida en su determinación de luchar, en la confianza en sí misma y en sus aptitudes para resistir; fortalecer a los grupos sociales e instituciones independientes del pueblo oprimido; crear una poderosa fuerza de resistencia interna; y desarrollar un amplio y concienzudo plan estratégico global para la liberación y ejecutarlo con destreza.

En realidad, este plan estratégico general del Proyecto Emilia es un fuerte fundamento para la liberación del pueblo cubano por sí mismo. Por esto conciudadanos esforcémonos y hagamos libre a nuestra patria. Otro 5 de Agosto es posible y es el camino preciso a la libertad de Cuba.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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