Defender la democracia a toda costa
El atacante que disparó contra un grupo de congresistas y senadores en un campo de entrenamiento de béisbol en Alexandria (Virginia) ha sido identificado como James T. Hodgkinson, un hombre decepcionado con la actualidad política

El tiroteo contra una veintena de legisladores republicanos en un campo de béisbol a las afueras de Washington vuelve a avivar el debate entre quienes plantean la necesidad de establecer controles para la tenencia de armas en EEUU y aquellos que exigen una reflexión sobre el deterioro de las condiciones del debate público que se vive en este país.

El estilo grosero e insultante que suelen utilizar algunos políticos y líderes de opinión en los medios de prensa es inconcebible en el foro de la democracia y debería ser materia de una profunda reflexión de todas las instituciones de la vida pública norteamericana y de los partidos para frenar la violenta degradación en el debate político y evitar trasladar a la sociedad la crispación de la lucha partidaria.

Probablemente, nadie haya expresado un diagnóstico con mayor frustración que el que hiciera hace unos días, muy cerca de la tragedia, un ciudadano norteamericano a un diario español: "América ha perdido el sentido de lo que está bien y lo que está mal, ese es el problema, hay un clima muy malo, los demócratas tienen que superar el resultado de las elecciones. Yo no voté a Barack Obama, ganó y tiré adelante, es lo que hay que hacer".

En efecto, el atacante que disparó contra un grupo de congresistas y senadores en un campo de entrenamiento de béisbol en Alexandria (Virginia) ha sido identificado como James T. Hodgkinson, un hombre decepcionado con la actualidad política y admirador del senador Bernie Sanders que pertenecía a varios grupos anticonservadores, entre ellos uno nombrado "Acabar con el Partido Republicano".

Que Hodgkinson haya publicado en Facebook del 22 de marzo pasado: "Trump es un traidor. Trump ha destruido nuestra democracia. Es hora de destruir a Trump y compañía", es inaceptable como lo es el hecho de que algunos periodistas en lugar de condenar el ataque con rotundidad y desvincularse del mismo, acusan a las víctimas de habérselo buscado con sus actuaciones.

Las agresiones verbales y físicas -directa o a través de las redes sociales- que están sufriendo algunos legisladores exige una reflexión sobre lo que supone una incitación al odio hacia representantes públicos elegidos democráticamente. Y, como cualquier agravio o señal de odio, requiere la condena firme de todos los que aspiran a convivir en paz y respeto.

Ataques como éste desenmascaran a quienes desean imponer su proyecto político mediante la violencia. Y constituye un execrable atentado no sólo contra un grupo de congresistas y senadores norteamericanos, defensores del pensamiento libre, sino también un ataque contra la esencia misma del estado de derecho y de los valores fundamentales de las sociedades democráticas.

Analista y consultor