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@eleonorabruzual

Desde Caracas, semana a semana en este espacio voy poniendo en blanco y negro una tragedia que desde hace casi 18 años arropa a Venezuela. Hay momentos en que la tentación de escribir sobre otros temas me atrapa, pero debo decir que la realidad aplasta la tentación y me centro en los espantos que un teniente coronel ambicioso y deshonesto convirtió en actos de gobierno una vez lograr con la complicidad de aparentes demócratas criollos y compinches nacionales y extranjeros en esa izquierda experta en sumar muertos, en arreciar hambre y en arrasar con la libertad y los derechos del hombre.

Falta muy poco tiempo para completar 18 años con Venezuela en manos de lo peor del país, porque debo decir que aunque no somos los únicos que tenemos malandros, delincuentes y malvivientes en número que debería preocupar, si ostentamos el dudoso honor de haberlos llevado al Poder y además por los caminos que permite la democracia, para que una vez allí el tropero felón con su pandilla desmantelara el Estado y diera rienda suelta a todas las canalladas que mentes enfermas de complejos, odios y ambiciones perversas tenían mucho tiempo preparadas solo esperando la oportunidad de darle curso…

Y le dieron curso, y destruyeron un país que tenía una democracia que aunque perfectible, era reconocida y respetada y sobre todo nos permitía a los que vivimos aquí, tener la posibilidad de votar y cambiar cada 5 años los gobiernos; denunciar, criticar y protestar sin el miedo a la garra en la garganta, el grillo en el píe y la peinilla o la bala disparada con absoluta impunidad. Han transcurrido casi 18 años y allí están esos que no saben sino de represión, de odio, de traiciones, de ambiciones, allí están decididos a no dejar el Poder aunque para lograrlo caminen sobre muertos y se bañen en sangre.

Y lo logran. El pasado septiembre –por ejemplo- solo en la Gran Caracas (ordenamiento urbano que cubre el Distrito Metropolitano de Caracas y ciudades satélites de los estados Miranda y Vargas) se contaron 474 muertes violentas. Esta cosecha se repite en todo el territorio nacional, porque aquí no hay, arroz, no hay azúcar, no hay aceite, no hay harina, no hay medicamentos, pero muertos sobran… ¡Ah! Y septiembre no se lleva la exclusividad, es uno -junto a enero y mayo- de los tres más violentos del 2016 y quizá los destronen octubre, noviembre o diciembre; lo que sí es seguro ya es que en los nueve meses transcurridos de este año, la montaña de muertos por violencia lleva acumulados 4.318 cadáveres sólo en la Gran Caracas, un logro que hay que reconocerle a la “Revolución bonita”, a sus “hombres nuevos” y a sus pillos empoderados.

Allí están mostrando su absoluta bellaquería al no sentir el menor remordimiento frente a los cientos de bebés que están falleciendo en los hospitales venezolanos, hoy convertidos en morideros donde no hay ni insumos clínicos ni medicamentos. Allí están, pareciéndole normal que en las cárceles los presos estén convirtiéndose en antropófagos y a falta de alimentos, buenas sean las carnes de otros reclusos.

Los próceres del narcoestado que es Venezuela no piensan entregar el Poder. Vamos a tomarnos en serio lo que estamos contemplando. Un mal llamado Tribunal Supremo de Justicia integrado por quienes fueron elegidos a dedo y garantizan los intereses de la Peste Roja decide –porque se le da la gana a los “Eminentes”- patear el Poder Legislativo, ese que la ciudadanía eligió el pasado 6 de diciembre y donde se le dio mayoría a la oposición para devolver la esencia de todo congreso que no es otra que controlar al ejecutivo y al judicial para así impedir la tiranía.

Vamos a tomarnos en serio que si el tropero Chávez llegó y se mantuvo violando Constitución y Leyes y desmantelando el Estado, no serán sus favorecidos herederos los que cambien el hacer que se hizo costumbre. Vamos a tomarnos en serio que aquí no va a darse el referéndum revocatorio porque simplemente las infamias si han variado es para peor. Vamos a tomarnos en serio que Maduro y el resto de la pandilla, están decididos a no perder la única guarida que les resguarda.

Vamos a tomar en serio la mera realidad que no es otra que el transitar doliente y desesperado por el detritus de lo que fue un país, país que si en verdad deseamos reconstruir debemos sacudirle los gusanos que nacen de la putrefacción, los demonios, los cómplices, los pusilánimes… Y sacudirnos nosotros mismos tanto miedo, tanta resignación, tanta esperanza inútil y ver la realidad, óptima manera de salir con bien.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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