Desesperada realidad padecemos quienes vivimos en Venezuela. Desesperada no solo porque no tenga que comer o no logre los medicamentos que alguna enfermedad –grave o leve– le demande para su mejoría; desesperada porque así tengas dinero para comer no consigues lo básico y así tengas para importar medicamentos esos pueden llegarte cuando ya sea demasiado tarde. Desesperada porque el insomnio y la angustia atrapa si no ves a toda la familia ya en casa a salvo del crimen, del salvajismo, de la sed de sangre de miles y miles de malandros que perdieron la condición humana gracias a un puñado de delincuentes que irrumpieron en la vida y la política venezolana comandados por un sociópata que impuso su falta de escrúpulos, su carencia de principios, su irrespeto a las normas y su indiferencia frente al incumplimiento de ellas. Un pillo llamado Hugo Chávez, encantador de serpientes, coplero demoniaco que le importó nada hacer mal si con ello alcanzaba lo que ansiaba incluso transitando sobre graves delitos y crímenes espantosos.

Y cuando asevero que el mal no mejora, es que no puede ser de otra manera, ya que la tragedia se entronizó en nuestras vidas cuando aquel tropero abyecto hurgó en las letrinas y sacó lo peor de Venezuela para junto a ellos destruir un país, prostituir a su pueblo y eternizar el mal.

Eternizarlo porque para cientos de miles el horror se hizo eterno y no vieron el fin de esta pérfida era roja, porque fueron asesinados, porque murieron de mengua, porque el hambre los mató, porque la depresión les hizo presa y terminó con su salud, con su espíritu, con sus fuerzas, con sus defensas, con sus vidas...

Eternizarlo porque ya han pasado casi 18 años y allí está esa fauna cadavérica que se alimenta de las esperanzas muertas, de las ilusiones decapitadas, de los cadáveres al por mayor llenando morgues y sirviendo de espanto para aterrar y hacerte pensar que no tienes salida, que no hay salvación. A esa fauna cadavérica que está en Miraflores, esa guarida que alguna vez fue el Palacio de Gobierno, le interesa nuestro pánico porque nadie aterrado puede pensar con claridad, nadie aterrado puede luchar con actitud victoriosa. Por eso se ocuparon muy bien de distribuir ese brazo armado malandro en zonas de clase media, la numerosa, la emprendedora, la que genera desarrollo y apostarlos en las urbanizaciones para que azoten ciudadanos desarmados, desesperados, atemorizados.

La fauna cadavérica que integra eso que les gusta llamar “Alto Gobierno” bien se sirve del lumpen delincuencial y del lumpen mendicante. De ese que primero le exacerbaron el odio y después le garantizaron la impunidad más no la vida, porque quien está matando al ciudadano ya está muerto; es una especie de zombi que por el camino del resentimiento y la fechoría fue muriendo día a día hasta que la fauna cadavérica come su carne, sus vísceras y sus derechos usándoles y desechándoles…

Y esa fauna cadavérica, roja sangre no saldrá por ningún mecanismo constitucional, porque simplemente destruyeron la democracia en Venezuela implantando una tiranía que mientras tuvo dinero compró adeptos, cómplices, felicitadores, mercachifles, “Honestos” al mejor postor. Compró todo y a todos los comprables mientras sus jerarcas se hacían cada vez más ricos pero también cada vez más ávidos, por lo que ni siquiera el estado y su arca abierta le alcanzó y por eso –fauna cadavérica de civil y también de uniforme militar– le vieron el lado provechoso al narcotráfico y de la misma manera le entraron…

Y allí los tenemos, diciendo con la mayor tranquilidad que no permitirán el Referéndum Revocatorio al heredero del pillo mayor. Allí se dedican a partirle la entereza a millones que ya no pueden más, que ya de tanto sufrir no les quedan lágrimas, no les quedan fuerzas, no les queda salud. Allí les tenemos pretendiendo borrar de un escupitajo el Poder Legislativo ese que crea y promulga las leyes en consonancia con la Constitución con la incuestionable autoridad que le otorga la representación de la voluntad popular.

En “El espíritu de las leyes” celebre libro de Montesquieu éste propuso la necesidad de dividir las funciones del Estado entre distintos poderes (legislativo, ejecutivo y judicial), y así evitar la aberrante tiranía. Al querer esta fauna cadavérica enmudecer e inutilizar al Poder Legislativo muestra lo que es, como lo ha demostrado al secuestrar el Poder Judicial y llenarlo de congéneres.

Pero a parásitos y bichos qué le importan nuestras vidas. Qué puede interesarles Montesquieu…

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