Venezuela no es ni remotamente una democracia, esto desde hace ya lustros, pero además estamos viendo que día a día aparecen más indicios del dominio que carteles de la droga y capos del narcotráfico ejercen desde eso que se da a llamar “alto gobierno” y por tanto, de país pasamos a guarida no solo de delincuentes nacionales sino también de mafiosos internacionales que aquí han logrado seguridad, impunidad y muy buenos réditos.

Y es que la condición de paraíso para delincuentes no es en absoluto reciente. Desde que Hugo Chávez llegó al poder, la penetración del delito oficializado fue una de las características de eso que tanto cacarearon como “democracia de origen” pero que en verdad no fue más que la toma del poder a través de mecanismos constitucionales, para luego desmantelar el Estado y sus poderes e imponer una neotiranía muy bien apoyada y monitoreada desde la Cuba de los tiranos Castro y también con injerencia de la teocracia iraní, la China comunista, la dictadura de Lukashenko, la Rusia de Putin y sus apetencias incontroladas, los movimientos terroristas mundiales donde sobresalen presencias activas como las de las FARC, el mayor cartel de drogas del mundo, grupos terroristas islámicos como Hezbollá y Hamas, y por supuesto ETA y otros elementos violentos.

El tema se alborota y hasta llega a confundir nuestra memoria, cuando hace pocos días conocimos la acusación formal, hecha ante la Corte del Distrito Este de Nueva York, en contra del ex director general de la Oficina Nacional Antidrogas (ONA), ex comandante de la Guardia Nacional venezolana y ahora Ministro de Relaciones Interiores, Néstor Luis Reverol Torres y el ex subdirector de la ONA y actual agregado militar de Venezuela en Alemania, Edylberto José Molina Molina, por haber participado en una conspiración internacional para el tráfico de cocaína, pero realmente estas denuncias y señalamientos contra militares venezolanos incursos en tráfico de drogas no son nuevos.

Vergonzosamente aquí el estamento militar y en especial, la Guardia Nacional han estado profundamente involucrados en el tráfico de drogas. Solo recordar que en el año 2010, fiscales de Estados Unidos en Manhattan abrieron una acusación contra Walid Makled, traficante venezolano de origen sirio que se jactaba de tener 40 generales en su nómina. Igual cabe recordar que en septiembre de 2013 un avión de Air France salió de Venezuela con casi 1.400 kilos de drogas en 32 maletas y a casi tres años de tan escandaloso caso sabemos que no hay nada claro al respecto del control de drogas en los aeropuertos nacionales y el único detenido patéticamente clama justicia demostrando que no poseía capacidad para ejecutar un hecho de tal magnitud, como sí los jefes militares del aeropuerto internacional de Maiquetía, de donde salió la droga.

No es nuevo que muchos cuerpos policiales de distintos países, incluido Estados Unidos señalan a Diosdado Cabello como “presunto” capo de una red de militares venezolanos que transportan en aviones del ejército la droga que cultiva y procesa las FARC, no es nueva tampoco la detención en Haití de dos sobrinos de Cilia Flores, esposa de Nicolás Maduro, al ser sorprendidos pretendiendo llevar 800 kilos de cocaína a EE.UU.

Más que fresco en la memoria el affaire del general Hugo Carvajal, conocido como “El Pollo” ex jefe de la inteligencia militar venezolana, cuando en 2014 cumpliendo una petición de Estados Unidos fue detenido durante unas horas en Aruba acusado de tráfico de drogas. Carvajal, negó las acusaciones, y un turbio acuerdo entre Holanda y el régimen de Maduro lo dejó en libertad y es ahora parlamentario oficialista en la Asamblea Nacional. Carvajal vuelve a ser noticia este pasado viernes al conocerse que el 28 de julio de este año se reunió en la isla de Margarita con el ex juez español Baltasar Garzón, quien llegó para asesorarlo, procedente de Republica Dominicana acompañado de Abel Torres Serrano y del venezolano Carlos Eduardo Urbano. Vuelve pues Garzón a embarrarse con el chavismo.

Aquí no puedo nombrar a todos los militares y civiles involucrados con la droga y que han llevado a Venezuela a ser un régimen forajido. Poco espacio para señalar a tantos y donde muchos ni siquiera son conocidos. Aquí lo que sí puedo concluir es que la impunidad de la que han gozado les lleva a pretender imponerse en el Mercado Común del Sur sobre la decisión de los otros países miembros y sin dudas, dado el carácter de la neotiranía castrochavista, tener maliciosamente su NARCOSUR.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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