El París de los excéntricos y también de los enamorados tiene un nuevo rey. Esta vez los movimientos superaron las cálidas bienvenidas que en su momento recibieron personalidades y jefes de estado. Quien llega no es un zar ni un cantante de moda. Salido de los más auténticos arrabales llega Neymar con todos los ingredientes para ser el jerarca del fútbol mundial dentro de muy poco.

Para nadie es un secreto que el Brasileño tiene el número 3 en ese top five de los futbolistas de más rankings en goles e ingresos. Al parecer la gente ya está aburrida de la rivalidad Messi-Ronaldo. Hacen falta nuevos comensales para poner en la mesa y el deseo de Neymar de no ser segundo de nadie así lo demuestra.

No por casualidad los tres referentes mundiales de la fanaticada han hecho escala en España en los tribunales ante un sistema de justicia que deja escapar a los políticos corruptos mientras les hace la vida imposible a los futbolistas de élite, los cuales por cierto, ninguno es de nacionalidad española. Una envidia sospechosa corroe el banquillo de los acusados. Se olvida aquella máxima de "No juzguéis, para que no seáis juzgados".

Pero París es harina de otro costal. Los manantiales del Sena han sido tradicionalmente hospitalarios, respetuosos de la perseverancia y la entrega. En las espesas sombras de los Elíseos se admira aquello que más alegría, felicidad y esperanza le concede a sus habitantes. Francia es otra cosa. Abunda el linaje.

Quizás por eso, el Rey Neymar hace escala en París, donde no se sentirá para nada sólo. La tradición de los futbolistas de Brasil en Francia, y específicamente en el París San Germain, es bien conocida. El jugador ocupa el puesto 31 entre los futbolistas de su país que han integrado este excelente club. La saga continua.

El PSG concretamente acaba de firmarlo por 5 temporadas hasta junio de 2022. De momento Dani Alves, Thiago Silva, Marquinhos y Lucas lo acompañarán en esta exquisita aventura que ha pintado a la ciudad luz de inmensos carteles para darle la bienvenida. Realmente es mucho lo que ha hecho el PSG a pesar de su corta historia en el mundo del futbol. Estamos hablando de un club apenas fundado en 1970.

Feos han sido los titulares salidos de la directiva del Barcelona, un club que de manera general ha hecho muy malos negocios de fichajes en los últimos años, exceptuando la armazón de su tridente delantero ahora desarmado con la salida de Neymar.

Primero se ha dicho que el Barcelona no pagará las primas acumuladas por Neymar por haber renovado contratación hace un año, una actitud mezquina cuyo cauce desembocara en los tribunales. Penosamente el contrato habla de este dinero a favor del deportista y por lo tanto habrá que pagar aunque duela.

Lo segundo fue que la liga española se negara a recibir el monto de la transacción en primera instancia, como si en medio de la crisis actual se pudieran permitir el lujo de no aceptar esa millonada.

Lo tercero es el derecho mundial que tienen todos los habitantes de este planeta de regir sus vidas. No es negocio de país ni de club decirle a nadie cómo y dónde debe vivir su vida. Eso se llama libertad, por cierto.

Lo cuarto y más penoso es leer a los seudoperiodistas, gacetilleros de poca monta, enredadores y breteros, arremetiendo contra Neymar. Son las mismas firmas y medios del barcelonismo y de otras fuentes, que viven a cuenta y riesgo de ensalzar miserias ajenas o hacer leña de supuestos árboles caídos. Dan asco.

Hasta hace una semanas veían al paulista como un ser espléndido, galáctico, cósmico, magnífico, apoteósico y hasta ditirámbico. Y ahora de momento lo reducen a todo lo contrario. La mezquindad los hace mediocres. Intentan cambiar los adjetivos y descubren que se les acabó el diccionario.

Y en medio de toda esta agonía sobrevive el hincha, ese ser humano con la fidelidad como bandera y que con temor de las acusaciones emanadas de los escudos, las camisetas o las gradas, muy en secreto, ahora mirará más de cerca al PSG. La razón es sencilla: atesora un cariño por quien recién ha partido a otras tierras dejándole en su interior no pocas satisfacciones y alegrías.

Claro está, que no falta el analista apegado a las estadísticas, dispuesto siempre a recordarnos los datos fríos y elocuentes remitidos a una realidad incuestionable: mientras el barcelonismo se despotricó con el exquisito excentricismo de Neymar el Real Madrid lo único que logró fue ganar dos Champions consecutivas. Poca cosa.

Tampoco es imposible lidiar con los que leen el futuro. Esos creen fehacientemente en que el histrionismo de Neymar, con una marcada tendencia a crecer por días, solo tiene cabida en un “Star system” cuyo nombre es Real Madrid Fútbol Club. Amanecerá y veremos.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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