En el narcoestado nos preguntamos ¿Votar o no votar?
La MUD tiene que recapacitar si realmente le interesa recuperar respeto y credibilidad. Tiene que tomar en cuenta ese rechazo tajante y constante que acumula este narcoestado y sobre todo meditar muy bien sobre esta realidad y cuidarse tanto de mensajes como de mensajeros

La Mesa de la Unidad Democrática (MUD) es una coalición de partidos políticos que en estos terribles tiempos de corrupción, complicidad, desgaste moral, capacidad crítica de una ciudadanía cada vez más decidida a cuestionar y rechazar manipulaciones y engaños, no ha escapado a esa especie de enfermedad cuyos síntomas son pérdida de credibilidad, solvencia moral, confianza y poder de convocatoria, lo que les ha valido que cada día sea mayor el rechazo que despierta en miles de ciudadanos, algo que debilita su capacidad de unificar acciones que conlleven a salir de un régimen corrompido y bestial que ha quedado desnudo en su delincuencial proceder y acumula día a día el rechazo de casi todos los países democráticos del mundo.

La MUD tiene que recapacitar si realmente le interesa recuperar respeto y credibilidad. Tiene que tomar en cuenta ese rechazo tajante y constante que acumula este narcoestado y sobre todo meditar muy bien sobre esta realidad y cuidarse tanto de mensajes como de mensajeros, porque nada nos puede enervar más que convocatorias realizadas por cómplices de quienes nos destruyeron el país, forzaron el éxodo de millones, matan de hambre, enfermedad y violencia criminal impune y necesitan desesperadamente cualquier posibilidad de sacar partido de lo que no es más que ambición aunque sea de cuoticas de Poder que les lanzan los matarifes de Venezuela a “opositores” siempre sin prisas para ponerle fin a la tragedia.

Y no es un decir lo del rechazo y las acciones que a diario se generan. El viernes 15 de los corrientes, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Japón, emitió un comunicado en el cual deja sentado textualmente que: “Deploran profundamente la actual situación política, económica y social en Venezuela y consideran dicha situación como muy lamentable”. Un rechazo mundial ha surgido y es evidente. Solo en esta semana, a nuevas acciones tomadas por el gobierno de EE UU, se sumaron las declaraciones de Emmanuel Macron, presidente de Francia, quien en la reciente Asamblea General de Naciones Unidas fue categórico y dijo: “Francia apuesta por la presión colectiva que impulse el respeto a la democracia. Que no se permita el fortalecimiento de las tendencias dictatoriales del régimen de Nicolás Maduro”. Igualmente hay una firme presión por parte de la Unión Europea que muestra que eventuales sanciones están muy cerca de producirse. Hasta PetroChina empresa del reconocido aliado de Maduro pidió a su sede en EE UU no aprobar préstamos a PDVSA.

Y este pasado viernes el Gobierno de Canadá hizo un anuncio que tuvo que haber puesto a correr a la narcocracia: Notificó la imposición de sanciones contra el propio Nicolás Maduro y también contra 39 "figuras" del Narcoestado, acotando que son responsables "del deterioro de la democracia en Venezuela".

Y aunque no quedan dudas de la condición de Narcoestado en que han convertido a Venezuela, también William Brownfield secretario de Estado adjunto de EE UU para la Seguridad y la Lucha Antinarcóticos, declaró –quizá por esa cautela que manejan muy bien los diplomáticos de carrera como él- que Venezuela “se acerca a ser un narcoestado debido al hecho irrefutable que miembros del régimen de Nicolás Maduro están implicados en actividades de tráfico de drogas, actos que pueden causar más sanciones contra el país en los próximos meses”.

Donald Trump resumió el drama y fue claro en lo que considera inaplazable:

1) “El pueblo venezolano está hambriento y su país está colapsando”.

2) “La dictadura socialista de Maduro ha generado un dolor terrible y un sufrimiento al pueblo de ese país”.

3) “La corrupción destruyó una próspera nación, imponiendo la ideología, generadora de pobreza y miseria en todos los lugares donde ha llegado”.

4) “Maduro ha desafiado a su pueblo impulsando una Asamblea Constituyente para preservar su desastroso gobierno”.

5) “Esta situación es completamente inaceptable y no podemos quedar al margen”.

6) “Objetivo es ayudar a los venezolanos a volver a ganar su libertad, recuperar el país y restaurar su democracia”.

7) “Estamos listos para adoptar acciones futuras si el gobierno de Venezuela persiste en su camino para imponer un régimen autoritario contra el pueblo venezolano”.

Por todo esto somos millones los que le decimos a los políticos opositores que el Voto ha sido y es nuestra arma, pero en un Narcoestado para ejercerlo no contamos con garantías ni sabemos si volverán a burlarnos. Votar sí, pero no para oxigenar a narcochoros y darle carguitos a sus ambiciosos cómplices.

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