Esta semana, el presidente Donald Trump asiste a la cumbre del Grupo de 20, en Alemania, donde se espera que defienda los valores morales de occidente como líder del mundo libre.

Sin embargo, luego de las últimas controversias en Washington, dadas por unos tuits emitidos por el Presidente, en los que ataca literalmente a CNN o se muestra particularmente cruel con una periodista de MSNBC, la hija de Zbigniew Brzezinski -asesor de Seguridad Nacional durante el Gobierno de Jimmy Carter- ¿Cómo se sentirán, mujeres de la talla de Angela Merkel, de Alemania, o Theresa May, del Reino Unido, discutiendo con su contraparte estadounidense temas trascendentales como el crecimiento económico mundial, la inmigración, el cambio climático, los refugiados o la lucha contra el terrorismo?

Quizás la mayor preocupación entre algunos de los líderes del G20 estará enfocada en la figura del propio presidente Trump, quien ha reavivado las dudas, sobre si puede ser un socio confiable ante los desafíos geopolíticos comunes.

La cumbre del G20, que comienza el 7 de julio, podría ser una excelente oportunidad para que Trump le demuestre a esos líderes, que están poco impresionados por su estrategia política a través de las redes sociales o por sus reiterados ataques a la prensa, que tiene la autoridad moral para desempeñar el papel de guía en la escena mundial de los próximos años.

Por lo pronto, Trump y muchas de sus políticas claves son ampliamente impopulares en otros países, lo que ha incidido en una pérdida de imagen de Estados Unidos en relación a su desempeño pasado.

Esto, según un estudio del Pew Research Center, que abarca 37 naciones y denota que sólo un 22% de ese universo confía en Trump cuando se trata de asuntos internacionales.

Lo anterior contrasta con la popularidad de los últimos años de la presidencia de Barack Obama, cuando un 64% expresó más seguridad en las habilidades del predecesor de Trump para sentar la pauta en el escenario mundial.

Es decir, si trasladamos estas conclusiones a los valores de la plataforma del momento, serían por ejemplo los 33 millones de seguidores de @realDonaldTrump, contra los 91.4 millones de @BarackObama, en twitter.

Otro punto preocupante, es la relación de Trump con los medios, que desde los tiempos de la campaña presidencial estuvo siempre caracterizada por conflictos regulares, entonces atribuidos a la polarización política de las elecciones. Pero las tensiones se han intensificado desde que el Presidente asumió el cargo.

Si bien es cierto, que la libertad de expresión es todavía un bastión fuerte de la sociedad estadounidense, esa tendencia viene en declive y el gobierno de Barack Obama, que también fue criticado por limitar el acceso de los medios, pero “ningún otro presidente de Estados Unidos ha mostrado un mayor desprecio por la prensa que Trump”, según Freedom House.

En todo caso, tomando en cuenta que desde que asumió el cargo, Trump ha estado ocupado tratando de contrarrestar las acusaciones sobre los supuestos vínculos entre miembros de su equipo de campaña y Moscú. Seguramente la reunión con el presidente ruso Vladimir Putin, durante la cumbre del G20, eclipsará toda tormenta pasada.

El encuentro entre Trump y Putin será un choque espectacular de personalidades y seguramente el Presidente, otra vez, volverá a robarse los titulares.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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