Entre la promesa electoral y la palabra presidencial
Hay dos razones que han obligado al Presidente a cambiar de opinión: la presión de consejeros y aliados para que adapte sus sueños electorales a la realidad gubernamental y el Congreso que se ha interpuesto en su camino

Aun cuando Donald Trump prometió durante su campaña electoral deshacerse de los logros más preciados de su predecesor, Barack Obama, sus primeros ocho meses al frente de la administración le han revelado que es casi imposible, o inconveniente, llevar a cabo muchas de sus promesas y esa situación lo ha obligado a revertir el rumbo inicial.

Hay dos razones que han obligado al Presidente a cambiar de opinión: la presión de consejeros y aliados para que adapte sus sueños electorales a la realidad gubernamental y el Congreso que se ha interpuesto en su camino.

Un ejemplo significativo es Afganistán. Trump dijo inicialmente que la continua participación de las tropas estadounidenses en una guerra que no se podía ganar era un grave error.

No obstante, después de escuchar los argumentos persuasivos de sus comandantes y asesores militares, se dio cuenta de que aún quedaba trabajo por hacer.

De esta manera, Estados Unidos decidió que después de todo tenía un papel importante que desempeñar y ordenó un nuevo despliegue de alrededor de 3.500 soldados, que permanecerán en Afganistán mientras las condiciones lo requieran.

Luego está Irán. Trump se opuso desde el principio al acuerdo nuclear con Teherán, firmado durante la administración de Obama, porque lo considera un país enemigo que financia y apoya facciones extremistas opuestas a los intereses de Washington, particularmente en Irak y Siria y en todo el Medio Oriente.

Sin embargo, el convenio de 2015, negociado por Estados Unidos, Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania, en virtud del cual Irán acordó limitar su programa nuclear a cambio de un levantamiento gradual de las sanciones económicas está funcionando y Trump ha tenido que admitir que la república islámica ha cumplido hasta ahora su parte del acuerdo.

Es cierto que no ha sido fácil para el Presidente constatar que sus propuestas electorales no son fáciles de implementar, rodeado de asesores que le advierten de las consecuencias de cambiar drásticamente las reglas políticas del juego.

Por supuesto, Trump retiró a Estados Unidos del Tratado de París sobre el cambio climático, pero podría cambiar de opinión “si hay condiciones necesarias para volver” como señaló recientemente el secretario de Estado, Rex Tillerson.

La respuesta política y social a su intento por desmantelar la orden ejecutiva de Obama, que favorece la permanencia de jóvenes inmigrantes ilegales, lo ha obligado a expresar públicamente, que sería injusto deportar a los jóvenes conocidos como "soñadores" por no ser responsables de que sus padres los hubieran traído ilícitamente a Estados Unidos, cuando eran niños.

Estos ajustes en la toma de decisiones del presidente Trump y su iniciativa de abrir un canal de negociación con los demócratas, pueden ser bienvenidos por aquellos votantes de mentalidad más liberal en Estados Unidos.

El juego ahora es convencer a esa base de apoyo conservadora que lo llevó a la Casa Blanca, de que ha llegado el tiempo de pactar y tender puentes, porque el prometer políticas y hacerlas operativas, no siempre va en una misma línea si no se obtienen los consensos necesarios para minimizar el choque de intereses.