La libertad es el fin político más alto. Concepto de Lord Acton que el Parlamento brasileño puso en práctica cuando juzgó y destituyó a la Jefa de Estado, Dilma Rousseff. Estos garantizaron la irreversibilidad del proceso democrático en su nación y que el estado de derecho es la estructura social esencial de la libertad.

Sin embargo, los parlamentarios conocen que Dilma era solo una pieza en el pico del iceberg del escándalo de corrupción del sector público carioca. Las profundas irregularidades en el servicio público del país recaen en el creador del Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil, Luis Ignacio Lula da Silva, Presidente de Brasil de 2003-11 y de relaciones muy estrechas con los autócratas, especialistas en mal manejos de los fondos públicos y otros crímenes, Fidel Castro y Hugo Chávez.

Estas actividades corruptas son la mayor confabulación criminal de la historia brasileña; nombrada caso Lava Jato o caso Petrobras. Que se hizo más evidentes cuando el juez federal Sergio Moro puso en la publicidad las conversaciones telefónicas de conspiración entre la presidenta Dilma y Lula da Silva.

Dilma Rousseff usó toda su influencia de su poderoso cargo de Gobierno; y en una acción de compadrazgo y caciquismo designó a Lula como ministro de la Casa Civil, cargo más importante en el Ejecutivo, para protegerlo del proceso judicial común que se le avecinaba. Implicándose, la Rousseff, en un delito de responsabilidad establecido por la Constitución y por la cual fue destituida, con todas las garantías de la ley, de su cargo presidencial.

Lula da Silva, en sus relaciones íntimas e imitativas con los hermanos Fidel y Raúl Castro, olvidó que dirigía un país democrático, en estado de derecho y prensa libre; que las actitudes delictivas de esos cabecillas socialistas son impracticables y condenables en un Estado democrático. Que Cuba es un feudo único donde secuestraron una nación bajo las predicas estalinistas.

En el 2003, en una visita a Cuba, da Silva dijo lamentar la muerte del opositor huelguista Orlando Zapata Tamayo y plagió las palabras de su victimario Raúl. Sin embargo, no condenó las graves y sistemáticas violaciones de los derechos humanos (DDHH) existentes en Cuba y comparó a los disidentes cubanos con delincuentes. Al mismo tiempo, el PT de Lula impedía que se adoptara una resolución condenatoria a las violaciones de los DDHH del pueblo cubano en la Cámara Baja del Parlamento brasileño.

La dictadura castrosocialista condujo al régimen a una cleptocracia donde la integridad y transparencia colapsaron por la falta de prensa libre y la dependencia del sistema judicial. Todos los delitos de corrupción están presentes en Cuba. Desde la mala administración de los fondos públicos, asociado al soborno, fraude, prevaricación, extorsión, influencia, impunidad, nepotismo y otros crímenes graves como el tráfico de drogas, lavado de dinero, crimen organizado y prostitución. A tal punto llega la corrupción de Castro y Lula que no podemos creer en el buen manejo de las exportaciones de partes del cuerpo humano entre Cuba y Brasil y la construcción del nuevo puerto del Mariel.

Por supuesto, existen ejemplos que detallan hasta los más mínimos estas operaciones corruptas. El nepotismo está arraigado a la cúpula dirigente del país. Castro tiene a varios de sus familiares en puestos importantes del aparato de inteligencia, seguridad, negocios y el turismo. Estos familiares son Alejandro Castro Espín, hijo, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto, y Luis Alberto Rodríguez López-Callejas, yerno. Asimismo, otros parientes en cargos menores.

Empero si todo esto fuera poco, el régimen está vinculado a la droga desde hace mucho tiempo y existen algunos de sus cómplices que los acusan públicamente. Ellos son John Jairo Velázquez (Popeye) y Juan Reinaldo Sánchez. El colombiano Velázquez fue secretario privado y jefe de seguridad del narcotraficante Pablo Escobar Gaviria. Él vinculo a Fidel y Raúl Castro con el Cartel de Medellín. Declaración relatada a la Cadena Radial Colombiana en el 2014. Sánchez narra en su libro “La vida secreta de Castro”, del 2014, la vinculación del mandatario con la droga. Vivencias obtenidas durante diecisiete años en su oficio de guardaespaldas de Fidel Castro.

En realidad, nada de estas acciones corruptas de Lula, Dima y el Partido de los Trabajadores, o la de los Castro en Cuba, me causan impresión; porque esta es una de las características fundamentales del socialismo, desde la toma del Estado en Francia de Robespierre hasta su caída en Europa Oriental a finales del siglo XX. Estos socialistas de todas las épocas, inclusive los del siglo XXI, quieren ayudar a los pobres aumentando los impuestos, con la socialización de la economía y la creación de un estado paternalista que limita las libertades.

El socialismo fue descrito en una frase lacónica del Conde de Mirabeau, al referirse a los montañeses franceses, expresó que “los jacobinos dejan de ser jacobinos cuando llegar al poder”. O sea, los socialistas en su afán desmedido de riquezas destruyen con su corrupción y el igualitarismo las instituciones democráticas del país. Por eso es justo parafrasear a los brasileros: ¡fuera Lula!; ¡fuera Castro!; ¡fuera socialismo!

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