Gracias, Mike Fernández
Aunque Mike asegura que no le interesa comenzar una carrera política, nos demuestra que sí se puede hacer política sin tintes partidistas, desde las convicciones y generando alianzas sin cálculos mezquinos

@camila_mendoza

Entrevisté a Miguel “Mike” Benito Fernández el tercer sábado del mes de mayo en su casa ubicada en Gables Estates. Fue una tarde plácida en la que sólo se escuchaba el rumor de la brisa en las hojas de los árboles que rodean su vivienda.

Tuve la oportunidad de conversar y compartir con él, y me llevé la mejor impresión de Mike como hombre y amigo. Me sorprendió, entre otras cualidades muy escasas en la clase empresarial, su refinada sensibilidad y conexión con la naturaleza. Su preocupación por los animales, fieles compañeros en sus horas difíciles, y su abnegada entrega a quienes lo rodean.

Inicialmente me acerqué a Mike para conocer más sobre IMPAC (Immigration Partnership & Coalition), su fundación creada para brindar asesoría legal a inmigrantes indocumentados sin antecedentes penales. Este es -entre otros proyectos- su más reciente obra altruista con la que trae a miles de indocumentados una bocanada de aire fresco y de humanidad, en tiempos de miedo en los que millones de familias temen a la deportación.

Aunque Mike asegura que no le interesa comenzar una carrera política, nos demuestra que sí se puede hacer política sin tintes partidistas, desde las convicciones y generando alianzas sin cálculos mezquinos.

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Es así como este hombre de origen cubano ya convertido en un magnate del área de la salud expresa a través de sus gestos que los “multimillonarios” no sólo tienen cifras macroeconómicas en la cabeza, sino que también poseen recuerdos del presente y el pasado, instantáneas del alma colectiva, de las calles que recorrió y de las personas que conoció.

“Yo también fui un inmigrante indocumentado”, repitió Fernández en muchas de sus entrevistas en las que recordó su paso por México al escapar de Cuba junto a sus padres. Dejando claro desde un inicio que tiene plena conciencia de la fragilidad de nuestra comunidad y de sus orígenes.

Vivencias como estas lo impulsan a levantar IMPAC y a defender programas como DACA. “Presidente Trump, nosotros somos los DREAMERS de ayer”, dijo recientemente en un evento junto a líderes de la comunidad en Miami Dade College.

¿Cuántos millonarios y políticos dejan a sus asesores o guardias personales para salir a caminar para intentar ser relevante para los demás? ¿Cuántos de nosotros mismos nos damos el tiempo para hacerlo?

Mike lo hizo cuando emprendió su famosa travesía del Camino de Santiago, recorrido desde Francia hasta Santiago de Compostela del cual surgió su libro Humbled by the Journey, un texto de citas y reflexiones en el que dejó plasmado lo más sagrado y entrañable de su vida.

Todo en medio de un intenso peregrinaje de más de 500 millas que enfrentó con el único propósito de recaudar 3 millones de dólares para los niños del Miami Children's Hospital.

Y llama la atención que haya decidido caminar, porque caminar significa exponerse al encuentro con el otro, y al pensar que comienza a fluir en nosotros cada vez que nos movemos haciendo camino al andar, como dice la canción.

Sólo Mike sabe a cuantas personas ha ayudado con delicadeza y en silencio, como acostumbra a hacerlo. Yo soy una de ellas, y me siento bendecida de haber contado con él para enfrentar la usura y el abuso de una compañía aseguradora.

Me imagino que en su alma deben estar los rostros de los niños, padres de familia y ancianos a los que por años les obsequió dinero por las calles de La Pequeña Habana en época de Navidad. Y creo que en su corazón deben estar los rostros de esas madres con hijos enfermos que acuden a él, esas mismas madres que nos enseñan a sonreír ante la fatalidad con inexplicable paciencia.

Sé que esta columna puede ser vista como un acto de adulación, y tal vez esté contaminada con una buena dosis de nostalgia y cansancio, del que todavía no me recupero tras el paso de huracán Irma. Pero valía la pena intentar compartir el aura de serenidad y placidez que me transmitió este filántropo.

Por eso, quiero dar las gracias a Mike Fernández por demostrar que no es en los indicadores económicos o en los gráficos fastidiosos y monótonos donde están las respuestas trascendentales de la vida.

Gracias porque lo mejor de su historia es que nos recuerda nuestra identidad, y todavía nos provoca orgullo a los que ni siquiera somos cubanos. Gracias Mike por dejar claro que el éxito no se construye sólo desde la gestión económica, sino que nace de un espíritu, un impulso genuino y una verdad.

Ni la virtud ni la convicción se pueden medir con indicadores matemáticos. Tampoco se pueden adquirir de la noche a la mañana: las convicciones no se improvisan. Por eso, gracias de nuevo por tu necesidad de ayudar, de levantar proyectos auténticos (no fabricados desde el marketing), por movilizarnos y recordarnos que todavía hay empresarios a quienes admirar.

Gracias por concebir el desarrollo a favor del amor y la amistad, porque nunca has dejado de ayudar al resto para tener lo elemental. Sí, tener lo elemental, porque ése es el tesoro más grande.

Gracias porque tenías que ser tú, un millonario guajiro cubano de Manzanillo quien nos recordara que hay cosas que tienen valor, pero no precio.

Gracias Mike Fernández.