@folivares10

Hace tres años, cuando Venezuela comenzaba a entrar en el oscuro túnel de la crisis humanitaria por la profundización de la pobreza, el desabastecimiento y la inflación, algunos de sus líderes rebelaban de manera espontánea, la verdadera razón de llevar al los venezolanos a la más extrema dependencia bajo control del Gobierno.

Tarek El Aisami, actual vicepresidente, quien se abría paso como un ficha clave de la nueva etapa madurista expresaba a través de un programa de Venezolana de Televisión, desde el Estado Guárico: “Estamos en el corazón de un barrio, y mientras uno más consigue pobreza hay más lealtad a la revolución y más amor por Chávez. Mientras el pueblo es más pobre es más leal al movimiento revolucionario”, señalaba con énfasis mientras Nicolás Maduro asentía sus palabras. Héctor Rodríguez, candidato a la gobernación de Aragua, expresaba algo similar en el sentido de que no se podía llevar a los pobres a la clase media porque de esa manera el PSUV perdería su base electoral.

Algunos analistas han sostenido que la “debacle criminal” a la que se ha conducido el país tiene su origen en la elección que hizo el pueblo venezolano de colocar frente al Gobierno a militares ignorantes que devinieron mafias corruptas.

Y aunque tal aseveración tiene bases ciertas no hay que olvidar que se trata de un modelo asesorado desde La Habana que se propuso destruir el sistema productivo privado, la libertad económica y le otorgó el control al Estado de todos los procesos de la vida ciudadana.

Ahora bien, la consecuencia lógica de haber implantado ese “socialismo” en Venezuela ha sido la generación de 82% de pobreza (Encovi) y una desnutrición que comienza a alcanzar a 60% de la población infantil en los sectores populares (Caritas). Para el chavismo son daños colaterales, pero al mismo tiempo un efecto muy útil para mantenerse en el poder.

Más allá de las estadísticas, nos encontramos frente a una dirigencia descarada, que no se detiene ante nada, que no se conmueve ante los estragos que sus políticas están causando a la población venezolana. De allí que los efectos causados por el control de toda la economía, de las importaciones, de la distribución de productos y el control de al menos 600 empresas del Estado, han sido igualmente instrumentos para mantener a la población en estado de pobreza, a la espera de que cada dos meses a su hogar llegue una caja de alimentos (CLAP), que el Carnet de la Patria les provea de alguna vivienda o un empleo o les de acceso a algún beneficio como los que ostentan quienes controlan a las comunidades populares.

El pasado domingo Nicolás Maduro, a pesar de encontrarse a la cabeza de una nación quebrada, volvió a insistir en sus mismas dádivas. Habló de miles de millones para ofrecer a los jóvenes empleo y viviendas, cuando por las fronteras venezolanas escapan varios miles de jóvenes mensualmente en busca de futuro. Ofreció pasar los llamados “Fundos Zamoranos”, que son fincas expropiadas y quebradas por la revolución, al ministerio de Agricultura Urbana, el mismo organismo que planteó la cría de conejos como una opción frente al hambre.

De los socialismos del siglo XXI en el continente el único que aplicó con puntos y comas el modelo cubano fue el venezolano. En una entrevista que hace unos meses sostuvimos con el embajador de Ecuador en Venezuela nos explicaba que en su país no se hablaba de socialismo, que allí nunca se expropiaron tierras productivas ni empresas, se respetó la propiedad privada y el libre mercado y lo más importante, aprendieron de nuestros errores.

Bolivia, a pesar de que Evo Morales es un socialista emocional, ha manejado su economía con acierto logrando importantísimos niveles en el control de la pobreza y la desnutrición. Y Nicaragua, luego de haber vivido el fracaso económico y político en la experiencia socialista anterior, hoy se apoya en el sector privado.

Venezuela, la más destacada de las democracias de Latinoamérica durante 40 años, hoy es la preocupación y el estigma de los países democráticos de América y Europa. En 18 años se conformó una burocracia enriquecida por corrupción frente a una población pobre. Sin embargo, ese país ha reaccionado ante el mensaje populista y la gran mayoría hoy apuesta a un inminente cambio político a mediano plazo. Hasta los sectores en pobreza le han dado la espalda al populismo socialista.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

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