El legado del socialismo del siglo XXI en materia de salud es sencillamente triste. El retroceso en Venezuela es notorio, las estadísticas alarmantes y la actitud del Gobierno, la de siempre: querer tapar el sol con un dedo.

La salud en el país sudamericano gobernado por el chavismo vive su peor momento desde 1936. Hoy en día, la mortalidad materna que se registra en el país es la misma que hace 42 años, a pesar de los avances de la medicina y la tecnología; y para quienes este dato no resulte alarmante, basta decir que en los últimos 18 años este indicador ha aumentado en un 40%.

Por otra parte, la tasa de mortalidad infantil ha dejado de mejorar según el cálculo de los especialistas en los últimos 10 años, cifras que podrían ser mayores considerando que el Gobierno venezolano no publica desde 2012 los indicadores oficiales en materia de salud.

Este silencio del Estado venezolano dificulta no solo la evaluación del sistema sanitario, sino el diseño de políticas de salud para el beneficio de sus ciudadanos.

La muerte de 10.500 bebés en los hospitales venezolanos durante el año 2016 es una realidad, y a esto hay que sumarle como agravante la malnutrición de los infantes en el país, lo que implica una mayor propensión a enfermedades y al aumento de la mortalidad infantil. Como muestra la escasez de fórmulas lácteas en el 64% de los servicios pediátricos.

Lamentablemente, en Venezuela no hay vacunas, no hay programas ni planes de inmunización, lo que coloca al país entre los últimos de la fila en América Latina, por eso no extraña la reaparición de enfermedades como la difteria.

El regreso de la malaria, una enfermedad prácticamente erradicada, es otra muestra de la crítica situación sanitaria, de hecho se han confirmado 250 mil casos de la enfermedad en 2016, según reportes extraoficiales.

Mientras el chavismo se muestra ante el mundo como el gran defensor de la sanidad pública, las estadísticas confirman que más de 63% de la población no tiene seguro médico y que la escasez de medicamentos alcanza el 78%.

La carencia de materiales médico-quirúrgicos está en el orden del 75%, y que un 51% de los quirófanos del sistema público no está funcionando. Además, el 39% de las 16.328 camas de los hospitales del país y el 64% de los servicios de nutrición hospitalaria tampoco. Definitivamente, la salud en Venezuela está herida de muerte.

Las opiniones emitidas en esta sección no tienen que reflejar la postura editorial de este diario y son de exclusiva responsabilidad de los autores.

 

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