Huir del exceso de alarma
Si bien hay que ser precavidos, como lo dicta el instinto de preservación que tenemos todos los seres humanos, no es menos cierto que, racionales por esencia, no debemos caer en las trampas del miedo y asumir conductas erradas

No han transcurrido ni dos semanas desde que los efectos devastadores del huracán Harvey se hicieron sentir con muerte y destrucción en el estado de Texas, especialmente en la ciudad de Houston. Ahora, ese sentimiento de pánico masivo que genera la proximidad de un fenómeno atmosférico de grandes proporciones se traslada al sur de la Florida, pero aunque hay que estar informados, el camino de la alarma excesiva no es el correcto.

Desde el momento en que los modelos de pronóstico mostraron a esta sección de los Estados Unidos en el probable trayecto del huracán Irma, hordas de residentes de la zona se lanzaron a las calles para dirigirse a las tiendas en busca de agua, linternas, productos enlatados y otros elementos porque en la mente colectiva comenzó a hacer mella la palabra tragedia.

Si bien hay que ser precavidos, como lo dicta el instinto de preservación que tenemos todos los seres humanos, no es menos cierto que, racionales por esencia, no debemos caer en las trampas del miedo y asumir conductas erradas que nos pueden llevar a obtener resultados contrarios a los que esperamos. En vísperas de Harvey, vale decir, algunas personas murieron por problemas cardiovasculares que les sobrevinieron de cuadros nerviosos muy críticos.

La calma en estos casos es el proceder adecuado. De nada sirve perder la cordura en un momento que requiere de nuestra más completa atención y de una lucidez que nos debe llevar a la toma de decisiones ajustadas a las necesidades. En estados de alteración muchas veces las determinaciones que adoptamos no son las más indicadas. Ejemplos que se derivan de esta premisa hay por montones.

Es evidente que si Irma dirige su curso destructor hacia el sur de la Florida debemos estar preparados. Las experiencias de Andrew y Wilma, entre otros poderosos huracanes que han tocado esta parte de los Estados Unidos, nos dejaron enseñanzas que no podemos desechar, y quizás la más importante es que no puede cundir el pánico entre la comunidad, pero también que debemos actuar unidos en todo momento.

Dar pasos sin la sindéresis que caracteriza al ser humano es tanto como abocarnos a la posibilidad de que los pronósticos de las autoridades ambientales neutralicen nuestro raciocinio y caigamos en un mar de actos que incluso pueden poner en riesgo nuestras vidas. Para algunos es más difícil, pero en calma y con actitud responsable, esperando los designios de la naturaleza, podremos salir airosos de esta nueva prueba.