Humboldt y Darwin: hilos históricos y biográficos
La primera analogía que destaca entre ellos es que nunca aceptaron esa frontera artificial que existe entre ciencia y humanismo

Darwin y Humboldt, dos europeos cuyas grandes pasiones fueron la historia natural, los viajes científicos y los trabajos de investigación, poseen hilos históricos y biográficos comunes que los convierten a los dos, casi sin saberlo, en pioneros de la botánica evolucionista, la geografía humana y prefiguradores del mundo moderno, tras atreverse cada uno con sus particularidades a investigar todo lo correspondiente al origen y evolución del Universo basándose en diferentes ramas del saber científico.

La primera analogía que destaca entre ellos es que nunca aceptaron esa frontera artificial que existe entre ciencia y humanismo. Mientras que el pensamiento científico transcurre de lo ambiguo a lo exacto, sin agotar jamás la diversidad presente en la naturaleza, el humanista florece de lo aparentemente exacto a lo impreciso sin interesarle demasiado la estrechez de la exactitud. Eso fue lo que hicieron estos dos iconos de la ciencia mundial de los siglos XVIII y XIX.

Nacido el 14 de septiembre, de 1769, en Berlín, 40 años antes que Darwin, Friedrich Heinrich Alexander Barón de Humboldt cursó estudios de física en la Universidad de Gontingen y de Geología en la Escuela de Minas de Friburgo, además de atesorar profundos conocimientos científicos sobre áreas tan diversas como la etnografía, antropología, física, zoología, ornitología, climatología, oceanografía, astronomía, meteorología, vulcanología y ciencias humanísticas que lo convirtieron en un ilustrado integral.

Por su parte, Charles Robert Darwin nació en Shrewsbury, Inglaterra, en 1809, en el seno de una familia de científicos, y sus estudios de medicina en la Universidad de Edimburgo le sirvieron para adquirir conocimientos de taxidermia, anatomía, zoología, biología, botánica, si bien nunca dejó de impregnarse de los ambientes intelectuales de la época como lo muestra su afiliación a una Sociedad Pliniana. Convencido de que su vocación no era la medicina, Darwin ingresó en el Christ’s College de Cambridge en la carrera de Teología, donde cambia el título de letras por los estudios de entomología, química, mineralogía y geología, comenzando a coleccionar y clasificar escarabajos, que supuso el primer paso del eminente naturalista inglés hacia su teoría de la evolución de las especies.

Ilustrados y librepensadores, ambos estuvieron, primero, contaminados por la curiosidad renacentista en contra del canon escolástico medieval, y luego por las investigaciones y los viajes de ilustres científicos que le precedieron. De hecho, Humboldt fue una referencia para Darwin, quien admiró sobre todo el novedoso sistema utilizado por el barón alemán para estudiar la compleja dimensión de la naturaleza. Por tanto, Darwin es el alumno aventajado de Humboldt; y Humboldt, el consejero anticipado de Darwin.

Si Platón expuso en su “Banquete” la teoría del andrógino esférico cuya trascendencia era tan inquietante que Nietzsche la dividió en dos para sustentar su posición filosófica perspectivista, Humboldt, como también su maestro Goethe, denotan en no pocas ocasiones una filiación platónica y aristotélica en sus posiciones filosóficas. En este sentido, muchas de las reflexiones contendidas en algunos capítulos de su obra "Cosmos", sobre todo aquellas relacionadas con los conceptos de armonía y totalidad, confirman esta influencia. Sin embargo, si bien es verdad que Humboldt conocía a fondo los diálogos de Platón y los ensayos de Aristóteles, sus concepciones metafísicas aparecen depuradas por la visión trascendentalista de Schelling, maestro de filosofía no sólo de Goethe y de Humboldt sino de muchos otros geólogos y naturalistas contemporáneos como Carus (padre del “arquetipo vertebrado” que tanta repercusión tendría en la teoría de la evolución), Oken, von Baer, Borda, Broussonet, von Buch, y luego Darwin.

Las influencias y el trasiego conceptual de entre unos y otros son insospechadas, que en el caso del naturalista inglés las recibiría también de Lamarck, Henslow y Sedgwick, éstos últimos profesores de Darwin.

No exageramos tampoco si decimos que “La Historia Natural” de Plinio el Viejo no sólo influyó de manera especial en la ciencia y la técnica del renacimiento sino también en las teorías de Humboldt y Darwin, quienes se formaron en un época en que un artista sabía perfectamente lo que era un poliedro y un naturalista o un geólogo lo que era una sinfonía. Por eso, tanto Humboldt como Darwin fueron capaces de sentir la curiosidad científica y el compromiso filosófico que impulsó a Plinio, durante una erupción del Vesubio, a averiguar el origen y la composición de aquellos gases, en su “Naturalis Historia”, obra que no acabaría nunca, asfixiado por los vapores venenosos de su objeto de estudio.

En una carta de despedida, escrita por Humboldt en 1799 desde Madrid a una amigo, el científico alemán señala: "Voy a considerar siempre la correlación e interacción de las fuerzas, la influencia de la creación no viva en el mundo animal y vegetal; en esta armonía se fijarán para siempre mis ojos." Esta frase tuvo que recordarla Darwin cuando observó fascinado a sus célebres criaturas, desde las Islas Galápagos hasta Nueva Zelanda.

Las afinidades entre ambos son obvias e ilimitadas. Siendo un estudiante con apenas 22 años, Darwin se embarcó en 1831 como naturalista en el Beagle, llegando a las costas de Tenerife deslumbrado por las descripciones que había hecho Humboldt durante su “Viaje a las Regiones Equinocciales del Nuevo Mundo”. Sin poder bajarse en la isla que tanto anhelaba conocer, por el temor de las autoridades a que la tripulación portara el cólera, aquel viaje que debía de durar dos años acabó cinco años después, el 2 de octubre de 1836, en Falmouth. Una vez más, Darwin, hechizado por el fantasma científico de su maestro Humboldt, llevaría a cabo uno de los viajes más importantes de toda la historia de la ciencia, que acabaría con la significativa teoría de los orígenes de las especies, y el estudio de los orígenes del hombre.

(*) Analista y consultor