La cobardía es la madre de la crueldad
Hoy, en esta revuelta ciudadana, resulta que no todos los que padecimos o vivimos los golpes de estado de Chávez y su pandilla, somos los que con más bravura luchamos

Desde que Hugo Chávez hace un cuarto de siglo irrumpió en el escenario venezolano aquella madrugada del 4 de febrero de 1992, han transcurrido más de 25 años en los cuales hemos ido conociendo lo peor que pudo nacer en Venezuela. Troperos golpistas, asesinos, ladrones, ambiciosos, amorales, incultos, todos en combinación con unos civiles igualmente indecentes.

Eso, eso es historia, y muchos de nosotros la tenemos fresca, viva… Pero hoy, en esta revuelta ciudadana, resulta que no todos los que padecimos o vivimos los golpes de estado de Chávez y su pandilla, somos los que con más bravura luchamos. No, los que están dando sus vidas por la liberación de una Nación que cayó en manos de una pandilla asquerosa, los que tienen esas calles encendidas de ira, son muchachos, casi niños que no conocieron la democracia y están escribiendo con su sangre esta página de nuestra saga libertaria.

Jóvenes gloriosos que para nuestra furia, los asesinos que están en el poder, además de segar sus vidas, los pretenden calumniar y estigmatizar, diciendo de ellos, que van a las protestas pagados por partidos opositores, que les dan dinero y drogas. Esto lo dicen los delincuentes que integran el régimen y que el mundo entero les conoce por narcotraficantes, ladrones y ahora brutales asesinos.

Jóvenes gloriosos que hay que apoyar y también mostrarles quienes integran esa canalla que los liquida y que de rodillas ante los invasores cubanos, hoy más que nunca practica el “Código de Sumisión”, ese que viene utilizándose en los centros de formación militar en Latinoamérica desde hace siglos, pero que hoy en Venezuela provoca nauseas.

Decirles a nuestros nuevos libertadores que este espanto que hoy nos sacude y golpea es un capítulo más que se suma a esa vergonzosa historia militar llena de tiranos, de cobardes, de traidores, historia que no es solo venezolana ya que este nuestro subcontinente tiene un ignominioso muestrario de ejemplos. Especímenes que compiten entre sí para ver quién es más ruin, quien más monstruoso… Decirles a ellos que esta montonera chavista nos retrotrajo al siglo XIX, y que su barbarie es similar a la padecida por los ciudadanos de la época.

Contarles hoy, porque nada es más contundente que la historia y sus lecciones, un episodio brutal acaecido el año 1836. Episodio que permite conocer los efectos nefastos de aplicar ese Código de Sumisión, y que coloca a un presidente civil y honorable llamado José María de los Dolores Vargas frente a un militar brutal, por cierto afecto al movimiento bolivariano, de nombre Pedro Carujo, cuya descripción histórica lo muestra altanero, grosero, insulso, desalmado, despreciable e inhumano. Jugarreta del tiempo que copia en Hugo Chávez y en esta indigna recua militar de hoy los mismos rasgos horribles de quien impuso aquella fría madrugada de hace 181 años a un académico, a un humanista, a Vargas el presidente más civilista en la historia del país, la barbarie militarista. Carujo a las puertas del palacio de gobierno en tono insultante y retador le grita al presidente Vargas: “El mundo es de los valientes” y el presidente Vargas, con tono pausado y sabio le responde: “No, el mundo es del hombre justo”.

A pocos días del ataque al Poder Legislativo por parte de esta narcotiranía militar que nos asfixia, pienso y encuentro en Pedro Carujo el gran prototipo y exponente del militar formado en una academia y convertido en un cobarde activo aunque se crea valiente, porque la cobardía es un gen maligno que se guardó en los aposentos de los cuarteles y batallones en forma de heroísmo y de vez en cuando si las condiciones son propicias se activa y se les mete en la cabezota mostrenca a tenientes, capitanes, coroneles, generales, almirantes y otros especímenes que hoy vemos sumisos a Nicolás Maduro, la marioneta de Raúl Castro… En estos 100 días de lucha ciudadana, con nuestros héroes asesinados por militares y sus compinches los colectivos chavistas, con la imagen de nuestros diputados pateados y ensangrentados, es palpable lo que decía Montaigne padre del pensamiento humanista francés del siglo XVI quien aseguraba que la cobardía es la madre de la crueldad.

¡Ah! y el cambio de cárcel de Leopoldo López no puede resultar tapadera para esta narcotiranía bestial, porque simplemente es una pretensión de distraernos, ya que continúa preso, como cientos de otros inocentes. Por tanto sigo preguntándome: ¿Quedarán en esos cuarteles hombres que no sean crueles, cobardes y sumisos? Como en el póker ¡Pagamos por verlo!

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