@ovierablanco

“El gobierno terminó depredado por sí mismo. Un gallinato que saltó al precipicio ante el terror de enfrentar la justicia, el pueblo y ¡el imperio!”

Antes del fraude constituyente, sostuve un interesante intercambio de impresiones con nuestro buen amigo y colega, el politólogo John Magdaleno. Debo reconocer que John es uno de los intelectuales venezolanos de mayor densidad académica y empírica. Un investigador genuino, que pocas veces se permite una afirmación que no venga sustentada de hechos o inferencias bien estudiadas. A raíz de su entrevista en Vladimir a la 1, emergieron una cascada de hipótesis y escenarios muy bien presentados. Analicemos algunos -ya en desarrollo- como el del pasado domingo.

John llama a la necesidad que la oposición aplique al Chavismo despechado, nostálgico o divorciado, la denominada teoría de la imputación. Es decir, si me uno a ti [yo chavista], qué consigo, qué me das a cambio… Rápidamente articula este factor con otro: “la maximización de expectativas que lanzan al ruedo algunos opositores sabiendo que existe una elevada posibilidad de que no ocurran”. Ante un escenario “suma-cero”, todo o nada o te quedas o te vas, Magdaleno sugiere que el juego está trancado. Las dos partes se consideran halcón, o por el contrario, ninguna quiere lucir gallina. En esta circunstancia la negociación se dificulta, no se percibe transición, y llegó la Constituyente. Un asalto republicano y constitucional que debió evitarse. La oposición, vale decir, aun con el rechazo del 65% de la gente, se sentó a persuadir al Gobierno de no hacerlo. Asumió el riesgo de ser “inocente paloma”. Pero la prepotencia de los radicales [oficiales] entramparon a Maduro. Y entre miedos y con muy mala pupila política -a diferencia de Chávez que en la adversidad, negociaba y accedía- decidió lanzarse al precipicio. Ahora no queda más. Maduro está en lo peor de los dos mundos. Se aprecia como gallina por los suyos (Diosdado, El Aissami), y queda defenestrado políticamente porque lo que tenía de poder, lo absorberá el usurpador congresillo constituyente, con el país encendido.

No fue país el que cayó al abismo. Fue Maduro. La Constituyente ilegitima lo que hace es catalizar el deterioro social, político y económico, factores concluyentes de estabilidad, permanencia y gobernabilidad. Coincido con John. La Constituyente vino para convertirse en la causa de quiebre superior de la coalición dominante [GOBIERNO], que conducirá a su debacle, deterioro acelerado y salida. Al imponer una fórmula caótica de mando colectivo, despojo, violencia y hegemonía, la crisis se agudizará. La posibilidad de resolver los problemas básicos será casi nula, y por el contrario, comenzará una pelea primitiva, cuerpo a cuerpo, cruzado además, por comer y defender lo propio. El Gobierno empujó al chavista divorciado a convertirse en oposición, quedando en una posición más débil, sin margen de maniobra, con sanciones internacionales que al tiempo de escribir estas líneas, ya se ejecutan. Un episodio [la Constituyente], que será recordado como el mayor gazapo político de Maduro, que sembró su fractura en el poder, consolidó la irreversibilidad de la protesta y catalizó el fin de una era.

Visto el talante contumaz, corsario y embriagado de dominio del Gobierno -decíamos- no percibo transición política. El 30J no es más que la materialización del secuestro institucional del Estado, por lo que se avizora un profundo y doloroso proceso de restauración republicana, acompañada de la intensificación de la violencia criminal y de los DDHH. En este terreno los tiempos se saltan y en medio de la reanarquización-país, el estallido social está a la vuelta de la esquina. ¿Quién lo ataja? Este será el gran desafío. Ponerse de acuerdo en frágiles momentos, y no repetir la historia del 11A, del paro petrolero, el RR/2004 o el 15A/2013 (Capriles vs. Maduro), donde o dejamos solos a los líderes o ellos se aislaron, demostrando una de nuestras mayores deficiencias grupales: la incapacidad de agregación política, la opacidad decisoria y la resistencia -peligrosamente contestaría- a los consensos necesarios.

No le temo para nada al “congresillo constituyente”. Por el contrario, habiendo tenido [Maduro] el chance de estirar la arruga, negociar y suspenderla, botó la llave por la alcantarilla. Los tiempos serán duros… pero más cortos y pesados para un Gobierno que sentenció con apostasía, lo político, lo pacífico, lo humano. El agente externo será decisivo. Su intervención será mucho más potente que lo anunciado. La insustentabilidad manifiesta de 8 millones de votos puso al descubierto la burda manipulación de un REP inflado y forjado. Es irrelevante el juego de la gallina o el águila. El Gobierno terminó depredado por sí mismo. Un gallinato que saltó al precipicio ante el terror de enfrentar la justicia, el pueblo y ¡al imperio!.

La coalición dominante ha decidido imponer una Constituyente vacía de voluntad popular y legalidad. Un parapeto que los aísla del mundo y que provocará una escalada de violencia sin precedentes ahora convertida en derecho, en deber y autodefensa. Una agresión ciudadana cómo jamás la vivió Latinoamérica, y que según Ortega y Gasset, referido a la revolución Rusa en su tratado La Rebelión de las masas, calificó como el salto hacia la nada... Pues nada que temer. Falta menos.

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