La gratificación pospuesta es la capacidad de esperar a fin de obtener algo que una quiere –también se conoce como el control de los impulsos, fuerza de voluntad y autocontrol-.

Durante las primeras etapas de la evolución, los seres humanos no experimentamos la gratificación pospuesta, por lo que ésta va en contra de nuestra naturaleza. Cazábamos cuando teníamos hambre y comíamos lo que matábamos justo allí y en ese momento. La gratificación inmediata es el instinto primario. Esto puede explicar muy bien parte de lo que está ocurriendo en el mundo actual: la satisfacción inmediata y los impulsos de los compradores por adquirir lo que está “de moda” a precios más altos que los del mercado. Debido a nuestra tendencia a comprar lo que queremos, es difícil inspirar a las personas a ahorrar para el futuro.

Felizmente mi familia me enseñó a muy temprana edad la diferencia entre comprar y querer. Siempre me decían: “La espera y la paciencia darán sus frutos al final”. Cada sábado por la mañana, mis padres me daban una mesada –paga– y me recordaban que ahorrase la mitad para un día en que de verdad la necesitara.

Hay estudios que han demostrado que si empiezas a practicar la gratificación pospuesta como, por ejemplo, esperar para jugar a un video juego hasta haber terminado de estudiar para un examen, y haces de esto un hábito, incrementarás tus posibilidades de lograr tus metas a lo largo de tu vida.

La historia de Jared

Julie y Justin se casaron cuando todavía estaban en la universidad, ambos tenían cerca de veinte años. Los dos trabajaron a tiempo completo para pagar su educación. Tuvieron que vender su carro y sus instrumentos musicales para seguir estudiando. Aprendieron a apreciar el valor del dinero.

Luego de graduarse y conseguir trabajos, tuvieron un bebé al cual llamaron Jared. Poco tiempo después, decidieron que también el enseñarían a Jared el valor del dinero. Pensaron que era el mejor regalo que le podían dar. A la edad de cinco años, le dieron una mensualidad con opciones: podía gastar todo de golpe o guardar una parte y comprar algo grande más adelante. Sus padres discutieron los pros y contras de ambas situaciones con él. A los siete años, Jared comenzó a hacer más tareas en el hogar de las que le asignaban para obtener una mayor mensualidad.

Si necesitaba más dinero, por cualquier motivo, tenía que llenar una solicitud para explicar por qué y para qué lo necesitaba. Sus pedidos no siempre eran aceptados; cuando sus razones no eran buenas, no recibía el dinero adicional. Jared fue estimulado para obtener buenas notas en el colegio y fue recompensado cuando lo hizo. A los once años, había ahorrado suficiente dinero para invertir en la bolsa de valores – dinero que planeaba utilizar para su educación universitaria.

Se graduó de la universidad y decidió ir a una escuela de postgrado. Su padre pagó la mitad del costo y Jared pagó la otra mitad. Terminó el programa que normalmente duraba 24 meses en sólo diez y encontró una gran trabajo de inmediato. Poco tiempo después compró un departamento. Su padre ofreció pagar la mitad, pero Jared respondió: “No papá; gracias, ya has hecho suficiente”. Evidentemente, Jared había aprendido lo que le habían enseñado. ¿Cuál es el mensaje? Jared descubrió que ahorrar es un componente muy importante para lograr su independencia y libertad.

Del libro “La Familia y el dinero"

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