Por Vida Gaviria
@modomama

Nadie nos contó que la crianza sería tan compleja y comprometida.  Nadie pudo prepararnos para este maremoto de emociones que nos arropa, nos levanta, nos arrulla, nos llena de satisfacción y nos lanza al vacío de la duda.  Afortunadamente traer hijos al mundo comienza con un acto de amor que es la energía que luego sustenta este rol desconocido y emocionante.  Contar con una red de apoyo para surfear las olas que supone la crianza, es vital para transitar este compromiso y mantener la cordura en el proceso.  Ser madres y padres de esta generación, requiere más que nunca de permitirnos criar acompañados.  Fomentar estos vínculos comienza por nosotros mismos.

Después de que somos padres, nuestros hijos nos unen a personas maravillosas que en otras circunstancias quizás no hubieran llegado a nuestras vidas. De la mano de nuestros bebés, peques y adolescentes entramos en el mundo de la crianza para descubrir que no hay una formula única para lograr el objetivo común: criar hijos felices, eso que comúnmente llamamos “gente de bien”.  Más bien nos adentramos en un sinfín de posibilidades, todas válidas siempre y cuando preserven el derecho del niño a crecer en un entorno protector, amoroso, nutridor, seguro y que cubra sus necesidades. Las personas que van apareciendo en nuestro camino, comienzan a constituir nuestra red de apoyo.  Esa que activamos cuando necesitamos relevo para buscar al peque al colegio, cuando damos a luz nuevamente y queremos que alguien se encargue de que en casa no falte la comida los primeros días, cuando queremos hacer una salida entre adultos y nos reunimos.  Esa que se vuelve tu cotidianidad, tu confidente y tu compañía.

Las mujeres en especial, necesitamos mantener viva esa tribu al igual que lo hicieron nuestras antepasadas alrededor de un tejido o una fogata.  La tribu de hoy se reúne a través de un grupo de whatsapp, se organiza en turnos para llevar a los niños a las actividades de la tarde y se comparte recetas naturales para eliminar una alergia persistente.  Aunque ya no vivamos en comunidades, existen formas de acortar la distancia que supone vivir y criar separadas. Mantengamos vivas esas hermandades que en tiempos de crisis pueden ser nuestras tablas de salvación y en tiempos de paz, nuestras mejores compañeras. 

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