El sábado pasado, en Las Vegas, el boxeador cubano Guillermo Rigondeaux regresó a la acción, por primera vez desde el mes de julio del 2016 y lo que inicialmente pareció ser un nocaut, se convirtió en otra pesadilla para la estrella del boxeo que no ha podido encausar su carrera de manera consistente en el profesionalismo.

En el pasado, Rigo ha sufrido y mucho.

Esta vez no pudo ser la excepción. El nocaut parece se va a convertir en un "no contest" porque el golpe definitivo vino después de que sonara la campana, aunque fuera en medio de un intercambio con el rival mexicano.

Para el campeón cubano, de hecho el mejor en las 122 libras, este es otro duro golpe a su carrera, que a sus 36 años no acepta más sobresaltos ni pasos que no sean firmes.

En los últimos tres años, Rigondeaux ha peleado apenas en tres ocasiones, contando la del sábado pasado en Las Vegas, siempre ganando y venciendo sin objeción alguna a sus oponentes de turno.

Pero eso no es suficiente. No lo es porque con tanta calidad hay que pelear al menos dos veces por año, preferiblemente tres, para seguir en activo, ganar dinero y mantenerse en la cima del deporte.

Desgraciadamente con Rigo no ha sido así.

Que si los promotores, que si peleas canceladas, que si rivales que no aceptan enfrentársele. Estas son varias de las excusas que impiden a este campeón mostrar su mejor cara en el boxeo.

Yo he sido uno de sus mayores críticos cuando él no ha dado espectáculo. También he reconocido su valía como uno de los mejores libra por libra del mundo, pero solo cuando ha estado bien activo y eso no ha ocurrido en los últimos años.

Y ahora esto de cambiar la decisión de su combate –con razón, creo yo- es otra prueba de que el peleador guantanamero está maldito. Debe hacerse un despojo, dirían muchos, pero yo ya no sé cómo le podría ir bien a Rigondeaux en los últimos momentos de su carrera, pues a su edad, repito, no se puede estar con paños tibios.

Tiene que pelear y bastante para que pueda ganar lo más que pueda que, finalmente, es el principal objetivo de cada boxeador.

Sin embargo, los acontecimientos alrededor de su carrera no invitan al optimismo. Al menos a mí no.

Hay que ser muy optimista, o muy ingenuo, para pensar que Rigo está para tener paciencia o para esperar a que todo se resuelva y que logre pelear con frecuencia. Sencillamente no se le da esa posibilidad.

El próximo paso debe ser una revancha con Moisés Flores, pero al caer noqueado este, incluso sin que cuente así, hay que esperar al menos dos meses para que el mexicano pase una revisión médica y le den el OK para que vuelva a subir al cuadrilátero.

Si el cubano no lo acepta, le pueden quitar su corona de la AMB y es ese título al que se aferra Rigo para encontrar combates o para retar a sus posibles rivales. Esa es su soga de salvación, la que, además, demuestra que es el mejor supergallo del mundo.

Pero no se escapa de la maldición.

Poca actividad, peleas canceladas, rivales que huyen, promotores que no hacen su trabajo, decepciones en el cuadrilátero. Todo esto se ha juntado para evitar que Guillermo Rigondeaux esté activo y sea uno de los tres mejores peleadores libra por libra del mundo. Sin quitarle la cuota de responsabilidad que le corresponde y de la que no debe escaparse.

Para el combate del sábado pasado hizo un excelente trabajo de preparación con Pedro Luis Díaz, pero todo se frustró en ese fatídico final del primer asalto.

Es la maldición de Rigo, esa que le acompaña desde que saltó al boxeo profesional en el 2009.

No le encuentro otra explicación.

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