No puedes presentarte en las cenas navideñas sin novio, marido, o algo que puedas sentar a tu lado, rascarle la rodilla, y utilizar de excusa para marcharte de allí cuando las luces del alba acaricien la sobremesa de la primera comida del día. O lo tienes y lo llevas, o soportarás la penitencia de convertirte en el tema de conversación en las reuniones familiares, compartiendo protagonismo con el fabricante de tinte de Donald Trump. Todo el mundo querrá buscarte uno. E incluso los candidatos a ser tu pareja podrían llegar a ser votados a mano alzada en el transcurso de la Nochebuena. Por mucho menos han muerto pavos solteros en Navidad.

Al tratarse de un novio estacional -solo le sacarás partido un par de semanas-, tampoco es necesario que le hagas todas las pruebas que desearías hacerle al hombre de tu vida: incluida la de enviarlo al supermercado a por lechuga sin darle un mapa del recinto, ni bengalas de localización en alta mar, ni escuadrones de protección contra vendedores de turrones ambulantes. Muchas chicas pierden a sus futuros maridos por mandarlos a hacer la compra a grandes superficies, sin ponerles arneses ni nada. Que no es que los pierdan sentimentalmente, es que los pierden para siempre, que los ha podido devorar un pack 3x2 de lejía con olor a pomelo sin dejar rastro alguno.

Lo ideal es exponer lo mínimo a tu pareja estos días. Si estáis siempre en la calle, puede que le caiga una chimenea en la cabeza, y te quedes sin novio tan cerca de Navidad que no te dará tiempo a buscarle un sustituto. A tu favor juega el hecho de que todos los tíos son intercambiables en el contexto de una comida con tu familia. Ninguno destacará por su valentía, elocuencia, ni mucho menos por su entusiasmo por estar allí. Si ocurre esto último, desconfía, porque es probable que esté aprovechando la confusión etílica en tu casa para ir robando las joyas de la abuela.

Una vez que has encontrado al hombre de tu vida para las próximas dos semanas, podrás vestirlo a juego contigo en cada cita navideña, peinarlo como te apetezca, e incluso darle cacahuetes entre comidas. Procura que no se abandone al vino, porque entonces pasará de novio a cuñado, y arruinará tu almuerzo navideño explicando a gritos a los demás comensales la importancia de la agricultura ecológica china. Tampoco le des mucho azúcar, no sea que le de un espasmo de glucosa y tengas que llevarlo al hospital a que le amarguen la circulación sanguínea para que vuelva en sí.

Como norma, si lo sientas ahí y no lo tocas, todo irá bien. Y en realidad, si quieres evitarte problemas, ni lo presentes al resto de los comensales. Un hombre sentado a la mesa de la familia de su novia y sin que nadie le haya dado vela en ese entierro, puede permanecer quieto y en silencio durante toda la eternidad, esperando a que alguien le diga algo sobre lo que debe hacer.

Si no logras un novio puedes llevarte a las comidas navideñas un muñeco de plástico pero procura que no se balancee. La mayoría de los comensales reaccionan infartando si ven a tu novio inerte tendido sobre la mesa y con la cara flotando en el plato de consomé. Parece absurdo pero lo último que piensan es que has venido con un chico de goma, con el que te has pasado toda la cena cuchicheando.

Y al fin, si logras un novio de verdad, guapo e inteligente, y hace bien su papel, procura quedarte con su teléfono porque las bodas de primavera están a la vuelta de la esquina y luego todo son prisas para comprar uno, y conseguir que sonría con naturalidad en la ceremonia, y no se desmaye cuando la novia te señale con el ramo y te diga que tú serás la próxima en casarte.

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