Las dos caras de una decisión presidencial
La inmigración ha sido siempre clave en la economía de los Estados Unidos, pero la resolución de Trump de contener el flujo foráneo de individuos y negar visas a seis países con poblaciones mayoritariamente musulmanas ha impactado el campo laboral

Todo lo que el presidente Donald Trump anuncia tiene variadas consecuencias. Por ejemplo, su determinación de asumir una línea dura para regular la inmigración puede sonar políticamente correcta, pero quienes dependen de la fuerza laboral extranjera la perciben como un problema.

A estas alturas, debe haber empleadores estadounidenses, especialmente en el sector agrícola, que están luchando por suplir puestos de trabajo con recursos humanos.

La inmigración ha sido siempre clave en la economía de los Estados Unidos, pero la resolución de Trump de contener el flujo foráneo de individuos y negar visas a seis países con poblaciones mayoritariamente musulmanas ha impactado el campo laboral.

Tampoco está claro si Trump obtendrá los fondos del Congreso para construir su muro a lo largo de la frontera con México, pero la sola idea tendrá inevitablemente consecuencias negativas en una nación que se ha jactado siempre de su herencia multicultural.

Lo mismo ocurre con la iniciativa del Presidente de prohibir que los transexuales sirvan en las Fuerzas Armadas.

La explicación de Trump es que no es apropiado ni práctico que el Pentágono asuma los costos por el tratamiento médico de personas que deseen cambiar de sexo, revocando así el enfoque liberal asumido por el expresidente Barack Obama.

Sin embargo, ¿Qué pasará ahora con los cerca de 4.000 a 10.000 personas transgénero que ya prestan servicio en las Fuerzas Armadas?

Asumiendo que estos individuos están sirviendo de manera honrosa y profesional en el Ejército, la Marina, la Fuerza Aérea y los Marines, ¿Es correcto que el Presidente prescinda de ellos sin consideraciones?

Muchos de ellos han servido en Irak o Afganistán y merecen ser tratados con respeto.

En todo caso, el Presidente hizo una concesión al dejar a discreción del secretario de Defensa James Mattis aceptar a los transexuales que ya están en servicio, mientras se impone una prohibición general para nuevos miembros.

Sus asesores militares ya le deben haber advertido que expulsar a las personas transgéneros sería injusto y vergonzoso.

Igualmente controversial es el tema del uso recurrente de sanciones para castigar a otros países por abusos a los derechos humanos o agresiones militares.

Las duras medidas contra Rusia después de que Moscú fuera acusada de interferir en las elecciones presidenciales de 2016, fueron necesarias e inevitables, pero han incrementado el nivel de tensión entre Washington y Moscú.

Por lo pronto, la promesa electoral de Trump de trabajar con el presidente ruso, Vladimir Putin, para enfrentar los problemas del mundo tendrá que esperar.

Las relaciones entre ambos países podrían empeorar aún más, cuando Robert Mueller, el exdirector del FBI y ahora fiscal especial en la investigación de la presunta colusión del equipo de Trump con Moscú, presente sus conclusiones.

Así mismo, las sanciones adoptadas por la administración Trump, dirigidas a recortar el flujo de efectivo a la ya declarada dictadura de Nicolás Maduro en Venezuela, pueden enfrentar el riesgo de ser más efectistas que efectivas, si no se logra debilitar rápidamente a ese Gobierno.

Si se prolongan las sanciones contra ese régimen podría haber consecuencias más que nefastas para la población venezolana, que ya sufre los embates de una dilatada crisis económica, social y política, al mismo tiempo que podría cimentar a Maduro en el poder, como sucedió en Cuba con Fidel Castro.