El atentado que dejó tres muertos y varios heridos en el norte de Bogotá, la noche del sábado, arroja más leña al fuego de la paz en un país cuya principal guerrilla, las FARC, firmó un controvertido acuerdo con el Gobierno del presidente Juan Manuel Santos, para la desmovilización y desarme de sus filas, y la ulterior conversión de la organización al margen de la ley en un partido político.

El hecho ocurre en un momento crucial para Colombia, a pocas horas del anunciado desarme total de unos 7.500 combatientes del grupo subversivo más antiguo del continente americano, hecho que le ha caído como un balde de agua fría al regente del Palacio de Nariño, valga decir, al Premio Nobel de la Paz, que en su país solo tiene un 16% de aceptación popular.

La acción terrorista podría ser el termómetro que marca la temperatura de una paz gaseosa, aupada por rimbombantes titulares lanzados al aire desde las tribunas oficialistas, pero que, a todas luces, no existe como una verdad absoluta en territorios que continúan bajo el dominio de grupos cercanos al negocio del narcotráfico o de la industria de la extorsión y el secuestro.

Pero, por lo visto, un ambiente de armonía que tampoco existe en un país que anhela una paz real, sólida, sin prebendas para genocidas y desligado del castrismo cubano, que traiga consigo la verdadera reconciliación de los colombianos, en cuyos cementerios y desperdigados en cualquier rincón de una patria desangrada reposan más de 260.000 víctimas del conflicto armado interno.

Santos atribuyó el reprochable acto a los que llamó “enemigos de la paz”, sin salirse del terreno político en el que ha batallado con duros opositores frente al tema de la pacificación nacional. Pero ¿quiénes son tales? ¿Acaso todos los colombianos no tienen los mismos deseos de paz? No saber quién es el responsable del atentado y salir a decir lo que dijo el mandatario, cuando todavía se escuchaban los lamentos de las víctimas, deja en el ambiente un profundo olor a revancha política.

Si las FARC y el ELN, el otro grupo que ha iniciado un proceso de paz con el Gobierno, no tuvieron relación con el atentado, como lo dijeron, entonces ¿quién o quiénes son los autores de tan execrable crimen de lesa humanidad? Santos debe apuntar su dedo y dar la respuesta que todos esperan.

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