Como preámbulo de esa década de vital importancia para el mundo que fue la de los sesenta, Cuba entra en la etapa de la revolución, dando un vuelco tremendo a la vida en la isla.

Al principio todo fue entusiasmo y bajo el slogan de una vida nueva salieron varias orquestas, como el conjunto Estrellas de Chocolate, que tenía como cantantes al “Chino” Lahera y a Arístides Valmaseda, el conjunto Musicuba, la famosa charanga sonera que creó Alberto Cruz, conocido como “Pancho El Bravo y sus Candelas del Tira Tira” y Estrellas Cubanas, un desprendimiento de Fajardo y sus Estrellas, considerada como una de las mejores charangas soneras de su época, con Sergio, Rudy y Luis Calzado como cantantes.

Mientras la llegada de varias estrellas de Cuba reforzaba a los ya asentados en New York, Machito y sus Afrocubans, Mario Bauzá, Larry Harlow, Arsenio Rodríguez y otros pioneros del sonido caribeño en La Gran Manzana.

El fenómeno del son se había extendido y tomado connotaciones propias al tropezar con manifestaciones hermanas en todo el Caribe y bajo distintos nombres y modalidades existían creadores como Catalino “Tite” Curet Alonso, La Sonora Ponceña, de Kike Lucca, el padre de Papo Lucca; Cortijo y su Combo y cantantes como el gran Ismael Rivera, “Maelo”, Andy Montañez y muchos más del hermano Puerto Rico, que junto a otros músicos caribeños enaltecerían internacionalmente este modo de hacer de la región años más tarde.

Abelardo Barroso, que se mantenía vigente con la orquesta Sensación, Benny Moré, quien muere tempranamente para ser eterno, Pacho Alonso y los Pachucos, la orquesta Aragón, con sus cantantes, Pepe “El Chino” Olmos y Rafael Bacallao; Riverside, con Tito Gómez y otras orquestas y grupos capitalizan el favor del público desde los medios de difusión en La Habana.

Siempre hubo en Cuba experimentos rítmicos y/o genéricos, pero a principios de los 60, uniéndose a la pachanga, de Eduardo Davidson, comienza una etapa de surgimiento de modalidades, como el mozambique, de Pello el Afrokán, el pa’cá del gran Juanito Márquez, el pilón, simalé y upa upa, de Pacho Alonso y Enrique Bonne, que realmente fueron efímeros y no aportaron grandes figuras del canto, aunque cantantes reconocidos por sus interpretaciones en otros géneros, los cantaron.

En definitiva, el son siguió su camino, los conjuntos, charangas y bandas y algunos de los llamados “combos” continuaron su marcha; Ritmo Oriental caminaba hacia el éxito, Rumbavana hallaba la combinación perfecta con Raúl Planas; Saratoga, alternaba sus sones con los éxitos del bolerista Lino Borges.

El pop hacía su entrada con fuerza, era la época de los cuartetos vocales, del renacer del filin, de los grandes shows de cabaret y de la incipiente, entonces, nueva trova, pero el son seguía presente en todo lo que sonara, pues además de la música bailable, los giros y acentuaciones soneras se hacían presentes en el jazz y la canción.

En 1967, entra en la Orquesta Revé un bajista que venía ya tocando en diferentes orquestas, sobre todo la acompañante del cabaret “Caribe” del Habana Libre, antiguo Havana Hilton. Juan Climaco Formell Cortina comenzó a arreglar y componer de tal forma que fue inevitable que llamara poderosamente la atención. Formell, al igual que Arsenio Rodríguez en su momento, comenzó a introducir cambios tímbricos, a agregar instrumentos eléctricos y Elio Revé, excelente organizador y hombre de olfato para el éxito, le dejó hacer, con lo que la Orquesta Revé se colocó en los primeros planos de la popularidad rápidamente y sus cantantes comenzaron a interpretar según los giros melódicos y el timbre que iba adquiriendo la orquesta.

En 1968 se experimentaron cambios económicos y políticos importantes en la vida del país que influyeron e incluso perjudicaron a la vida artística. Se acabaron los contratos y el estado empleó a todos los cantantes, músicos y artistas profesionales, creando una escala de salarios según la calificación obtenida en la evaluación artística profesional. Pasaron a un status profesional, con sueldo fijo, muchos músicos que tenían el llamado “carnet”, es decir, el reconocimiento para trabajar profesionalmente, aunque laboraran en otro oficio. Con esto, que se supone contenía una intención por brindar estabilidad al sector, se hicieron más rígidas las plantillas y se limitó la entrada al mismo. No obstante, siguieron surgiendo grupos aunque no de manera tan espontánea como hasta entonces.

El son no sólo lo interpretaban formatos grandes, el dúo Los Compadres que se había fundado por Francisco Repilado y Lorenzo Hierrezuelo y ahora, en esta etapa, integrado por el propio Lorenzo y su hermano Reinaldo Hierrezuelo, “Rey Caney”, se hacía conocer internacionalmente con éxito; muchos tríos en toda Cuba dejaban escuchar sones y los “órganos orientales”, como Los Hnos. Ajo, Labrada y otros eran comunes en los carnavales y fiestas masivas de La Habana y otras ciudades con su sonido característico y versiones instrumentales de sones conocidos.

En 1969, Juan Formell conforma su propia agrupación: Los Van Van, que continuando la línea de trabajo que comenzara con Revé, estaba llamada a convertirse en la orquesta por excelencia de la música bailable cubana con el andar del tiempo. Van Van, a partir de entonces fue una influencia definitiva; cambió el concepto, incorporó nuevos elementos tímbricos al son y creó el songo, una variante sonera aceptada y disfrutada por todos.

Mientras, en EEUU, siguiendo la tradición que comenzara por los años 30 con Don Aspiazu y Frank Grillo con sus “Machito y sus Cuban Boys”, más la leyenda de Chano Pozo y Mario Bauzá, una serie de cantantes y músicos emigrados de Cuba, junto a otros de origen latino abrían en 1971el camino a la resultante musical que con la música cubana como base, junto al jazz, giros y modos de hacer de la plena, la bomba, el merengue y otros ritmos “tropicales” iba a dominar el mercado, por sus propios méritos y por la ausencia en el mismo de los músicos que se habían quedado en Cuba junto a las nuevas generaciones de soneros de la isla: La salsa.

Desde el Cheetah, el Palladium y los discos de disqueras afines, Cheo Feliciano, Pete “El Conde” Rodríguez, Ismael Miranda, Adalberto Santiago, Héctor Lavoe, Santitos Colón, Bobby Cruz, junto a la incomparable Celia Cruz, Justo Betancourt, Roberto Torres, Ismael Quintana y otros dejaban patente el camino que seguirían y engrandecerían muchos más. La labor discográfica de Jerry Masucci y Johnny Pacheco a través del sello Fania iba a trazar un camino hacia el éxito de muchos cantantes y artistas, que sin esta formidable iniciativa hubiera sido mucho más difícil de recorrer.

En esta época comienza su carrera un panameño, hijo de la cubana Anolan Díaz, -que había sido cantante de la Corte Suprema del Arte en su niñez- que revolucionaría el concepto de la música bailable con gran acierto: Rubén Blades, que integró el ritmo de la salsa, bailable por excelencia, a textos para escuchar y que reflejaban un medio ambiente social, es decir, una especie de nueva canción salsera, logrando obtener una resultante de calidad y consumo conjugados que le abrió las puertas del éxito. Su binomio con el trombonista Willie Colón otro excelente músico y arreglista, fue memorable y posteriormente con Seis del Solar, siguió grabando excelentes discos que hoy son prácticamente clásicos.

Un talento excepcional, Oscar de León alcanzaba los primeros planos del género con Dimensión Latina, la excelente agrupación venezolana. Oscar, hombre de musicalidad extraordinaria, sería otra figura definitivamente influyente en el género. No es un hombre que se distinga por dominar la técnica más depurada a la hora de improvisar, desde un punto de vista clásico, pero su imaginación y su facilidad rítmico-musical, además de una gran extensión vocal, le permiten hacer todo lo que se le ocurra en un escenario. Venezuela aportó al son nombres como Canelita Medina, Enrique “Culebra” Iriarte, Vladimir Lozano, El Trabuco Venezolano, Sonero Clásico del Caribe y otros.

Por otra parte, el aporte de Puerto Rico con sus grandes leyendas, desde Ismael Rivera, el famoso Maelo, Rafael Cortijo, Tito Puente, El Gran Combo, Andy Montañez, Roberto Roena, Cheo Feliciano, en fin toda la poderosa batería puertorriqueña, desde su despegue hasta ahora mismo, engrandecen la industria y han realizado un formidable aporte en orquestaciones y grandes voces al concepto moderno de la música bailable con profundas raíces soneras.

En Cuba, por el comienzo de los 70, se mantenían los grandes: Pacho Alonso, Aragón, Chappottín, Pancho El Bravo, Rumbavana, Estrellas Cubanas, La Revé, la pujante Van Van, Ritmo Oriental y surgen otras agrupaciones como Los Latinos, con Ricardito, de José Reyes, Los Chuquis, La Monumental con Arturito Clenton; Estanislao “Laíto” Sureda cantaba con Senén Suárez, la Original de Manzanillo se presentaba con su acentuación única y surgía Irakere, del maestro Chucho Valdés, fundado en 1973, que conjugó el son con el jazz latino e impuso una sonoridad decisiva para el ulterior desarrollo de la música popular cubana, al tiempo que ha sido una formidable escuela de músicos. Irakere, poseedor de un sonido propio y deslumbrante calidad de instrumentistas es una de las más importantes instituciones, de nuestra música popular. No poseyó un cantante propiamente dicho, Oscar Valdés, percusionista de primera, entonó los números de Irakere y gracias a su musicalidad cumplió muy bien su cometido, popularizando muchos éxitos de este super grupo. Posteriormente, Mayra Caridad Valdés, José Miguel Meléndez y Carlos Manuel han actuado como cantantes con Irakere y por supuesto que muchas de las grandes figuras de la canción han trabajado con ellos.

Adalberto Alvarez con Son 14 en 1978, abrió una muy importante etapa y Tiburón Morales se hizo una figura altamente popular con A Bayamo en Coche y otros magníficos sones de este excelente creador, que encontró la famosa plantilla en Santiago de Cuba y allá formó su orquesta. Adalberto había trabajado diversos arreglos y composiciones para grupos famosos, como Rumbavana, pero Joseíto González, el director de este conjunto, a pesar de grandes esfuerzos no pudo conseguir que entrara en su orquesta por aquel entonces.

Los años 70 -a pesar de la creación de Van Van, Yaguarimú en Matanzas, Son 14, ya en los finales de la década, los triunfos de Irakere y otros éxitos- no se distinguieron por ser una etapa favorable para el son. Este se mantuvo y se siguió incrementando, pero la moda musical se concentró en el desarrollo de la canción, sobre todo a partir de la organización del movimiento de la Nueva Trova en 1972, que trajo consigo el reconocimiento de los medios oficiales, a una forma de hacer vetada hasta ese entonces, lo que significó una mayor difusión e hizo que la mayoría de los jóvenes se orientaran hacia esos derroteros.

Con Van Van y Adalberto se abrió una etapa muy importante en la expresión sonera y éste último reformó su orquesta para en 1984 salir a la palestra con Adalberto Álvarez y su Son, lo más sonero entre los salseros cubanos, hoy todo un clásico del género, por donde han pasado cantantes como Félix Valoy, Valentín, Jorge Luis Rojas, “Rojitas”, esa maravillosa voz que es Aramís Galindo y otros, manteniéndose vigente hasta los actuales momentos donde la agrupación sigue ocupando primeros lugares en su quehacer, como corresponde a un músico “fuera de serie”, como Adalberto.

Revé, siempre inquieto e incansable organizador entra en los 80 con su “charangón” a toda capacidad con cantantes como Moisés “Yumurí” Valle, que después brilla con luz propia, “Padrino”, “El Indio”, etc. En esta etapa la Revé vuelve a colocarse en los primeros planos de popularidad con ese espíritu organizador incansable y hoy en día se mantiene bajo la dirección de su hijo Elito, después del absurdo accidente que nos privó de su presencia.

Por esta época, Matanzas aporta al sonido sonero un Yaguarimú en pleno apogeo, Santiago de Cuba a Karachi, la región villareña a Aliamén y el son se renueva y enriquece, confronta con el sonido de la salsa y empieza a salir modestamente de la isla. México, con salones de baile como el California Dancing Club, Tropicana, el teatro Blanquita, Los Angeles, Los Infiernos, Antillanos, Gran Salón y otros comienzan a contratar de manera asidua a orquestas cubanas; los festivales de Cali en Colombia demuestran ser un mercado acogedor para los nuestros, la añeja Europa -este y oeste- se sorprende ante el concepto musical cubano, la EGREM empieza a licenciar sus matrices con casas disqueras internacionales (hasta ese momento el mercado de matrices giraba alrededor de las viejas grabaciones) y nombres de autores, cantantes y orquestas empiezan a rodar por el mundo.

Ya en los finales de la década de los 80, están incorporados a las orquestas y agrupaciones de primera línea, músicos que vienen con la excelente formación académica de las escuelas de arte y un grupo de ellos, bajo la idea del flautista y orquestador José Luis Cortés, “El Tosco”, como le llamaban cariñosamente sus compañeros de estudios, se agrupan para grabar un disco que se llamó “Nueva Generación” y que realmente dejaban patente un criterio musical, producto de una educación, información y concepto diferente, sin perder la legitimidad de una estética cubana. Este disco fue la génesis de la famosa NG La Banda, que revolucionó el concepto del son y asentó las bases propuestas por Van Van e Irakere, para lo que hoy día se denomina como “timba”.

NG con Isaac Delgado y Tony Calá como principales cantantes, rápidamente se colocó en la preferencia del público, llegando a ser de las agrupaciones más importantes de su época; con prácticamente una estrella en cada instrumento, NG La Banda ha sido una de las agrupaciones más influyentes en cuanto a formato, timbre y fraseo de todo lo que posteriormente vino a la luz en el mundo musical bailable, a pesar de que los “timberos” no fueron bien vistos por el oficialismo.

Pachito Alonso, hijo del gran Pacho Alonso, también graduado de piano en las escuelas de arte, sigue la carrera de su padre al heredar y renovar su orquesta y forma Pachito y sus Kini Kini, que ha tenido como cantantes a Rolo Martínez, las hermanas Nuviola, José Luis Arango, Lele Jr. y hoy en día a sus hijos: Cristian y Rey, herederos de la gran tradición musical de su familia.

Los 90, fueron una década de consolidación de la música bailable; la flexibilidad en las normas, contrataciones artísticas y formas de pago, más el inevitable desarrollo del turismo, que alienta por excelencia las manifestaciones costumbristas en una apertura del país, después del derrumbe del campo socialista, hacen que nuestra música bailable ocupe el primer lugar en la oferta cultural hacia el visitante; la creación del Palacio de la Salsa, La Cecilia, los bailables en la piscina del hotel Neptuno, La discoteca “Aché” del Meliá Cohiba, El Café Cantante del Teatro Nacional de Cuba, las Casas de la Música de EGREM, vienen a ser los lugares donde la creación musical bailable se concentra y define como expresión comercial, mientras el Salón Rosado de la Tropical, la catedral del baile en Cuba, la llamada “Plaza Roja de la Víbora” y otras plazas, siguen siendo la expresión sociocultural, el patio de recreación popular donde -a pesar de la desesperación por las divisas- idioma y moneda no difieren.

Ya la salsa ha ganado un espacio y reconocimiento internacional, además de una imagen de marca alrededor de la “música tropical” donde caben géneros y estilos diferentes, como Juan Luis Guerra con sus bachatas, Marc Anthony, La India, Luis Enrique, Gilberto Santa Rosa, Víctor Manuel que ya son figuras reconocidas y unen sus nombres a los de las leyendas como Oscar de León, Andy Montañez, Cheo Feliciano, algunos ya fallecidos y otros tantos que se mantienen activos.

Es importante señalar que los cultivadores del son, siempre se han mantenido en una innovación constante, debido a la confrontación de influencias. Esto puede observarse en la música afrocubana en New York y la salsa a partir de Fania; el “Sonido Miami” en La Florida, con Willy Chirino, Carlos Oliva y Los Sobrinos del Juez, Miami Sound Machine y posteriormente, Albita, Timba Live, 3 de La Habana, junto a la pléyade de solistas cubanas que todas cantan algún son en sus presentaciones, han ido incorporando sonidos propios producto de fusiones con otras expresiones musicales.

En Cuba también surgió una resultante que ha ido ganando mercado y sonido: La timba, a la que podríamos llamar la expresión moderna del son, con influencias varias desde el jazz hasta el pop, pasando por las raíces rumberas. Muy complicada al principio para los oídos no acostumbrados, ha ido ganando mercado y reconocimiento en varias regiones.

Claro que no todo es timba, numerosos grupos de jóvenes han mantenido los formatos tradicionales, como Sierra Maestra, con el inolvidable José Antonio “Maceíto” Rodríguez y Juan de Marcos González, tresero y defensor de la música tradicional, creador del proyecto “Buenavista Social Club”, “Afrocuban All Stars” y “A toda Cuba le gusta”. Raison, de Efraín Ríos que tuvo a su hermano, el compositor Luis Emilio -hoy aquí en Miami - como cantante principal, Chicuelo Son, o los Jóvenes Clásicos del Son, magnífico septeto, - que tuvo entre sus cantantes al formidable Pedro “El Nene” Lugo- que unidos a los longevos nombres y renovado personal de agrupaciones como Septeto Habanero, Los Naranjos, el Nacional de Ignacio Piñeiro y el Septeto Santiaguero, junto a muchos más mantienen vivo ese sonido inconfundible del septeto y el conjunto.

Otro aspecto a destacar, es el notable crecimiento de la presencia femenina en el son, además de la prestigiosa orquesta Anacaona, fundada en 1932 y aún vigente; agrupaciones como Son Damas, Las Canela, Caribe Girls y otras mixtas, como Karovan y Azúcar, forman parte del entorno musical, demostrando que hoy en día la consideración a las agrupaciones femeninas no es puramente ornamental, sino en base a eficacia y excelencia musical.

Los 90 consolidan a artistas y agrupaciones que vienen recorriendo un camino y el formidable estímulo de un segmento de público turístico de mayores posibilidades económicas para remunerar el trabajo artístico, que hacen florecer a las orquestas y grupos bailables. Cantantes y agrupaciones nuevas aparecen y se vuelven favoritas del público. La Charanga Habanera, de David Calzado, irrumpe con un estilo diferente, creando una expresión muy personal de “orquesta show”, con coreografías agresivas y novedosas para este tipo de agrupación en su inicio y está consolidada hoy día como una de nuestras agrupaciones más poder de convocatoria en todo el país. Cantantes como Leo Vera, Mayito Rivera, Coco Freeman, Gardi y Michel Maza son evidencias del cambio de los tiempos y la excelente preparación musical de los soneros actuales, poseedores de técnica y formación de altos quilates.

Medianten programas de TV y concursos, surgieron muchos solistas jóvenes que han nutrido las grandes orquestas posteriormente; Arragoitía, Joel Barz, Fernando, “Kalunga” y otros que se dieron a conocer desde ese concurso son hoy soneros reconocidos.

Orquestas como Bamboleo con Haila Mompié, -que posteriormente forma parte de Azúcar Negra- la exitosa Vania Borges y la deslumbrante Tania Pantoja; Manolito Simonet con su Trabuco, con Amaray como cantante principal actualmente, Juan Kemel Barrera con La Barriada, Maykel Blanco y Salsa Mayor, Tony Guzmán y su Poder Latino, Alejandro y sus Ónix y muchas agrupaciones surgen, nutridas de músicos egresados de las escuelas de arte.

Uno de los fenómenos más espectaculares de la ola de salseros – soneros de los 90 lo constituye Manuel González Hernández, “Manolín, El Médico de la Salsa”. Sin poseer una voz espectacular, Manolín ha demostrado la importancia de ser un buen comunicador en el negocio de la música y el espectáculo de los 90. Con canciones que contienen en el estribillo alguna frase picaresca, que refleja de algún modo el medioambiente social, logró un éxito impresionante, siendo el artista más vendedor del aún incipiente mercado del disco cubano en su momento y demostrando, que el negocio del espectáculo se basa, primordialmente, en la comunicación entre artista y público, en los varios países donde actúa.

Ya finalizando los 90 y cercano el año 2,000, ocurrió un fenómeno muy interesante en el ámbito internacional, basado en un realce a las manifestaciones “retro”, que también se reflejó en el complejo del son. El triunfo de Francisco Repilado, “Compay Segundo”, puso de moda a músicos y cantantes de tercera edad, como Pío Leyva, Raúl Planas, Manuel Licea “Puntillita”, Estanislao “Laíto” Sureda, , Rolo Martínez,; Los Fakires, Los Soneros de Camacho, La Vieja Trova Santiaguera, Eliades Ochoa, el más joven de los “veteranos”, El Cuarteto Patria, Muso y su Sonora y otros.

Disqueras nacionales e internacionales invirtieron en este sonido y discos como Cubanismo, Buena Vista Social Club, A toda Cuba le gusta, Introducing Rubén González, Cuba Forever, Las más Famosas de Cuba, Yo como candela y tantos otros de distintas disqueras, rindieron culto y homenaje a esta música imperecedera.

Agrupaciones como Pupy y los que Son Son, Pedrito Calvo y La Justicia, la renovada Van Van, primero con Yeni Valdés y ahora con Vanesa Formell Medina; la popularísima Charanga Habanera, que entra a escena con una expresión artística cargada de influencias cosmopolitas, Orlando “Maraca” Valle, que muestra la suma de buenas influencias en un son profusamente cargado de elementos jazzísticos, influencia de Irakere y Nueva Visión; el dinámico Arnaldo y su Talismán, Tumbao Habana, Maykel Blanco, la formidable Habana de Primera con Alexander Abreu, Fiebre Latina, El Niño y La Verdad, Noro Valladares y otras orquestas que cada día ganan más adeptos, se unen a la leyenda y aunque el sonero actual, o el que ha ocupado ese plano, tiene otras exigencias, debido a esa referida imagen de fusión que incluye aspectos cosmopolitas y cierta imagen con elementos del pop, el rap el reguetón, y la llamada “canción ligera”, el son subsiste e independientemente de la alta polarización del reguetón, sigue manteniendo mercados.

El Grupo Niche, El Gran Combo, Eddy Santiago, Jerry Rivera, Tito Nieves y otros famosos mantienen el son y la salsa como variante legítima viva y latente, a pesar del peso de la moda del reguetón que ha polarizado el mercado. Pero el son sigue teniendo mercado y cultivadores de gran categoría.

En fin, aunque no se oiga tanto como debiera, el son, cargado de historias y aires nuevos, sigue siendo, como dijera el gran Ignacio Piñeiro “lo más sublime para el alma divertir”.

Fuentes: Danilo Orozco, Cristóbal Díaz Ayala, Helio Orovio, Radamés Giro, Jesús Blanco.

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