• Irma es solo un mal recuerdo (aun sofoca bastante a quienes no tienen aire acondicionado). La mayor parte del condado tiene fluido eléctrico. Ya empezaron los camiones a recoger las ramas de calles y aceras y la basura de las casas. Los niños retornan a clases el lunes. La gente consigue su colada sin cola. Ciertamente, estamos en camino de la normalidad.

¿Y vamos a quedarnos tranquilos para volvernos a lamentar cuando arrase el próximo huracán (el calentamiento global sigue ahí y crea monstruos atmosféricos)?

Lo más sensato sería abandonar toda pretensión triunfalista y aprender de lo que salió bien y mal. Sobre todo de las pifias.

No podremos eliminar los cortes de luz, pero sí aminorarlos. De inmediato hay que considerar soterrar los cables eléctricos y telefónicos. Desde luego, la FPL alega que resulta muy caro y complicado, pero quizás haya empresas que pudieran encargarse. Seguramente los residentes pagarían con gusto un impuesto, si eso les alivia de la tortura del calor. Por lo pronto, exigir que esta compañía que detenta el monopolio del suministro eléctrico en el estado se ocupe, como en años anteriores, de podar los árboles en temporada de huracanes y que las ciudades supervisen y apoyen.

Se sabe que después del huracán Andrew, de 1992, se revisaron los códigos de construcción y se impusieron otros mucho más estrictos. Sería conveniente revisarlos tomando como referencia el paisaje de destrucción de Los Cayos. ¿Soportarían los techos de nuestras casas un meteoro de categoría 5, como el que borró del mapa a Barbudas? El CFondado debería otorgar créditos estimulantes para que los residentes instalen ventanas de impacto.

Los miamenses disfrutamos de un bello litoral. Convendría diseñar barreras marinas que limiten las inundaciones. Además, es hora de resolver de una vez el problema del alcantarillado. Miami es una ciudad del siglo XXI con sistemas de drenaje y desagüe del siglo XIX. En algunas ciudades —Henry Flagler moriría nuevamente de vergüenza— es inexistente.

Finalmente, vale la pena disponer de un inventario de los asilos de ancianos del condado (¡son miles!). Allí muchas veces se suceden violaciones de todo tipo. Cada uno de esos centros debe tener generador. Sin excusas. Una tragedia como la del condado Broward no puede repetirse aquí.

Y para el cierre: este es un tema demasiado serio para dejárselo solo a los políticos. Usted tiene que participar, hablar, opinar. Se trata de nuestra vida y hacienda. Pensemos a futuro y actuemos ya.

Querido lector: Si tiene sugerencias sobre una mejor preparación frente a los huracanes, hágalas llegar a nuestra Redacción. Escriba a DIARIO LAS AMÉRICAS a carta@diariolasamericas.com

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