Las tragedias no siempre son espontáneas
Nicolás Maduro, el heredero del tropero ladrón Hugo Chávez terminó lo que sin duda es el meollo de eso que hasta algunos seudo opositores llaman con evidente admiración "El legado de Chávez"

Calles silenciadas después que sangre de valientes las tiñeron de rojo durante más de tres meses de resistencia tenaz de una ciudadanía dispuesta a los mayores sacrificios para lograr sacar a la banda forajida que durante más de 18 años ostenta el poder en Venezuela y desde él ha saqueado, devastado, perseguido y aterrado a millones de venezolanos que ven transcurrir su vida entre colas tratando de conseguir alimentos de primera necesidad, medicamentos que van desde un simple Alka-Seltzer hasta unos reactivos para las quimioterapias que pueden salvarles del cáncer, la Insulina vital para los diabéticos o antibióticos que impidan morir por una infección cualquiera, y ahora también romerías de banco en banco buscando algo de dinero en efectivo que ni siquiera para pagarle pensiones de hambre a los jubilados existe.

Nicolás Maduro, el heredero del tropero ladrón Hugo Chávez terminó lo que sin duda es el meollo de eso que hasta algunos seudo opositores llaman con evidente admiración “El legado de Chávez” y que resumiendo no es más que el afianzamiento en este país que una vez fue tierra de libertad y prosperidad, de una tiranía copia fiel de la cubana y además dependiente de la satrapía que por más de 58 años asfixia y destruye al pueblo de José Martí, al que le han demolido el arrojo, el valor, la capacidad de rebelión, el sentimiento libertario y la dignidad, hechos todos que ya comenzamos a ver en Venezuela, donde su población más pobre a cambio de un mendrugo permanece callada mientras ve la osamenta cubierta de pellejo de sus hijos desnutridos sucumbiendo irremediablemente en hospitales sin insumos, verdaderos morideros y único final del engaño que asumieron pasivamente.

Esa es la secuencia vital de los que aquí vivimos como ciudadanos comunes porque es evidente que los capos del régimen y también figurones de ese liderazgo opositor que tantas veces defrauda y preocupa llevan otro estilo… País que ve sucederse los días y nada cambia, y si cambia es para peor, porque desmoraliza que aunque muchos sean los funcionarios gubernamentales que han sido sancionados por el gobierno de Estados Unidos por narcotráfico, violencia, violación de Derechos Humanos, corrupción, lavado de dinero, etc. allí siguen, y siguen contando con opositores prestos al diálogo y a prolongarnos el calvario. Muchos sancionados con tanto poder y encumbramiento como son el propio presidente, su mujer y la familia de ambos, el vicepresidente, el ex procurador general, los encargados de la seguridad e inteligencia nacional entre otros, pero en lo práctico, lo cotidiano, esto nada cambia el espanto que se padece.

Seres que disfrutan los silencios cómplices de muchos llamados líderes opositores que de una u otra forma no se ven afectados por ese paso malévolo de nación rica en petróleo a lo que somos hoy: Un Narcoestado. Seres que por 18 años han manipulado a los venezolanos y presenciado y hasta beneficiado de ese hacer de Chávez desde que llegó al Poder en 1999 utilizando petrodólares de un boom que solo sirvió para acumular una colosal fortuna personal, pagar a cómplices y amigotes, mantener chulos y pervertir terriblemente a la gente que hoy se encuentra más pobre, más degradada y sin posibilidad de un futuro medianamente digno en una Venezuela donde al saqueo le llaman economía socialistas y a la corrupción una manera de gobernar. Una Venezuela que en la clasificación de la libertad económica pasó de tener en 1995, puntuación de 59,8 en una escala de 100, a hoy apenas 27, ranking peor que la paupérrima Cuba y solo superado por Corea del Norte.

Pero como sabemos, ante ese caos, no todos viven igual, no todos conviven con la miseria, frente a esto y frenando en algo la interminable conchupancia de muchos con la corrupción, el presidente de EEUU, Donald Trump decidió aplicar sanciones a narcochoros chavistas, negociantes y cómplices que se benefician, unos desde cargos oficiales dentro del Narcoestado y otros en funciones de aparente disidencia, enredándolo todo y sirviendo de lobistas para impedir el fin de los que sumieron a Venezuela en la maldición castrochavista.

El paraíso socialista de Chávez y Maduro resultó realmente el arribo al Poder de un cartel de asesinos, ladrones y narcotraficantes que los venezolanos padecemos y pagamos con sangre y lágrimas. Esto es lo que me hace decirles que las tragedias no siempre se dan por generación espontánea, muchas, demasiadas, son causa de los errores y bellaquerías de los deshonestos, sean gobierno o sean “oposición”.

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